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¿Quién Procuró Que 'El Chino' No Viviera Para Contarlo?

 
 Lunes, 3 de julio de 2006. Año XVIII. Número: 6.044.
ESPAÑA
 
11-M / En una transcripción mantenida en secreto por Del Olmo, el confidente Zouhier reveló al alférez 'Víctor' el domicilio del terrorista / Durante una semana usó su móvil con normalidad y supo que Marruecos le investigaba / 11-M
La UCO tenía localizado a 'El Chino' 17 días antes de su muerte en Leganés
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

MADRID.- La UCO tenía controlado desde el 17 de marzo de 2004 el domicilio de Jamal Ahmidan, El Chino, considerado como uno de los jefes del comando que provocó la matanza de los trenes en Madrid, según la información que se recoge en el sumario 20/2004.

Eso significa que los agentes de dicho cuerpo de élite de la Guardia Civil (cuyo jefe es el coronel Félix Hernando, hombre de confianza del ex secretario de Estado de Interior Rafael Vera) dispusieron de más de dos semanas no sólo para detenerle, sino para localizar la casa de Morata y el piso de Leganés donde él y otros seis islamistas presuntamente se suicidaron el 3 de abril de 2004.

El mismo 17 de marzo, El Chino durmió en el domicilio donde vivía con su compañera sentimental. Y también lo hizo el 18. El 19 se marchó por la mañana con su pareja y con su hijo de ocho años a pasar el Día de San José a la casa de Morata de Tajuña, por lo que, en buena lógica, la UCO debía haberle seguido el rastro, ya que le tenía bajo vigilancia desde dos días antes.

 

Los hechos son de una gravedad extraordinaria, ya que la detención de El Chino y los otros seis presuntos suicidas hubiera ayudado a desentrañar algunos de los puntos más oscuros del terrible atentado.

Los datos son contundentes. El agente de la UCO (Unidad Central Operativa) conocido como Víctor mantuvo dos conversaciones telefónicas con su confidente, el marroquí Rafá Zouhier, el día 17 de marzo de 2004. Como es sabido, el teléfono de Zouhier fue pinchado por la Udyco (Unidad de Drogas y Crimen Organizado de la Policía Nacional), en el curso de una investigación por tráfico de drogas. Dicha intervención fue autorizada por el Juzgado de Instrucción de Parla el día 12 de marzo, justo un día después de la matanza de Madrid.

Según consta en el sumario, Zouhier llamó a Víctor a las 18.13 horas del día 17 de marzo y le dijo que ya había localizado «la zona y la calle» y, a continuación, le proporcionó a su controlador el nombre de la misma: «Calle Villalobos, en Vallecas».

Curiosamente, esa breve pero relevante conversación no figura en el primer auto que hizo público el juez Juan del Olmo el 18 de junio de 2004.

Posteriormente, a las 23.13 horas, Rafá Zouhier volvió a llamar al agente de la UCO. Así transcurrió la charla entre ambos, según la grabación de la Udyco que está recogida en el sumario:

Rafá: «Oye, que... éste creo que está aquí todavía, ¿eh?».

'Víctor': «¿Crees que está aquí?».

R.: «Sí, sí, estoy seguro de que está aquí porque me ha dicho el otro que le ha llamado».

'V'.: «Aha... ¿pero tú estás seguro que ese tío tiene algo que ver?».

R.: «Eh, tronco, escúchame. Tiene detonadores, tiene... tiene mandos a distancia, 300 metros, tiene, tiene goma dos, o sea que...».

Después, el guardia civil le pidió que intentara conseguirle el teléfono de El Chino. Y continúa la conversación:

R.: «Está donde te he dicho yo, coño».

'V.': «¿Que vive ahí?»

R.: «Claro, él vive ahí. ¿Te acuerdas de la calle que te dije?» (se refiere a la calle Villalobos en Vallecas).

'V.': «Sí».

R.: «¿Habéis ido o no habéis ido?»

'V.': «Sí».

R.: «Pues.. que son unas casas muy antiguas».

