La excepcionalidad del sumario por
los atentados se ha extendido con el tiempo a todos los
aspectos relacionados con la masacre. También a las
defensas y acusaciones. Más de un centenar de abogados
de oficio han desfilado a lo largo de tres años ante el
despacho de Del Olmo, sólo para toparse con un
inamovible secreto sumarial. El próximo jueves, cuando
comience la vista, muchos de ellos denunciarán que no
han tenido posibilidad de trabajar en igualdad de armas
con la Fiscalía. La actuación de Del Olmo ha llevado, en
algún caso, a que quienes se sientan en el 'bando'
contrario, las acusaciones, coincidan con ellos en las
críticas al instructor. Veintiséis abogados por un lado
y 23 por otro que ofrecerán a la Sala, en la mayoría de
los casos, versiones muy alejadas de la oficial
MADRID.- «Hay un
detenido en Canillas, ¿vas para allá?». Una frase
similar a ésta es la que ha conducido a decenas de
letrados adscritos al turno de oficio de la Audiencia
Nacional a ser engullidos por la gigantesca
investigación del 11-M. Hoy, una veintena de ellos
todavía repasa los más de 200 tomos del sumario 20/2004
y apura los últimos días antes de subir al estrado de la
Casa de Campo.
Casi todos los imputados por el juez Juan del
Olmo, que alcanzaron la estratosférica cifra de 116,
contaron con los servicios de un abogado de oficio
durante el tiempo en el que estuvieron sometidos al
Juzgado Central Número 6.
Así sucedió con el propio Belhadj, uno de los tres
presuntos cerebros del atentado, que sigue defendido por
Francisco Andújar. También Rabei Osman, El Egipcio, ha
contado con una defensa de oficio hasta hace sólo unos
meses, cuando Endika Zulueta se hizo cargo de su
defensa. Igualmente, el acusado que cierra el trío de
supuestos inductores, Hasan Haski, llega a la vista oral
con el abogado que le fue designado por turno, José Luis
Borraz.
Veintiséis abogados se sentarán en los bancos
destinados a las defensas, representando a los 29
procesados por Del Olmo. Más de la mitad son de oficio.
Tres de ellos -el propio Zulueta, José Luis Abascal y
Miguel García Pajuelo- representarán a dos procesados
cada uno.
Primera vez
Casi ninguno de ellos había tenido anteriormente
contacto con el terrorismo islamista, que hasta el mes
de marzo de 2004 había provocado pocas detenciones en
España.
Hay, sin embargo, excepciones. Es el caso de José
Luis Abascal, que se ha hecho cargo de dos de los tres
acusados de colocar mochilas bomba: Jamal Zougam y Basel
Ghalyoun. En el último gran juicio por islamismo -el
celebrado también en la Casa de Campo contra la célula
de Abu Dahdah-, llevó la defensa de Abdelaziz Benyaich,
condenado por la Audiencia pero absuelto por el Supremo.
Su experiencia con el islamismo le valió en el 11-M,
donde comenzó defendiendo al Abdelauahid Berrak, en cuya
peluquería supuestamente hicieron abluciones los
miembros de la célula y que finalmente no fue procesado.
En general, el perfil de los abogados defensores es
muy diferente al del juicio conducido contra el grupo de
Abu Dahdah. En aquella ocasión, las condiciones
económicas de los acusados les valieron para llevar ante
la Sala a abogados de renombre.
Su procedencia del turno de oficio y las
circunstancias excepcionales del sumario han acabado
soliviantando a estos letrados. En una rueda de prensa
conjunta celebrada en junio del año pasado, denunciaron
que el trabajo que exigía la causa podía llevar a alguno
de ellos a la ruina. Según explicó, como portavoz del
grupo, Eduardo García Peña, su perspectiva era dedicar
meses de su tiempo de manera casi exclusiva a un juicio
que apenas iba a reportarles algún ingreso. La denuncia
pública forzó al Ministerio de Justicia a mejorar sus
condiciones. Aunque el incremento fue significativo, a
juicio de los letrados siguió siendo insuficiente.
Al margen del aspecto económico, varios de ellos
también denunciaban que no habían podido preparar
correctamente la defensa de sus clientes porque apenas
habían dispuesto de traductores para comunicarse con
ellos en prisión.
Sin entenderse
Quien más insistió en este punto fue el abogado
de Belhadj, el único acusado que se ha negado a darse
por informado del auto de procesamiento. «La labor del
defensor», señala su escrito de conclusiones, «se torna
inútil si no cuenta en sus entrevistas con su defendido,
que no habla la misma lengua que su letrado, del auxilio
de un intérprete. A estos efectos resulta absolutamente
insuficiente que siendo mi patrocinado detenido y
entregado a las autoridades españolas el 1 de abril de
2005, su letrado no haya tenido acceso efectivo a un
intérprete que le auxilie en sus entrevistas sino hasta
el 26 de septiembre de 2006, esto es, un año y medio
después de ser trasladado y cinco meses después de
haberle procesado».
Muchas de las defensas también han aludido a las
continuas prórrogas del secreto del sumario para
solicitar la nulidad de las actuaciones. A su juicio,
esta circunstancia ha impedido a los imputados
defenderse eficazmente de las acusaciones.
Para algunos de los letrados el trabajo ha sido
especialmente extenuante. El ejemplo más claro es el de
Antonio Alberca. Defiende al confidente marroquí Rafá
Zouhier, al que la Fiscalía acusa de colaborar con el
grupo terrorista y de poner en contacto a la célula de
El Chino con la trama asturiana. Por esa razón, Zouhier
ha mantenido multitud de careos con presuntos miembros
de ambos grupos y ha declarado más que ningún otro ante
Del Olmo.