«Me
ofrecieron trabajar para el CNI y dije por dos veces que
no». De esta forma tan contundente responde a
EL MUNDO Jamal Zougam, que en los próximos días se
sentará en el banquillo de los acusados por los
atentados del 11-M con la calificación de autor material
y con una petición de más de 30.000 años de cárcel. Tras
su detención el 13 de marzo de 2004, uno de los agentes
que le interrogó le dijo: «'Si hubieras colaborado con
nosotros no te habría pasado esto'. Entendí que era una
venganza».
Jamal Zougam, que en la
actualidad se encuentra en la cárcel madrileña de
Navalcarnero, lleva en prisión desde el 17 de marzo de
2004 y por lo tanto cumplirá tres años de internamiento
cuando el juicio del 11-M ya esté en marcha.
Zougam no tiene estudios superiores, pero se expresa
bastante bien a pesar de sus faltas de ortografía en
castellano. EL MUNDO ha conseguido que el único autor
material de los atentados del 11-M, según el magistrado
Juan del Olmo, responda en un cuestionario a una serie
de preguntas y hable, por primera vez, con un medio de
comunicación.
Los contactos entre el marroquí y los agentes del CNI
(Centro Nacional de Inteligencia) comenzaron en el año
2001. En aquellos momentos el islamismo radical era un
problema a nivel mundial y los agentes españoles querían
saber cómo, cuándo, con quién y por dónde se movían los
yihadistas.
Zougam, religioso y practicante, solía ir con
frecuencia a la mezquita y la petición del CNI al
marroquí fue clara y directa: «Me dijeron que tenía que
ir a la mezquita a ver si hay alguien que viene de un
país donde existe la yihad y a cambio me daban lo que
quisiera: un piso, pasaporte español, chicas guapas...
Y, además, si quiero traficar con droga o traer
familiares de mi país. Lo que haga falta».
Tras un rotundo no a convertirse en «confidente» o
«chivato», tres años después Zougam terminó detenido y
acusado de terrorista: «Cuando en el año 2001 vinieron a
la tienda me enseñaron una placa y me obligaron a ir con
ellos en un coche y dimos unas vueltas hablando de
esto... Y ese mismo señor en la comisaría de Canillas
[fue el lugar donde trasladaron a Zougam cuando fue
arrestado el 13 de marzo de 2004] me dijo: 'Si hubieras
colaborado con nosotros no te habría pasado esto'».
Jamal Zougam nació en Tánger (Marruecos), tiene 33
años, desde los 17 vive en España y después de trabajar
en varios oficios en 2000 logró, junto con su
hermanastro Mohamed Chaoui, montar una tienda de
telefonía en el barrio madrileño de Lavapiés.
Y allí fue donde el 13 de marzo de 2004 la Policía lo
detuvo y señaló, primero, como la persona que había
vendido las tarjetas telefónicas que los terroristas
islamistas utilizaron en los teléfonos móviles que
colocaron en las mochilas-bomba de los trenes de la
muerte y, después, como autor material de los atentados
del 11-M.
La fiscal pide a Jamal Zougam más de 30.000 años de
cárcel y, además, señala que el dueño de la tienda de
telefonía Jawal Mundo Telecom fue visto por cuatro
testigos cuando colocaba una bolsa-bomba en uno de los
trenes que explotaron la mañana del 11-M en la estación
de El Pozo (Madrid).
Esos hechos y que Zougam fuera investigado por su
presunta relación con dirigentes islamistas como Amer
Azizi (huido y acusado de pertenecer a Al Qaeda) y que
los agentes españoles situaran al marroquí en la órbita
de Imad Eddin Barakat, Abú Dahdah, condenado como jefe
de la célula de Al Qaeda de España, colocan al tangerino
en una postura muy difícil de cara al juicio que
comienza el próximo día 15 en la Audiencia Nacional.
Otro de los indicios que señalan a Zougam como
miembro de los terroristas islamistas es que una parte
importante del comando Lavapiés, que según la Policía
participó en los atentados del 11-M, eran originarios de
Tánger y el marroquí conocía a la mayoría de ellos.
Las principales acusaciones que pesan sobre Jamal
Zougam, por parte de la Fiscalía, son que fue
identificado por varios testigos en los trenes de la
muerte y que vendió las tarjetas telefónicas que los
terroristas colocaron en los teléfonos móviles que
usaron como detonadores en las mochilas-bomba.
En la tienda de telefonía Jawal Mundo Telecom
trabajaban junto a Zougam su hermanastro Mohamed Chaoui,
Mohamed Bakali y Abderrahim Zbakh.
Jamal no niega que las tarjetas telefónicas se
vendieran en su tienda, pero aclara: «Según Mohamed
Bakali y Abderrahim Zbakh, más o menos un mes antes de
los atentados vinieron dos personas marroquíes con
acento de Tetuán y compraron las tarjetas. Unas
activadas y otras no. Al día siguiente volvieron
manifestando que una de ellas no tenía saldo. Entonces
cambiaron las que estaban activadas y se llevaron todas
sin activar alegando que así estaban seguros de que el
saldo era el fijado».
