Seis días después de que el coronel
Félix Hernando Martín,
jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia
Civil, cometiera falso testimonio ante la Comisión de
Investigación del 11-M del Congreso, uno de sus
subordinados, el alférez Jaime Trigos, intentó destruir
la prueba que demostraba que su jefe había mentido.
El hecho se produjo el 26 de julio de 2004. Trigos,
miembro de la UCO, intentó convencer al comandante
Francisco Javier Jambrina, segundo jefe de la
Comandancia de Oviedo, para que «destruyese la nota del
6 de marzo de 2003, de la que sólo obraba copia en las
dos unidades».
Esa nota, cuyo contenido
reveló ayer EL MUNDO,
recogía una información que la UCO recibió en aquellas
fechas sobre dos individuos asturianos, «Antonio Toro» y
«Emilio [posteriormente se supo que se trataba de Emilio
Suárez Trashorras]», que intentaban vender explosivos en
Madrid, comprar armas cortas y largas (pistolas y
fusiles repetidores), encargar la eliminación de una
persona y traficar con cocaína y hachís.
Para llevar a cabo todos esos actos delictivos, Toro
y Trashorras se pusieron en contacto con un uruguayo
llamado Martín R. O. y se desplazaron de norte a sur de
la Península, desde Asturias hasta Cádiz pasando por
Madrid, utilizando dos Renault Megane que alquilaron en
Hertz. Es decir, las actuaciones de los dos delincuentes
asturianos eran de ámbito nacional y no regional, como
mantuvo Hernando en su declaración ante la Comisión de
Investigación.
Trigos reconoció el 26 de enero de 2005 ante el juez
Juan Del Olmo y la fiscal Olga Sánchez que,
efectivamente, había llamado a Jambrina, y explicó sus
motivos: «Que la conversación tuvo su razón de ser por
las manifestaciones que había realizado el 20 de julio
de 2004 ante la Comisión de Investigación del Congreso
de los Diputados D. Félix Hernando Martín, coronel jefe
de la UCO, en las que se refirió a que la única nota
interna que se transmitió desde la UCO a la Comandancia
de Oviedo fue la del 27 de febrero de 2003».
Ese mismo día, el 26 de enero de 2005, y ante Del
Olmo y Sánchez, Jambrina declara y aclara cómo fue
aquella llamada de Trigos: «Hubo una conversación con el
alférez, se produce la tarde anterior al día en que iban
a comparecer ante la Comisión los dos oficiales de la
UCO, el alférez lo llama al móvil y le dice que si no le
importaría destruir la nota del 6 de marzo, ya que sólo
consta en las dos unidades».
La respuesta del comandante al alférez, según consta
en la declaración judicial del primero, fue contundente:
«No la voy a destruir». Jambrina, además, explica que se
sintió muy molesto con el subordinado de Hernando porque
«no le dio ninguna explicación para solicitar algo así».
Pero la principal sospecha que llevó al segundo jefe
de la Comandancia de Oviedo a negarse a la destrucción
de la prueba que demostraba que Hernando había ocultado
información a la Comisión del 11-M fue: «Me llamó la
atención porque en la nota del 6 de marzo de 2003 se
ponía en evidencia que había una delincuencia organizada
de ámbito que supera la comunidad autónoma [se refiere a
Asturias], que es ámbito de intervención de la UCO».
Jambrina también descubre en su declaración judicial
que Trigos no le ofrecía «confianza». Jambrina, tras
negarse a destruir el informe del 6 de marzo de 2003,
como solicitaba el subordinado del jefe de la UCO,
reconoce que se sintió «molesto». «Lo puse a parir y
conservé la nota».
Trigos, que era uno de los controladores del
confidente marroquí Rafá Zouhier, argumentó ante el juez
y la fiscal: «Es cierto que llamé al comandante Jambrina,
pero simplemente le dije que procurase que la nota [se
refiere a la del 6 de marzo de 2003] no se filtrase a
los medios de comunicación».
