Lejos de disiparse con el tiempo,
las dudas sobre qué ocurrió el 11-M van en aumento. EL
MUNDO ofrece hoy un resumen de lo descubierto hasta
ahora, que muestra hasta qué punto no se sostiene la
versión oficial de los atentados. Según las autoridades,
no han quedado restos suficientes para determinar el
contenido de las bombas, pese a que hubo 12 explosiones
distintas, y su composición sigue siendo un misterio.
Por otra parte, es más grave constatar que las tres
pruebas que implican a los islamistas en los atentados
-la Renault Kangoo, la mochila de Vallecas y el Skoda
Fabia- son fruto, según todos los indicios, de la
manipulación policial.El juez Del Olmo, además, ha dado
por cerrado el sumario sin investigar las pistas que
apuntan a ETA.
1. LOS ARTEFACTOS
No se sabe qué explosivo estalló en los trenes
El comisario Sánchez Manzano y la química de los
Tedax han declarado al juez que es imposible determinar
el tipo exacto de explosivos porque no quedaron restos
suficientes. En el sumario se habla una y otra vez de
«componentes de las dinamitas», pero no se determina
cuáles son.
En el sumario no consta el informe por escrito
realizado durante el mediodía del 11-M a partir de los
restos recogidos por los Tedax en las estaciones.
Interior ha sugerido que no se hizo.
Hubo 10 focos de explosiones en los trenes y dos
explosiones controladas de mochilas-bomba en dos
estaciones. Todos los expertos consideran inverosímil:
a) Que en 12 explosiones no se encontrara ningún resto
de cierta envergadura. b) Que el laboratorio no
determinara la composición de los explosivos aunque esos
restos fueran insignificantes. c) Que el laboratorio no
hiciera un informe por escrito.
Es enormemente significativo que esta versión
inverosímil por partida triple haya llegado aparejada a
la explicación de que Sánchez Manzano cometió un error
cuando declaró de forma reiterada ante la Comisión del
11-M que se habían encontrado «restos de nitroglicerina»
en los trenes.
Tanto la tesis de que utilizó la palabra
«nitroglicerina» a modo de sinónimo de «dinamita»
-invocada al principio por Interior-, como la tesis de
que estaba refiriéndose genéricamente a cualquier
explosión y no a las del 11-M -expresada por el propio
comisario ante el juez-, parecen insostenibles.
Si Manzano dijo la verdad ante la Comisión, creyendo
equivocadamente que «la nitroglicerina es un componente
de todas las dinamitas», entonces lo que estalló en los
trenes no pudo ser Goma 2 ECO porque la Goma 2 ECO no
tiene nitroglicerina sino nitroglicol.
La dinamita que sí tiene nitroglicerina es el
Titadyne que utiliza habitualmente ETA. Eso explicaría
que el informe por escrito no aparezca por ninguna parte
y que se diga que nunca se podrá determinar la sustancia
explosiva.
2. LA COMPOSICION
No hay pruebas de que se usara Goma 2 en los
trenes
Está demostrado que los islamistas tenían Goma 2
ECO en el piso de Leganés, que intentaron volar el AVE
en Mocejón -de forma bien rudimentaria y distinta a la
técnica del 11-M- con Goma 2 ECO y que posiblemente
almacenaron o manipularon Goma 2 ECO en Morata de Tajuña.
Nada más.
Los dos únicos nexos que acercan la Goma 2 ECO al
escenario del 11-M son los casi imperceptibles gramos,
supuestamente hallados en una vaina de cartucho en el
interior de la Kangoo, y los 10 kilos colocados en la
mochila de Vallecas.
Al margen de las dudas sobre la forma en que
aparecieron estas dos pruebas, resulta altamente
sospechosa la «contaminación» con metenamina detectada
en el laboratorio en los análisis realizados el 11-M por
la tarde. Que este informe conste por escrito hace, por
cierto, aún más inverosímil que el de los focos de los
trenes no se materializara de igual modo.
La metenamina apareció tanto en los gramos de Goma 2
ECO supuestamente hallados en la Kangoo como en la
muestra patrón, significativamente remitida al
laboratorio para su cotejo.