Entre esas personas que primero compraron y después
cambiaron las tarjetas estaba Jamal Ahmidan El Chino:
«Yo no las vendí, pero vuelvo a repetir que Mohamed
Bakali y Abderrahim Zbakh reconocen haber vendido unas
tarjetas a El Chino y sus compañeros.
Según Zougam, en Jawal Telecom Mundo las funciones
estaban repartidas y definidas: «En la tienda Mohamed
Bakali y Abderrahim Zbakh se ocupaban de atender a los
clientes y yo me ocupaba de comprar, de llevar los
teléfonos a arreglar o liberar a otras tiendas. Los
teléfonos los guardaba Mohamed Bakali en casa -se supone
que es la casa de Bakali y no la de Zougam- por miedo a
ser robados, ya que las tiendas de teléfonos están en el
ojo de todos los ladrones y yo no tenía las llaves de su
casa. Así que era imposible que proporcionara las
tarjetas a nadie como pretende el ministerio fiscal».
La fiscal Olga Sánchez mantiene en su auto de
conclusiones que «el día 25 de febrero de 2004 fueron
adquiridas por personas no suficientemente identificadas
en el locutorio Jawal Mundo Telecom, perteneciente al
procesado Jamal Zougam, 30 tarjetas prepago». La fiscal
aclara que 17 de ellas fueron activadas y 13 no fueron
activadas.
Mohamed Bakali, Abderrahim Zbakh y el hermanastro de
Zougam, Mohamed Chaoui, también fueron detenidos en un
primer momento, pero tras un corto periodo en prisión
fueron puestos en libertad y finalmente no han sido
procesados por los sucesos del 11-M.
El último abogado de Jamal Zougam, José Luis Abascal,
mantiene en su escrito de defensa que el testigo
S-20-04-A-27 aseguró que el marroquí colocó una bolsa en
el piso bajo de un vagón que minutos después estalló en
la estación de El Pozo. Y recuerda el letrado que los
Tedax han certificado que la explosión de ese mismo
vagón se produjo en el piso superior y que por lo tanto
no era la bolsa de Zougam y que tampoco era Jamal quien
estaba en el tren. Abascal también mantiene que Zougam
fue identificado por dos testigos después de que su
fotografía saliera en los medios de comunicación.
Y Zougam, con tono arrogante y convencido de que los
testigos que lo señalaron no podrán mantener sus
afirmaciones en la vista oral, se atreve a pronosticar:
«Los testigos fueron buscados y pagados, pero creo que
para la próxima vez deberán buscarlos con mejor memoria
o a lo mejor tiene razón el refrán de que se pilla antes
a un mentiroso que a un cojo».
Sin embargo, Zougam no puede, ni ha negado que tenía
relaciones o conocimientos con Abú Dahdah («me vendía
cosas cuando tenía la tienda de comestibles»), con el
imputado Mouhannad Almallah («en alguna ocasión vino a
comprar algo y en el verano del 2002 lo vi en Tánger») y
con el huido Mohamed Haddad («lo conocí en algunos
lugares de la noche, nos saludábamos, pero cada uno iba
por su camino»).
'Cartagena' y Trashorras
Dos colaboradores de la Policía han denunciado y
revelado que sus controladores les pidieron que
implicaran en la trama del 11-M a Jamal Zougam.
El confidente policial Abdelkader El Farssaoui, más
conocido por el alias de 'Cartagena', denunció el pasado
día 1 de diciembre en la Audiencia Nacional que los
agentes de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE)
le dieron una serie de instrucciones para que
involucrara a Jamal Zougam con la célula de Serhane ben
Abdelmajid, 'El Tunecino' -que se suicidó en el piso de
Leganés el 3 de abril de 2004 junto con el resto del
comando terrorista-, y para que informara de todos los
movimientos y contactos del marroquí.
'Cartagena', que declarará en el juicio del 11-M,
recogía en su denuncia judicial la siguiente cuestión
sobre Zougam: «Pasado un tiempo no les he podido [se
refiere a los agentes de la UCIE] dar información sobre
el mismo, porque parecía que llevaba una vida normal».
Suárez Trashorras, que proporcionó los explosivos al
comando que atentó en los 'trenes de la muerte' y que
era confidente del inspector Manuel Rodríguez, también
señaló a este periódico en septiembre de 2006 que
después de su detención le pidieron que relacionara a
Zougam con el 11-M: «Desde el primer momento en la
comisaría de Avilés empezó una negociación ofreciéndome
todo tipo de cosas para que mantuviera ante el juez una
versión que incriminara a 'El Tunecino' y a Jamal Zougam».