Vista de las acusaciones y las
defensas durante la declaración de la
viuda de 'El Chino'. (Foto: LaOtra)
Actualizado martes 10/04/2007 19:46 (
CET)
PALOMA D. SOTERO (elmundo.es)
MADRID.- "Empecé a verlo un poco rarito. No
me dejaba vestir igual. Decía mucho que se iba a la
mezquita. Ponía impedimentos con el pelo, con la
ropa, con el colegio del niño... quería que lo
sacáramos del colegio de monjas y lo lleváramos a la
mezquita". Este es el relato de la viuda de Jamal
Ahmidan
'El Chino', presunto organizador de los
atentados del 11-M fallecido en el suicidio
colectivo de Leganés el 3 de abril de 2004.
Compareció este martes ante el tribunal.
Esos cambios descritos por la mujer en su marido
se produjeron a partir de octubre de 2003,
dos meses después de que regresara de Marruecos,
donde había estado preso desde el año 2000. Volvió a
finales de julio y reemprendieron su vida en común
en octubre. Pero apenas pasaba tiempo en
casa, en el piso de la calle Villalobos;
entre ellos, nada fue igual: "Antes íbamos agarrados
por la calle y nos besábamos".
Entonces, cuenta la mujer, él decía
dedicarse a la compraventa de vehículos:
iba a Alemania, los compraba y los vendía aquí. A
ella le había asegurado que "había dejado" la
delincuencia.
Por su relato, parece deducirse que Serhane
'El Tunecino', otro presunto
organizador de los atentados, le influyó en su
radicalidad progresiva. "Sé que no le hacía gracia
que estuviera conmigo. Discutieron por teléfono
porque me acompañó al colegio del niño a hablar con
su tutora y porque pasó la Navidad con nosotros", ha
contado. Sin embargo, ha dicho, 'El Tunecino' "pudo
influirle, pero no tanto porque Jamal no se
dejaba influir por nadie".
En los meses previos al atentado "casi nunca
estaba en casa". "No me contaba nada"."Decía
que estaba en Morata casi siempre", ha añadido. En
casa, se metía en su habitación con el ordenador y
no hablaba mucho. En noviembre de 2003, 'El Chino'
compró la finca de Morata de Tajuña en la que, según
la investigación, se almacenaron los explosivos y se
prepararon las bombas del 11-M.
La testigo ha contado que él alegaba que "quería
vivir en el campo, tranquilo, tener animales". De
hecho, les animó a ella y a su hijo diciéndoles que
arreglaría la piscina para el verano. Aquellos meses
previos al atentado, "también dijo que había ido a
Bilbao y a Ibiza".
La testigo ha sido preguntada por varios abogados
si creía que su marido tenía capacidad para preparar
los atentados, pero el presidente del tribunal no ha
permitido preguntas de ese tipo. Finalmente, la
testigo ha afirmado que su esposo tenía capacidad de
liderazgo, le gustaba que le escuchasen y le
respetasen. Eso sí, ha matizado: "Que el se
haya montado en el tren lo dudo mucho".
A preguntas de la fiscal y de algunos de los
abogados de la defensa, la testigo ha dicho que no
conocía ni oyó hablar nunca de los procesados Rafa
Zouhier (que puso en contacto a 'El Chino' con el
suministro de explosivos de Mina Conchita), Rachid
Aglif (presunto lugarteniente de 'El Chino', según
la fiscal) y Jamal Zougam (quien supuestamente
vendió las tarjetas de los móviles que hicieron
estallar las bombas). En cambio, sí conocía a los
hermanos Rachid y Mohamed Oulad Akcha, que se
suicidaron con su marido en el piso de Leganés. Eran
amigos de Jamal desde 1992, por lo menos, según ha
dicho.
La noche previa a los atentados, Jamal Ahmidan
no durmió en casa. Su esposa cree
que pasó la noche en Morata. Al mediodía del 11-M,
él regresó a casa y al no encontrar a su esposa y su
hijo allí, la llamó por teléfono. Le preguntó si
estaban bien y le añadió que tenía que irse. Esa
noche, cuando volvió al domicilio, le dijo a su
hijo:
"Estos de ETA se han pasado".
El día 12, pasó la mañana en su domicilio y le
dijo a su esposa que tenía que irse a Francia. A los
dos o tres días ella consiguió contactar con él,
después de haberlo llamado "40.000 veces", y le dijo
que se había quedado en el norte de España. A los
dos días, regresó a casa y dijo que había estado en
Pamplona. "Dijo que quería estar tranquilo y que
sabía que iban a ir por todos los moros", ha
declarado la testigo.
El día 19 de marzo, toda la familia de ella fue,
junto con Jamal Ahmidan, a celebrarlo a la finca de
Morata de Tajuña. Allí, ella se lo encontró todo
sucio y revuelto: colchones, una litera, la "cocina
hecha un asco"... Después de aquella celebración, no
volvió a verlo. El día 21, la llamó por teléfono y
le dijo que "se había complicado" un asunto sobre su
residencia, que había pasado por casa y había visto
un coche rojo con dos personas y temió que
estuvieran esperándolo; le pidió a ella que
comprobara esto mirando por la ventana y la testigo
constato que allí seguía el coche rojo con las dos
personas.
Entonces le pidió que le preparara una bolsa de
ropa y que se la dejara en el bar de su hermano
Mustafá, que testificó ayer . Así lo hizo. Lo
siguiente fue el suicidio de su marido en Leganés.
Cuando en el juzgado, la policía le puso el vídeo
de reivindicación de los atentados encontrado en el
piso de Leganés, la testigo identificó a su marido
como el hombre del centro, el que lee el comunicado.
Las pistas que le hicieron estar segura de ello
fueron su voz y sus manos, ha alegado.