Según el catedrático de Física Ruiz de Elvira, eso es
como si te toca el primer y el segundo premio de la
Lotería en el mismo sorteo. Excepto, habría que añadir,
que los dos premios se acumularan en el mismo número. Es
decir, que las dos muestras procedieran del mismo
explosivo. Es decir, que la propia Policía hubiera
colocado en la Kangoo esos gramos de Goma 2 ECO
contaminados con metenamina, extrayéndolos previamente
de la muestra patrón contaminada con esa sustancia.
La deliberada manipulación policial quedó patente
cuando Sánchez Manzano -tratando de que todo le
cuadrara- también incluyó la metenamina entre los
componentes de la Goma 2 ECO de la mochila de Vallecas.
Cuando la Guardia Civil advirtió al juez que la Goma 2
ECO no tiene metenamina, el jefe de los Tedax alegó que
había sido un «error de transcripción».
Más recientemente aún, Sánchez Manzano entregó al
juez la analítica de la Goma 2 ECO hallada en el piso de
Leganés, haciéndola pasar por la de los gramos de la
Kangoo, probablemente para que Del Olmo no volviera a
reparar en que el misterio de la metenamina sigue
estando pendiente de aclaración.
También es significativo que cuando las partes han
pedido repetir el análisis de esos gramos de explosivo,
el laboratorio haya dicho que no queda muestra
suficiente para garantizar su fiabilidad.
Expertos independientes aseguran que basta una
millonésima de gramo para determinar la composición de
una sustancia. El problema es que si en un nuevo
análisis volviera a salir metenamina, quedaría en
evidencia que alguien de la Policía colocó la vaina de
cartucho en la Kangoo.
3. LA MANIPULACION
Las tres pruebas materiales clave están en
entredicho
Nadie ha podido demostrar que ni la Renault Kangoo,
ni la mochila de Vallecas, ni el Skoda Fabia hallado en
junio en Alcalá fueran realmente utilizados por los
islamistas para preparar y ejecutar el 11-M.
Es cierto que en los dos vehículos había rastros
de ADN de algunos de los suicidas de Leganés, y que en
la mochila de Vallecas estaba la Goma 2 conectada a un
móvil en funciones de temporizador, pero en los tres
casos hay serios indicios de que se trata de pruebas
manipuladas con el fin de orientar la investigación
hacia los islamistas y circunscribirla a ellos.
En el caso de la furgoneta Kangoo, los testimonios
ante la Comisión parlamentaria, tanto del responsable
policial que la examinó en Alcalá, como del propio
Sánchez Manzano, que la vio recién llegada a Canillas,
son concluyentes: «estaba vacía», en su interior «no
había nada». Eso mismo declararon a EL MUNDO policías de
base de Alcalá y encaja con el hecho de que los perros
no olieron en su interior ni los detonadores ni los
supuestos gramos de Goma 2.
Según el auto de procesamiento, en su interior
aparecieron, sin embargo, más de 60 «evidencias»,
algunas de ellas muy voluminosas, lo que hace, por lo
tanto, imposible que pasaran desapercibidas.Entre esas
«evidencias» estaban los restos de ADN de los
islamistas.
También resulta muy sospechoso que, pese a haber sido
denunciado su robo, las puertas de la Kangoo no
mostraran signo alguno de haber sido forzadas.
¿Proporcionó alguien a los ladrones una copia de la
llave?
Por lo que se refiere a la mochila de Vallecas, nadie
la detectó en los trenes. Ni los Tedax que revisaron
reiteradamente los objetos buscando explosivos, ni el
policía encargado por la autoridad judicial de
custodiarlos, ni ninguno de los agentes a sus órdenes.Su
procedencia sigue siendo un misterio completo,
acrecentado por el traslado y depósito de los objetos
procedentes de la estación de El Pozo en un pabellón de
Ifema en el que no hubo un dispositivo específico para
su vigilancia.
El documento de la propia Comisaría General de
Información que hoy desvela EL MUNDO es lo
suficientemente elocuente como para poner esta prueba en
entredicho de forma definitiva.
Tampoco puede pasar desapercibido el hecho de que el
jefe de la Comisaría en la que apareció haya sido
condenado en el caso Bono por manipulación de pruebas.