Se da la circunstancia de que el propio Trigos omitió
en su primera declaración ante Del Olmo que Zouhier
avisó a la UCO de que los asturianos Toro y Trashorras
estaban traficando con explosivos y que disponían de 150
kilogramos de Goma 2 para vender al mejor postor. Esa
primera declaración judicial del suboficial de la UCO se
produjo el 12 de mayo de 2004, dos meses después de los
atentados.
Ese hecho se supo porque EL MUNDO así lo reveló antes
de la comparecencia de Hernando en la Comisión. Después,
el jefe de la UCO terminó reconociendo en el Congreso
que su Unidad había recibido esa información con
anterioridad a los atentados del 11-M y, sin querer,
dejó en evidencia que el alférez Trigos no había dicho
toda la verdad ante Del Olmo.
Y el juez, aprovechando la nueva declaración del
subordinado del coronel Hernando sobre la destrucción de
una prueba, preguntó al alférez Trigos: «¿Por qué omitió
la información que dio ante la Comisión de Investigación
del Congreso de los Diputados [se refiere al coronel
Félix Hernando] sobre que Rafá Zouhier había advertido
de que los asturianos tenían 150 kilos de explosivos?».
La respuesta del miembro de la UCO fue simple y poco
ingeniosa: «Pudo ser que ese día se me olvidó decirlo».
Después del olvido, el suboficial recuperó la memoria:
«Pero es cierto que Rafá me dijo que había 150 kilos de
explosivos a disposición de los asturianos». Y concluyó
el agente de la UCO: «Rafá me dio esa información el 6
de marzo de 2003 sobre las 22.00 horas por teléfono».
Esa última fecha, 6 de marzo de 2003, que señala
Trigos en su segunda declaración judicial, coincide con
la que aparecía datada en el documento que Hernando
omitió a la Comisión del 11-M y que su subordinado
intentaba destruir, según manifestó judicialmente
Jambrina.
Tras la declaración de Jambrina y de Trigos, Del Olmo
decide ese mismo día, el 26 de enero de 2005, someter a
un careo a los dos miembros de la Guardia Civil para
intentar aclarar quién dice la verdad.
Jambrina, según se recoge en el acta del careo,
manifiesta que «la petición fue de destruir el
documento, al margen del sentimiento que se tenía en la
Comandancia por lo que consideraban un traslado de
responsabilidades de la UCO a Asturias».
Trigos intentó, al parecer, dar más explicaciones
sobre los motivos que lo llevaron a llamar al comandante
Jambrina: «La petición fue exclusivamente de evitar
filtraciones, no hubo solicitud de destruir ningún
documento y sí es cierto que hubo un nivel de cierta
crispación verbal por la cuestión de las actuaciones de
la UCO y de la Comandancia de Oviedo y de la Guardia
Civil de Asturias, especialmente atendiendo a la
comparecencia del coronel Hernando en la Comisión de
Investigación el día 20 de julio de 2004».
El subordinado de Hernando se atrevió incluso a hacer
una valoración sobre lo que pudieron pensar en la
Comandancia de Oviedo cuando él llamó a Jambrina: «A lo
mejor en la Comandancia, tras la conversación mantenida
con el comandante Jambrina, la interpretación que dieron
a la misma fue que la UCO quería ocultar la nota, y que
la petición podía entenderse así».
Del Olmo, instructor del sumario del 11-M, llegó a la
siguiente conclusión después de escuchar en un careo a
Jambrina y a Trigos: «Este instructor aprecia una dosis
de firmeza y serenidad en sus manifestaciones por parte
del comandante Jambrina que no apreció en las
manifestaciones del alférez Trigos, por cuanto éste
trata de una forma verbal más locuaz de introducir
elementos que este instructor considera de desvío de
atención respecto de lo que es el núcleo de
controversia».
Del Olmo también explica el «comportamiento y
actitud» de los dos agentes: «Con una dosis de mayor
nerviosismo gesticular por parte del señor alférez,
tanto en brazos y manos como en la posición que ha
adoptado en el sillón, como en ciertas miradas de
inseguridad».
La última de las conclusiones a la que llega el juez
es realmente llamativa: «El distinto rango que en la
escala profesional tienen uno y otro careado, que
desconoce el instructor si puede influir o no en la
actitud mostrada por el señor alférez».