EL MUNDO ofreció ayer al Gobierno
una oportunidad para dar una explicación coherente sobre
la manipulación del informe del Ministerio del Interior
al juez Del Olmo mientras pedía que el presidente del
Gobierno impulsara una investigación de lo ocurrido y
depurara responsabilidades al respecto.
La respuesta fue un comunicado de la Dirección
General de la Policía plagada de sofismas y de
flagrantes mentiras. En el mejor estilo al que
acostumbra el ministro del Interior, la nota intenta
ridiculizar el contenido del informe de los tres
peritos, que presenta como absurdo con el argumento de
que el ácido bórico es una sustancia común que se
utiliza en decenas de aplicaciones que van desde la
droguería al uso como insecticida.
No vamos a polemizar sobre el empleo del ácido
bórico, pero tanto Hasan Haski, en cuyo domicilio se
encontró este compuesto, como ETA se dedican a poner
bombas y no a elaborar perfumes. También el fanático que
derribó el edificio de Oklahoma, provocando cientos de
muertos, utilizó un vulgar fertilizante que había
comprado en una droguería.
Voluntad de ocultación
Lo esencial no es nada de ésto sino la supresión en
el informe de los posibles vínculos con ETA, que pone de
manifiesto la voluntad de ocultación de datos relevantes
al juez. Ya decidirá la Justicia si esta falsificación
tiene o no consecuencias penales. De momento, el juez
Del Olmo remitió ayer los dos informes a la Sala de lo
Penal de la Audiencia Nacional, que tendrá que valorar
si hay indicios de delito para iniciar una investigación
judicial, deduciendo testimonio.
Lo que los peritos decían en su informe -y que fue
suprimido en el entregado al juez- es que el ácido
bórico sirve para «conservar» explosivos o para
«enmascarar» su detección. La misma sustancia había sido
encontrada en un piso franco de Salamanca de ETA y uno
de los miembros de este comando declaró a la Policía, a
finales de 2001, que planeaban una gran masacre en
Madrid como volar Torre Picasso. ¿Era o no relevante que
el juez dispusiera de esa información?
La manipulación de este informe guarda extraordinaria
similitud con el caso Bono, en el que no se dilucidó si
el ministro de Defensa había sido o no agredido -lo de
menos es el uso del ácido bórico- sino si la Policía
había falsificado informes para detener a dos militantes
del PP. Los tribunales condenaron a los agentes
policiales y a sus jefes al quedar demostrado que se
habían tergiversado los informes.
Habla el comunicado de «elucubraciones y
consideraciones subjetivas» de los tres peritos. Los
tres tienen una acreditada profesionalidad y uno de
ellos está considerado como el mayor experto de la
Policía en esta materia. Su informe respondió
exactamente a lo que sus jefes les habían solicitado.
La nota de la Dirección General de la Policía
contiene dos mentiras flagrantes que revelan la voluntad
de engañar o confundir a la opinión pública. La primera
es que el informe de los tres peritos es «un simple
borrador». No lo es porque estaba rubricado en todas sus
páginas y porque, como se puede comprobar, tiene un
número de registro. ¿Desde cuándo los borradores son
firmados y registrados?
El documento cumple todos los requisitos legales y va
firmado por tres peritos. Por el contrario, el informe
remitido al juez sólo va firmado por Francisco Ramírez
cuando la Ley de Enjuiciamiento Criminal requiere la
firma de dos peritos para acreditar su validez.
Mutilación del informe
La segunda de las mentiras de la nota es que al juez
Del Olmo se le remitió «el informe íntegro, eliminando
las observaciones». Estaba sustancialmente mutilado. Su
contenido se había reducido de dos a una página. Además,
se había falsificado su objeto y su autoría. Y, sobre
todo, se había eliminado una información que los tres
peritos consideraban muy relevante para el juez. Por
eso, se hizo el cambiazo.
Descubierta la operación, Interior intenta ahora
despistar a la opinión pública con esta nota plagada de
falsedades mientras el ministro Rubalcaba amenaza con
acciones legales que nunca va a iniciar. Ojalá se
querellara contra EL MUNDO porque ello permitiría
demostrar lo burdo de este engaño, que, por cierto, la
nota oficial atribuye sin recato a Angel Santano,
comisario general de la Policía Científica y
políticamente cercano al PSOE. ¿Será la próxima víctima
de la cúpula policial?
La manipulación es tan grosera que en el informe
remitido al juez se dice que «va extendido en dos hojas
de papel» y que «las dos primeras» incluyen «la rúbrica
de los firmantes». El informe sólo tiene una firma, por
lo que es obvio que al falsificador se le olvidó cambiar
esta frase del documento original. El lapsus revela que
los autores del segundo informe querían hacer creer al
juez que éste era el auténtico y el único realizado por
la Policía.
Rubalcaba dijo hace pocos días que el Gobierno había
remitido al juez todos los informes del 11-M y que, en
ninguno de ellos, había referencia a posibles vínculos
de los islamistas con la banda terrorista ETA. El
ministro no dijo la verdad y ello le pone en situación
muy comprometida. Ayer, en lugar de dar una explicación
coherente, intentó engañar a la opinión pública con una
nota repleta de mentiras y falsedades. No será con este
tipo de triquiñuelas como el Gobierno pueda recuperar un
crédito que ha perdido por su falta de interés en
esclarecer la verdad. Insistimos en recordar las
palabras de Rubalcaba el 13-M: «España no se merece un
Gobierno que mienta». ¿Quo vadis, Zapatero?