En cuanto al contenido de la mochila, también es muy
relevante que los cables estuvieran desconectados
-mezclando así la sofisticación con la chapuza- y que
durante meses se le ocultara al juez la radiografía que
refleja esta circunstancia.
El episodio por el que se le entregó al juez una
réplica de la mochila de Vallecas y no el original que
seguía en manos del jefe de los Tedax también contribuyó
a acrecentar las dudas sobre la consistencia y
autenticidad de esta prueba.
Por lo que se refiere al Skoda Fabia, ni la Policía,
ni la fiscal, ni el juez han podido apuntar una teoría
de cómo, cuándo y por quién fue depositado en Alcalá. El
hecho de que fuera detectado por una vecina a los tres
meses del atentado a muy pocos metros de donde estaba la
Kangoo sugiere que fue colocado allí por esas fechas.
Tan evidente es que si hubiera estado allí desde el
principio habría sido detectado e incluso filmado tanto
por la Policía como por las televisiones, que Del Olmo
apenas si hace referencia a él en sus conclusiones.
La opinión más generalizada es que fue colocado allí
por el CNI para hacer buena su teoría e implicar a su
viejo conocido Allekema Lamari en el atentado.
La reciente expulsión de España del ciudadano chileno
que presuntamente habría robado el vehículo para
vendérselo después a El Tunecino no puede por menos que
acrecentar estas sospechas.
4. LOS PROCESADOS
Los restantes vínculos de los islamistas son muy
endebles
Tras la muerte de los llamados suicidas de Leganés,
el único islamista al que el juez imputa la autoría de
la masacre es Jamal Zougam, que ha negado reiteradamente
su intervención en los hechos.
Contra él existe el testimonio de varias personas
que declararon haberlo visto en los trenes, pero lo
hicieron después de que su foto fuera difundida por
todos los medios con motivo de su detención en la tarde
del 13-M.
En realidad, la verdadera base de su imputación es el
haber adquirido un lote de tarjetas telefónicas que
incluía la del móvil de la mochila de Vallecas. Si esa
mochila terminara siendo una prueba falsa, es obvio que
la tarjeta habría sido colocada para poder detener a
Zougam.Carece de toda lógica que si Zougam hubiera
intervenido en los atentados, proporcionando además las
tarjetas de los móviles, permaneciera en su casa
esperando a ser detenido, sobre todo una vez que la
televisión informó desde primera hora del día 12 que se
había encontrado un móvil intacto en la mochila de
Vallecas.
Tanto contra los suicidas de Leganés como contra sus
cómplices procesados existen pruebas: a) de su fanatismo
islamista, b) de que querían cometer atentados, c) de
que trasladaron algún tipo de carga -no se sabe si droga
o explosivos- de Asturias a Madrid, d) de que intentaron
volar rudimentariamente el AVE, e) de que reivindicaron
la masacre del 11-M y f) de que estaban estrechamente
vigilados por las Fuerzas de Seguridad.
El único verdadero nexo material entre ellos y la
masacre quedaría roto si no se pudiera demostrar que lo
que estalló en los trenes fue la misma Goma 2 ECO que
ellos tenían en Leganés y en Morata.
Al margen de los enigmas de la nitroglicerina y la
metenamina, también hay que subrayar que no está
demostrado que llegaran a tener nunca la cantidad de
explosivo necesario para causar las 10 explosiones de
los trenes, ni siquiera que lo que tenían procediera
realmente de Mina Conchita.
Las peripecias del viaje de El Chino y sus
acompañantes de Asturias a Madrid el 29 de febrero de
2004 resultan altamente sospechosas. Todo indica que
estaban controlados por las Fuerzas de Seguridad.
Llevaban matrículas dobladas y carnés de conducir
falsos, pero la Guardia Civil les dejó continuar.
Pocas días después, la dueña del coche con la
matrícula original fue sacada de casa de madrugada para
declarar en comisaría, pero las diligencias en las que
se le preguntaba por Trashorras y por El Chino fueron
sustituidas por otras más asépticas.
