Alto y claro.
El inspector de la Unidad Central de Información
Exterior (UCIE) Antonio Parrilla declaró ayer
que José Emilio Suárez Trashorras le dijo que El Chino
le confesó el 4 de marzo, siete días antes la matanza
del 11-M, que habían detenido a «dos amigos suyos» en
Cañaveras (Cuenca) con más de 500 kilos de explosivos.
Se refería a los etarras Irkus Badillo y Gorka Vidal,
capturados por la Guardia Civil. El inspector aclaró que
el ex minero no dijo textualmente la palabra ETA.
Este mando declaró que
estos datos fueron facilitados por Suárez Trashorras el
día 17 de marzo de 2004. En aquellas fechas este
inspector, junto al comisario Gamonal de la Unidad
Central de Información Interior (UCII), viajó a Asturias
para investigar la trama de los explosivos. Este relato
concuerda con lo declarado en el juicio por el ex
minero.
El inspector describió que en ese encuentro con el ex
minero, junto al comisario Miguel Angel Gamonal (que
declaró el pasado martes) y él, asistieron un agente del
CNI («autorizado por el comisario general de
Información») y dos mandos policiales de Asturias.
Suárez Trashorras explicó que El Chino le llamó el
citado día 4 desde Baleares y, además de relatarle lo de
«sus amigos de Cuenca», le dijo que si ya no se veían en
la Tierra se verían en el cielo. Interpretó que el ex
minero trataba de desviar la atención de las
investigaciones, que ya se centraban en la mina donde
trabajó.
Datos literales
No obstante, en su informe sobre la visita a
Asturias en la que obtuvieron las informaciones del ex
minero y le llevaron detenido a Madrid, este mando de la
UCIE sí incorporó «literalmente» todos los datos del
encuentro, incluidas las indicaciones sobre los
detenidos en Cañaveras con los 500 kilos de explosivos.
Ese informe, elaborado por Parrilla el 19 de marzo, dos
días después de la reunión, no consta en el sumario.
Aseguró que desconocía por qué no estaba en el sumario y
que él se lo entregó a su jefe de sección e instructor
de las diligencias del 11-M, del que aportó su número de
placa.
Además, Parrilla explicó que el jefe del dispositivo
de las investigaciones del 11-M le preguntó por sus
datos sobre el viaje a Avilés para incorporarlos a sus
informes. El inspector le dijo que su informe se lo
entregó a su jefe. El jefe del dispositivo le respondió
que ya había hablado con ese jefe y que le dijo que no
lo tenía. Entonces, el inspector de la UCIE le narró
todos los detalles sobre este viaje, incluido lo de los
etarras.
Durante la sesión se le mostró un informe policial
sin firma de ningún funcionario, que consta en el
sumario, en el que se explicaban los detalles del famoso
viaje a Asturias. Parrilla negó ser el autor, en contra
de lo publicado por algún medio de comunicación. Además,
añadió que muchos de los detalles de ese informe no se
correspondían ni con lo que él puso en su informe
interno del día 19 ni con los datos de Trashorras.
El inspector de la UCIE aseguró que durante esa
reunión, cuando se puso de manifiesto el cruce de
llamadas, Carmen Toro, que estaba con su marido en la
comisaría, se acercó a éste, se le sentó en las piernas
y le dijo: «Cariño, di lo que tengas que decir pero a mí
déjame al margen». El ex minero pegó un respingo y
chilló: «¿Qué ofrecéis? Porque esto es un marrón muy
gordo». Sólo tras recibir órdenes del comisario general
de Información se procedió, la mañana del 18, a
detenerle, pero «no por los datos que aportó en aquella
reunión», añadió el inspector.
Parrilla realizó una declaración llena de datos muy
precisos y sin dudas. Mostró gran aplomo durante las más
de tres horas que se sometió a los interrogatorios, sin
dejar puertas abiertas a las interpretaciones. Este
inspector fue detenido y encarcelado por orden del juez
Del Olmo en el marco de una actuación contra una mafia
policial que se dedicaba al tráfico de explosivos.
Parrilla está imputado por revelación de secretos a la
prensa. En ningún momento fue acusado de tráfico de
explosivos. Tampoco fue acusado de realizar un montaje
sobre la trama, como apuntaron varios medios. Del Olmo
instruyó el caso pese a no ser competente. No está
procesado.
Parrilla aseguró ayer que era uno de los
controladores de Cartagena, aunque no el principal.
Mantuvo contacto con él desde finales de 2002 hasta el
15 de marzo de 2004. Añadió que el último encuentro se
celebró en el parque Juan Carlos I y que les preguntó a
él y a su controlador principal, el instructor de las
diligencias: «¿Como habéis permitido esto con lo que yo
os he contado?». Este informador, que dijo haber
trabajado para los servicios secretos marroquíes, les
dio datos sobre El Tunecino y El Egipcio, entre otros.
Incluso, este colaborador les desveló que los
sospechosos defendían la práctica de la yihad en España
o en Marruecos.
Investigaciones de Garzón
El inspector Parrilla aseguró que todas las
investigaciones sobre la células dirigidas por Mustapha
Maymouni, «cuya estructura era conocida», fueron
judicializadas. Se intervinieron teléfonos, se aportaron
domicilios, se controlaron vehículos... Este
especialista en terrorismo internacional aseguró que
todas estas actuaciones estaban centralizadas en el
Juzgado Central de Instrucción número 5, cuyo titular es
Baltasar Garzón. Los datos aportados por el colaborador
policial 'Cartagena', al que sus controladores conocían
como 'Abdou', también fueron administrados por este
magistrado. Este inspector aportó los números de las
diligencias previas y de los sumarios que instruye este
magistrado. Desveló que Jamal Zougam estaba siendo
investigado en relación con los atentados de Casablanca
por Garzón. No pudo contestar a la pregunta de por qué
no se actuó cuando se detuvo a Maymouni por la bomba de
Casablanca. «Estaba todo judicializado», aseguró. Dijo
que en las notas con los datos de 'Cartagena', que él
elaboraba, faltaba una hoja en la que el colaborador
alertaba de que Maymouni podía estar relacionado con los
atentados de Casablanca. Aseguró que meses antes del
11-M se reforzó la plantilla policial antiterrorista.