'V.': «Sí, viejas, sí». (Esta segunda conversación, mucho más larga, sí aparece reflejada en el auto de Del Olmo del 18 de junio de 2004, lo que ocurre es que si no se conoce la conversación de las 18.13 horas no se puede saber hasta qué punto el confidente determinó el lugar donde se podía localizar a El Chino. ¿Acaso la Policía ocultó al juez esa primera conversación? ¿Si no fue así, por qué Del Olmo la obvió?).

Pero sigamos con los hechos. Según sabemos por las conversaciones grabadas, el alférez Víctor, en la noche del 17 de marzo, le reconoció a Zouhier que ya había estado en la calle Villalobos, de la que aquel le había dado cuenta esa misma tarde, pasadas las 18.00 horas.

En esa conversación, al filo de la medianoche, el confidente le proporcionó al guardia civil suficientes datos como para localizar a El Chino sin gran dificultad. Le dio su descripción física, le dijo que tenía un «BMW 500 de color negro», de los que en ese barrio «debía ser el único», y además que tenía «un hijo y una mujer, también española». Asimismo, le informó de que pasaba mucho tiempo en el norte, que allí «conseguía cosas en Bilbao y del País Vasco». Y, por si fuera poco, le comentó: «Siempre hablaba del rollo del teléfono, ¿sabes? A él le gustaba lo del teléfono. Lo de hacerlo con el teléfono».

Lo único que no le concretó Zouhier a Víctor fue el número de la calle donde vivía El Chino, que era el 51. Pero con toda la información que le proporcionó, localizarlo habría sido muy fácil. Sobre todo, teniendo en cuenta que estamos hablando de expertos profesionales (el agente de un cuerpo de élite como la UCO) y de que lo que se estaba investigando era nada más y nada menos que el mayor atentado sufrido jamás en España.

Nueve días después de que la UCO tuviera bajo control a El Chino, el 26 de marzo de 2004, la compañera sentimental de Jamal Ahmidan, una mujer efectivamente española, convertida en testigo protegido por el juez Del Olmo desde entonces, realizó ante funcionarios de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) una interesante declaración.

En primer lugar, reconoció que ella y El Chino vivían en la vivienda de la calle Villalobos 51 desde principios del mes de octubre de 2003.

Pero, lo más interesante, según recoge la declaración ante la UCIE de la compañera sentimental de El Chino, es lo siguiente: «Los días 17 y 18 de marzo los pasan juntos en casa y el día 19 van a la finca mencionada anteriormente y sita en el término municipal de Morata de Tajuña, en la que hacen una fiesta familiar, en la que se encuentran, además de la dicente, el padre de la misma, su mujer, el sobrino de su mujer, su hermana, su hijo y Jamal Ahmidan».

Pero es más, al regresar a Madrid ese día, sobre las 20.00 horas, El Chino no durmió en la vivienda de Villalobos, sino que se marchó con un automóvil Opel Astra de color azul oscuro (M-4518-OZ), propiedad de la madre de su compañera sentimental, a dormir a «casa de los chicos»; es decir, al piso de Leganés.

Por tanto, el seguimiento de El Chino debía haber facilitado no sólo la localización de la guarida de los terroristas en Morata, que oficialmente no fue encontrada por la Policía hasta el 25 de marzo, sino la del mismísimo piso de Leganés, que había sido alquilado por Mohamed Belhadj el 8 de marzo de 2004.

Llamada a su pareja

Es el propio Jamal Ahmidan el que le informó a su compañera sentimental del lugar donde había dormido la noche del 19 de marzo en una llamada que aquel le hizo al teléfono de su domicilio al día siguiente. Es decir, el 20 de marzo.

Como puede verse, nueve días después del atentado, El Chino seguía haciendo una vida normal para sus costumbres.

Hasta tal punto, que, según declaró su hermano Moustapha Ahmidan a la Policía el 30 de marzo de 2004, «el sábado 20 o el domingo 21 de marzo», fue visto por él por última vez, ya que volvió a personarse en su bar (que se encuentra en la calle Fuengirola de Madrid) acompañado de su amigo Rachid. Es decir, uno de los hermanos Oulad.