En el caso de que todas las explosiones hubieran sido
ocasionadas por artefactos idénticos a la mochila de
Vallecas -y eso explicaría su carácter coordinado- cabe
subrayar que ninguno de los suicidas o de los detenidos
tenía los conocimientos necesarios para «montar bombas
con móviles», y que ni en Leganés, ni en Morata ni en
ningún otro de sus domicilios se han encontrado los
instrumentos que habría sido necesario emplear.
¿Por qué no ha quedado testimonio visual alguno de
los islamistas en la estación de Alcalá de Henares en la
que supuestamente abordaron los trenes? Tanto en la
investigación de los atentados del 11-S en Nueva York,
como del 11-J en Londres, fueron clave las imágenes de
los terroristas grabadas por las cámaras de los
aeropuertos y las estaciones de metro. ¿Es que las de
Alcalá no funcionaban ese día?
5. LA TRAMA PENDIENTE
No se han investigado las pistas que vinculan a
ETA
¿Para quién buscaban Toro y Trashorras a alguien
que supiera «montar bombas con móviles» en el verano del
año 2001? El desinterés del juez por investigar ésta y
otras informaciones clave incluidas en la cinta de
Lavandera grabada por Campillo mantiene oficialmente
esta pregunta sin respuesta.
Existen, sin embargo, importantes indicios que
relacionan a la banda terrorista con la trama asturiana
de tráfico de explosivos.El más importante de ellos, el
hecho de que ETA robara en el callejón del garaje de
Trashorras un coche que hizo explosionar en Santander.
Desde que Zapatero mencionara ante la Comisión
parlamentaria una nota policial, según la cual esta
coincidencia fue sólo fruto del «azar», no se ha
aportado un solo dato más al respecto. Curiosamente, la
explosión de Santander es una de las pocas provocadas
por ETA en las que no se ha determinado cuál fue la
sustancia empleada.
Tanto el abogado Tejeda como su cliente El Nayo han
ratificado que denunciaron en su día que la banda de
Toro y Trashorras había escondido dinamita en un zulo
para vendérsela a ETA.
Tampoco se ha encontrado ninguna explicación distinta
a la casualidad para la simultaneidad de las dos
caravanas de la muerte: la de los etarras detenida en la
provincia de Cuenca con un plano de Madrid con un
círculo que englobaba la zona de Morata de Tajuña y la
de los islamistas que desembocó en la casa que El Chino
había alquilado en esta localidad.
Los Cuerpos de Seguridad ni siquiera han entregado al
juez la información de la Policía francesa según la cual
el ingeniero electrónico de ETA Elgorriaga Kunze
desarrolló en 2002 un sistema para utilizar los móviles
como temporizadores, idéntico al supuestamente utilizado
en el 11-M.
También le ocultaron que entre el material incautado
al último comando de ETA detenido en Madrid figuraba un
móvil manipulado para servir de temporizador en un
atentado de forma muy similar al de la mochila de
Vallecas.
Según consta en una nota interna de la Policía, uno
de los lugartenientes de El Chino llamado Omar declaró
tras la masacre que su ex jefe había entrado en contacto
con ETA durante su estancia en prisión, que un preso
etarra le había enseñado a fabricar explosivos
rudimentarios y que un primo de El Chino le había
comentado que ETA había pagado con droga la
participación de los islamistas en el 11-M.
Sin algún tipo de relación con ETA o su entorno no se
entiende la facilidad con que El Chino traficaba con
droga en el País Vasco -utilizando como base de
operaciones un apartamento alquilado en Laredo- y tiraba
incluso de pistola cuando alguien le molestaba.
¿Por qué viajó El Chino a Pamplona el 13-M tras
comentar a su hijo pequeño en presencia de su mujer:
«estos de ETA se han pasado»?
Todos estos elementos hacen especialmente grave que
el juez no haya interrogado a todos los policías que se
reunieron en Avilés con Trashorras antes de detenerle,
cuando EL MUNDO ha publicado que en esa conversación el
ex minero aseguró que El Chino le había dicho que
conocía a los etarras detenidos en Cañaveras (Cuenca)
con la caravana de la muerte.
