La Unidad Central de Información
Exterior de la Policía Nacional (UCIE) ocultó al juez
Del Olmo, instructor del sumario del 11-M, que tenía un
topo en el grupo de islamistas radicales dirigido por
Serhan Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, uno de los
presuntos autores de la masacre.
Y esa ocultación al
magistrado se prolongó durante meses hasta que, desde el
juzgado dirigido entonces por Baltasar Garzón, se puso
en marcha la denominada operación Nova.
Dicha operación, en la que se desmanteló una célula
que, al parecer, tenía muy avanzado un plan para volar
la Audiencia Nacional, se puso en marcha en noviembre de
2004. Es entonces cuando irrumpe judicialmente este
informador policial.
En aquella fecha, Garzón le otorgó la condición de
testigo protegido.Su declaración fue clave para
desmantelar toda la célula, y sirvió para blanquear a
este topo ante la Audiencia Nacional. Fue a través de
los medios de comunicación como el juez Del Olmo se
enteró de la existencia de este colaborador policial,
apodado por los agentes de la UCIE como Cartagena. Es
decir, desde el 11 de marzo de 2004 hasta noviembre de
ese mismo año la Policía mantuvo a su informador oculto
a la Justicia. Y tras la operación Nova, tampoco emitió
ningún informe sobre Cartagena al Juzgado que dirigía
las pesquisas sobre el 11-M.
Según explicaron fuentes de la investigación, tras la
masacre y las primeras averiguaciones que hacían
sospechar que se trataba de un atentado islamista, los
mandos de la UCIE optaron por no desvelar la existencia
del topo. Sí contactaron con él en el Parque de Juan
Carlos I, en Madrid, apenas tres días después de la
masacre. En aquella ocasión, como ya desveló este
periódico, el informador les recriminó a sus
controladores policiales:
«¿Cómo es posible que haya
pasado esto con todo lo que os he ido contando?».Le
encargaron, entonces, que tratara de hacer gestiones
para identificar y localizar a los autores de la
masacre. Ya en aquella fecha, Cartagena no estaba en
Madrid, se encontraba en Almería.
El informador había comenzado a colaborar con la UCIE
en octubre de 2002. Durante más de un año estuvo
facilitando informes muy precisos sobre algunos de los
que posteriormente han estado relacionados con las
masacres de Casablanca y de Madrid. En algunos de sus
informes ya alertaba de que los islamistas con los que
se reunía se preguntaban por qué había que ir a Irak
para perpetrar atentados cuando se podían cometer en
Marruecos o en España.
Cartagena participaba e, incluso, dirigía los rezos
en Villaverde con algunos de los más representativos
integrantes de las redes terroristas, como Mustapha
Maymouni (actualmente encarcelado como presunto cerebro
de los atentados de Casablanca), El Tunecino o El
Egipcio.
La Policía le encargó que se acercara al barrio de
Lavapiés y controlara las reuniones en el local de Jamal
Zougam (encarcelado actualmente como uno de los
presuntos autores materiales de la masacre). De todo
ello, el topo iba facilitando a las Fuerzas de Seguridad
números de teléfono, matrículas de vehículos, viviendas
donde se reunían... Incluso propuso a uno de sus
controladores, apodado El Rubio, grabar las reuniones
que en varias ocasiones mantuvo con estos radicales en
su propia casa. Pero este mando no vio utilidad en
realizar las grabaciones. De hecho, fue él quien pidió a
Cartagena que abandonara la vigilancia de la célula de
El Tunecino por considerar que no era relevante y que se
trasladara a Barcelona para controlar a un grupo de
argelinos. Finalmente, Cartagena se trasladó a Almería y
abandonó el contacto con El Tunecino. Había llegado a un
nivel de confianza tal con él que hasta llegó a ser
testigo de su boda.
Pero las informaciones que este colaborador iba
proporcionando no se perdían, iban a parar al Juzgado de
Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional que,
durante 2002 y 2003, estuvo ocupado por Baltasar Garzón.
La UCIE facilitaba todos los datos sobre integristas
radicales e indicaba al juez que habían sido obtenidos
por un informador. Y Garzón incorporaba estos datos en
las diligencias previas sobre redes islamistas 396/02.
Fruto de dichos datos, y en el marco de estas
diligencias, el juez autorizó la intervención de los
teléfonos móviles de, entre otros, El Tunecino y El
Egipcio.Pero la Policía no le contó a Garzón que tenía
un topo dentro de la organización radical. Hablaba
siempre de «un informador» en sus peticiones.
El juez Del Olmo tuvo que solicitar en varias
ocasiones por escrito a su compañero Garzón el contenido
de todas las notas policiales sobre los contactos con
Cartagena y sus declaraciones con motivo de la operación
Nova. En ellas, prestadas en noviembre de 2004, ocho
meses después de la masacre, el informador relató a
Garzón todos sus contactos y sus relaciones con los
implicados en el 11-M. Es decir, relató de nuevo todo
aquello de lo que en su día fue informando a la Policía
y ésta al propio Garzón sobre la trama radical.
La declaración de Cartagena se prolongó durante más
de 10 horas y, salvo la primera, el resto se centró en
el 11-M, pese a que Garzón no era el instructor de la
causa.
Del Olmo aún no ha tomado declaración en profundidad
a este topo, ya que cuando le citó éste se remitió
básicamente a lo que declaró ante Garzón.
Lo que sorprende entre especialistas en la lucha
antiterrorista es que, con todos los datos facilitados
por Cartagena durante más de un año sobre la célula de
El Tunecino, no se hubiera actuado contra ella cuando
estaba meridianamente claro que, por lo menos, se
dedicaban al reclutamiento de integristas. Sorprende
también que la Policía no hubiera querido grabar las
conversaciones con los sospechosos, como ofreció el
colaborador policial.