Pero es más, el día 23 de marzo, según declaró la testigo protegido ante la UCIE, volvió a hablar por teléfono con El Chino, quien le comentó que si quería entrar en contacto con él lo hiciera a través de su hermano Moustapha.

Justamente en ese mismo bar, el día anterior (es decir, el 22 de marzo), la compañera sentimental de El Chino se encontró con Rachid. Y también reconoció haber visto en el mismo bar a otro individuo conocido como Anowar (se trata de Asrih Rifaat Anouar: ¡otro de los suicidas de Leganés!).

Según declaró ante los funcionarios de la Comisaría General de Información Moustapha Ahmidan, el día 20 o 21 de marzo, cuando estuvo en su bar por última vez su hermano Jamal, le comentó a éste que la policía de Marruecos había hecho un registro en casa de sus padres en relación con los atentados de Madrid y que El Chino le dijo que él no tenía nada que ver con el 11-M. Ese hecho y no la sospecha de que estuviera vigilado él o su domicilio por las Fuerzas de Seguridad españolas fue lo que llevó a Jamal Ahmidan a adoptar ciertas medidas de seguridad.

El día 24 de marzo, en casa de Moustapha, éste le pidió a la testigo protegido una bolsa con ropa para hacérsela llegar a su hermano Jamal, que se encontraba viviendo en el piso de Leganés, lugar que ella desconocía.

Resumiendo, que seis días después de su localización por parte de la UCO, El Chino había seguido utilizando con normalidad su teléfono para hablar con su compañera sentimental e incluso dos de los miembros de su comando seguían yendo con toda naturalidad al bar de su hermano, persona que fue elegida por Jamal Ahmidan (a pesar de que tomó precauciones no se complicó mucho la vida) como enlace para contactar con ella.

Pero, a esas alturas, no sólo la UCO, sino la propia UCIE debía estar ya sobre la pista de El Chino.

¿Cómo? Recapitulemos. Los agentes de la Udyco que escucharon las conversaciones de Zouhier y el tal Víctor las pusieron en conocimiento inmediato de la Comisaría General de Información, entonces capitaneada por Jesús de la Morena.

El día 18 de marzo, en una reunión de la llamada célula de coordinación que se celebraba a diario en la sede del Ministerio del Interior, De la Morena informó de dicha conversación a la cúpula operativa de Interior. El general García Varela, entonces responsable de Información de la Guardia Civil, no tuvo más remedio que admitir que Zouhier era un confidente de la UCO desde el año 2001 y que Víctor no era sino un agente de dicha unidad.

Pero es que el mismo día 17 de marzo en el que Zouhier daba los datos para localizar a El Chino, agentes de la UCIE se desplazaron a Avilés, donde Emilio Suárez Trashorras les habló con todo detalle de los moritos y, por supuesto, de El Chino.

En lugar de seguir explotando la información que estaba facilitando Zouhier, el día 19 de marzo, los propios agentes de la UCO le detuvieron y le llevaron a las dependencias de la Dirección General de Guardia Civil acusándole de colaborar en un delito de tráfico de explosivos. A partir de ese momento, al menos en teoría, la UCIE se hizo cargo de la investigación de todo lo relacionado con El Chino.

Sin embargo, como es sabido, la Policía aún tardó varios días en controlar la casa de Villalobos, no localizó la casa de Morata hasta el 25 de marzo y no encontró el piso de Leganés hasta la misma mañana del 3 de abril.


LOS MOVIMIENTOS DE 'EL CHINO' TRAS LOS ATENTADOS

1. Rafá Zouhier le dijo al agente de la UCO 'Víctor' en la tarde del 17 de marzo que 'El Chino' vivía en la calle Villalobos de Vallecas.

2. Según su compañera sentimental, 'El Chino' estuvo en esa vivienda los días 17 y 18 de marzo.

3. El día 19 de marzo, 'El Chino' se fue con su pareja y con los padres de ésta a pasar el día a la casa de Morata de Tajuña.