Nadie ha sido capaz hasta ahora de ofrecer una
explicación sobre por qué Benesmail, lugarteniente de
Lamari, tenía en el bolsillo del pantalón una nota con
los nombres de los sanguinarios etarras Parot e Iragi.
6. LOS ENIGMAS
El sumario se ha cerrado con muchas incógnitas
sin aclarar
El juez ha pasado sobre ascuas por el hecho de que
la inmensa mayoría de los procesados fueran personas
estrechamente controladas por los Cuerpos de Seguridad o
directamente confidentes de la Policía.
Especial singularidad tienen los casos paralelos
de Trashorras y Zouhier. Los dos aseguran haber estado
informando a la Policía de Asturias y a la UCO de la
Guardia Civil, respectivamente, sobre las actividades de
los islamistas. Los dos entran en contacto por propia
iniciativa tras el 11-M con sus controladores. Los dos
creen estar colaborando en la investigación de la
masacre.Los dos son detenidos y acusados de los
atentados.
En el caso de Trashorras, la petición fiscal de
varios miles de años de cárcel podría llegar a
convertirle en el mayor asesino en serie de la Historia
de España. Sin embargo, ni sus móviles ni su capacidad
de contribuir a organizar algo como el 11-M aparecen por
ninguna parte.
Llama en cambio la atención la condescendencia de la
Audiencia con su esposa, Carmen Toro, y sobre todo con
el hermano de ésta, Antonio Toro, que, a pesar de ser
considerado como el verdadero jefe del grupo, está en
libertad y sólo tendrá que afrontar cargos menores.
El único testimonio que implica realmente a
Trashorras en la entrega de explosivos a los islamistas
es el del menor apodado El Gitanillo, y es obvio que fue
fruto de un pacto con la Fiscalía para reducir al mínimo
su condena.
También continúa siendo una incógnita por qué ni las
escuchas telefónicas ni los seguimientos fruto de las
detalladas denuncias del confidente Cartagena
desembocaron en la detención de los islamistas antes del
11-M.
Tampoco se entiende por qué el teléfono de Zouhier es
intervenido el propio 11-M, por qué la UCO no le cuenta
a la Policía sus denuncias sobre El Chino y sobre todo
por qué, teniéndolo perfectamente controlado, ni la UCO
ni la Policía detienen a El Chino antes del suicidio de
Leganés.
Nadie ha explicado qué es lo que impulsa a los
islamistas a quitarse la vida en el piso de la calle de
Martín Gaite sin intentar matar a nadie al hacerlo,
cuando, sin embargo, no se suicidaron en los trenes, lo
que podía haber ampliado aún más la matanza.
Nadie ha explicado por qué los geos incumplieron sus
protocolos y trataron de entrar en el piso de Leganés
cuando el edificio ya había sido evacuado y el tiempo
jugaba a su favor.
Nada se ha averiguado aún sobre los móviles y la
autoría de la profanación del cadáver del geo muerto por
la onda expansiva.
El juez admite que no sabe ni quiénes fueron todos
los autores materiales de la masacre, ni cómo llegaron a
las estaciones, ni cómo distribuyeron los explosivos en
los trenes. Tampoco sabe quiénes eran las personas de
aspecto europeo que decían hablar en búlgaro al comprar
la partida de móviles que incluía el de la mochila de
Vallecas y los presuntamente utilizados en los trenes.
Se pretende amortizar también como mera casualidad
que la tienda elegida para liberar esos móviles para
hacerlos compatibles con cualquier tarjeta fuera
propiedad del policía de origen sirio Kalahi, cuya
hermana había sido además la traductora de las
conversaciones grabadas a los islamistas.
Nadie ha aclarado aún las circunstancias en las que
uno de los hermanos Almallah -procesados por la masacre-
se afilió al PSOE después del 11-M. Tampoco por qué y
para qué el dirigente socialista asturiano y agente del
CNI Huarte visitaba a Benesmail en la cárcel.
Nadie ha aclarado la procedencia de las armas
exhibidas en los vídeos por los islamistas. ¿Cuál fue el
papel del guardia civil Pedro García y de su amigo Lofti
Sbai, hijo de un destacado miembro de los servicios
secretos marroquíes?