4. El 19 por la noche, 'El Chino' se fue a dormir al piso de Leganés.

5. El día 20, 'El Chino' estuvo en el bar de su hermano Moustapha, quien le dijo que la Policía marroquí había estado preguntando por él en casa de sus padres en Tetuán.

6. El día 23 de marzo 'El Chino' habló por última vez por teléfono con su compañera.

7. Oficialmente, la casa de Morata no se localizó hasta el 25 de marzo y el piso de Leganés, hasta el 3 de abril, día en que presuntamente se suicidaron siete miembros del comando que participó en el 11-M, entre ellos 'El Chino'.

 
 
 Lunes, 3 de julio de 2006. Año XVIII. Número: 6.044.
OPINION
 
Editorial
¿Quién Procuró Que 'El Chino' No Viviera Para Contarlo?

Tras leer la información que hoy aporta Casimiro García-Abadillo, nuestros lectores no podrán por más que plantearse la misma pregunta que nos hacemos nosotros: ¿quién hizo todo lo posible para que El Chino no viviera para contarlo? El sumario que de manera tan deficiente ha instruido el juez Del Olmo demuestra que la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil -cuyo jefe es el mismo coronel Hernando que ayudó a Vera a transportar dinero a Suiza- tenía al que, según la versión oficial de los hechos, fue uno de los principales autores materiales de la masacre controlado desde el 17 de marzo. Es decir, más de dos semanas antes de que El Chino y sus compinches murieran en extrañas circunstancias en un piso de Leganés.

Así lo demuestra la transcripción de una conversación telefónica de la tarde del 17 de marzo, que inexplicablemente no apareció hace dos años en el primer auto de Del Olmo. En ella Zouhier le proporciona a su controlador, el alférez Víctor, la dirección de El Chino: «Calle Villalobos, en Vallecas». Horas después, el marroquí le da otros datos del sospechoso, desde que se encontraba en ese momento en su casa hasta que tenía detonadores y Goma 2. La UCO pudo seguir a El Chino a la casa de Morata, en la que estuvo el día 19, y también al propio piso de Leganés, donde durmió esa noche.

Pero la unidad dirigida por Hernando no es la única que tenía datos clave que hubieran hecho muy fácil detener a quien teóricamente había participado en el 11-M. Para entonces, también estaban sobre la pista de El Chino los agentes de la Comisaría General de Información de la Policía, que, siguiendo las pistas del móvil hallado en la mochila de Vallecas, se trasladaron a Avilés el mismo día 17 e interrogaron a Trashorras, quien, entre otras cosas, les contó que El Chino le había dicho que conocía a los etarras de Cuenca.

A pesar de todo esto, aunque los principales cuerpos policiales le tuvieran perfectamente localizado, El Chino pudo seguir haciendo una vida casi normal hasta su supuesto suicidio en Leganés el 3 de abril. De hecho, el único cuerpo policial en perturbar su tranquilidad fue la policía de Marruecos, que esos días registró la casa de sus padres.

Conjuntamente, estos datos suscitan una serie de interrogantes que merecerían una investigación sobre la investigación del 11-M: en primer lugar, cabe preguntarse por qué esa primera conversación en la que Zouhier proporciona a la UCO la dirección de El Chino no figura en el primer auto de Del Olmo. ¿Acaso los agentes ocultaron al juez esa valiosa información? Luego, y esto es clave, hay que aclarar por qué, disponiendo de información de sobra para hacerlo, los agentes de uno u otro cuerpo no detuvieron a El Chino y en cambio sí arrestaron a los dos confidentes que habían tratado con él, Zouhier y Trashorras. Da la sensación de que alguien no quiso que El Chino pudiera ser sometido a un interrogatorio policial o judicial. Es evidente que si El Chino hubiera sido detenido vivo hoy estaríamos en condiciones de despejar muchas de las principales incógnitas del 11-M. Su muerte se convierte así en otro de los agujeros negros que urge esclarecer.

 
 
 
 
 
 

 

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