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 Jueves, 8 de marzo de 2007. Año: XVIII. Numero: 6290.
ESPAÑA
 
EL TESTIGO PROTEGIDO DENUNCIA LA MANIPULACION DE LAS TRAMAS ISLAMICAS POR LA UCIE
'Cartagena' declara que vio reunirse a 'El Tunecino' con la Policía en 2003
FERNANDO LAZARO / ANTONIO RUBIO

MADRID.- No defraudó a nadie. Estaba llamado a ser uno de los protagonistas del juicio por la masacre del 11-M. Durante meses, fue referente religioso de muchos de los presuntos implicados en la matanza mientras informaba puntualmente a la Policía de todos los detalles que obtenía.

Cartagena detalló ayer que desde mediados de 2002 estuvo facilitando información a la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) sobre El Tunecino, Said Berraj, Mustapha Maimouni, Mohamed Larbi Ben Sellam y Mohamed Afalah, entre otros. Desveló que un año antes de la masacre, en 2003, vio a El Tunecino con la Policía.

El testigo protegido aseguró que la mayoría de los datos que aportó a la UCIE fueron, posteriormente, incluidos en «notas informativas» y reflejados en sus declaraciones ante el juez Baltasar Garzón, primero, y después, en menor medida, al juez instructor de la masacre de Madrid, Juan del Olmo.

El testigo protegido bautizado como 'Cartagena' aseguró que durante meses informó puntualmente a los agentes de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) sobre las actividades de la célula de 'El Tunecino' y que los agentes siempre le decían: «Éstos mucho hablar y poco actuar».

Pero, acto seguido, Cartagena aclaró que muchos de esos datos los incluía la Policía en sus notas, sin que fuera información facilitada por él. El confidente fue un paso más allá y aseguró que todas sus declaraciones judiciales fueron previamente preparadas por la Policía: «Siempre antes de acudir a la Audiencia Nacional a declarar nos reuníamos y me decían lo que tenía que decir».

Cartagena aseguró que todo lo que declaró ayer era «la verdad». Y entre los datos que el confidente policial puso sobre la mesa había uno de los testigos clave del Ministerio Público. Cartagena desveló que vio al presunto líder de la célula autora del 11-M, El Tunecino, con policías de la UCIE en un local público de Madrid un año antes de la matanza.

En concreto, explicó que estaba en la plaza de Atocha, cuando vio a El Tunecino y a Said Berraj, y les siguió. Vio cómo entraron en un establecimiento VIPS situado cerca del metro de Colombia, en Madrid. Y Cartagena también entró: «No me quité el casco de la moto para que no me reconocieran». El confidente asegura que observó a El Tunecino sentado en una mesa hablando con un agente de la UCIE y que también vio a otro agente, en la misma zona, hojeando unas revistas: «Creo que Berraj estaba también en el local, pero no los vi juntos».

El encuentro entre policías e islamistas se produjo un año antes de la matanza. Cartagena indicó que en ese mismo establecimiento era donde él mantenía sus contactos con los agentes de la UCIE, a los que informaba sobre los datos que obtenía sobre la célula islamista radical.

El testigo de la fiscal insistió, a preguntas de todas las acusaciones, que las declaraciones que prestó en su día ante los jueces Garzón y Del Olmo estuvieron previamente organizadas por sus controladores de la UCIE. Cartagena también aseguró que accedía a ello «por miedo» y en algunas ocasiones «al sentirse amenazado».

El confidente policial llegó a afirmar que fue golpeado en algunas ocasiones por esos agentes. Denunció también que fue amenazado con expulsarle de España, pese a que se consideraba seguro al estar casado con una española. «Ahora ya no tengo ningún miedo», indicó.

Cartagena ratificó totalmente la denuncia que el pasado mes de diciembre presentó ante la Audiencia Nacional en la que aseguraba que muchos de los datos que fue aportando durante meses a la UCIE los contó bajo presiones de sus controladores. En esa denuncia desgranó algunas de las indicaciones que recibió de la Policía sobre lo que debía incluir en sus notas y las prohibiciones de citar algunos nombres en sus declaraciones policiales, como es el caso de Allekema Lamari.

Según explicó ayer Cartagena, la Policía le dijo que no hablara de Lamari en sede judicial. Centró sus ataques en un inspector de la Unidad Central de Información Exterior apellidado Moreno, al que responsabilizó de las presiones y de las indicaciones sobre lo que debía declarar o no ante los jueces. «Si la declaración duró seis horas, las tres horas anteriores estuve reunido con la UCIE para que me dijeran lo que debía y no debía decir», explicó Cartagena sobre los testimonios que prestó ante el juez Garzón en el marco de la denominada operación Nova.

Y una de esas recomendaciones fue no aportar ninguno de los datos que él conocía sobre los vínculos entre la organización terrorista ETA y los islamistas. Uno de esos datos o informaciones se lo contó Mohamed Achraf, encarcelado por liderar una célula que presuntamente pretendía volar la Audiencia Nacional.

En concreto, Cartagena explicó que ese presunto terrorista había entrado en contacto con el etarra Juan José Rego Vidal (encarcelado por tratar de asesinar al Rey) y que éste le ofreció teléfonos de miembros de ETA que le podían ayudar si trataba de intentar alguna acción.

También explicó Cartagena que antes del 11-M, «bastante antes», en un encuentro con Mustafa Rifi y Said Berraj se habló de la colaboración de «infieles con islamistas» para actos terroristas en zonas públicas. Rifi, según el testigo protegido de la Audiencia Nacional, puso un ejemplo sobre ETA: «A éstos les vendría bien porque así obtendrían beneficios económicos con la venta de explosivos y, además, se atentaría contra intereses comunes, lo que les satisfaría también a ellos».

Cartagena recordó que la Policía le prohibió que aportara los datos que tenías sobre ETA y que se olvidara de Allekema Lamari, otro de los presuntos autores de la masacre del 11-M que después murió en Leganés: «Me encargaron que localizara a Lamari y, una vez que lo localicé, mi misión había acabado».

El confidente explicó que cuando estaba haciendo labores para buscar a Lamari observó cómo los agentes de la UCIE le seguían: «Me dieron documentos policiales sobre Lamari con su foto junto a la de otro que ahora no recuerdo su nombre». Estos documentos, continúa, «me los quitaron durante un falso registro que realizaron en mi casa».

Tras la masacre, antes de comparecer ante Garzón y Del Olmo, el testigo protegido, según su declaración de ayer, además de recibir instrucciones de la UCIE de no citar a Lamari, también le ordenaron que no contara a la Justicia que, durante su colaboración policial, había recibido indicaciones para que tratara de acercar a Jamal Zougam a la célula de El Tunecino. Cartagena aseguró que no llegó a conocer a Zougam. También declaró el confidente policial que conocía a Jamal Ahmidan, al que identificó por Jamal Chino. Aseguró que era «un drogadicto y un ladrón. Era de todo menos religioso».

Cartagena describió cómo la Policía le fue a buscar la madrugada del 3 de abril a Almería y le trasladó a Madrid: «Estuve en el Campo de las Naciones». Allí, según su testimonio, uno que dijo ser comisario, le preguntó por todo lo que sabía sobre la célula. Él le contestaba que ya había contado todo a su controlador, que estaba allí presente. El confidente asegura que en aquel encuentro creyó escuchar a ese comisario: «Como este moro hable, la hemos cagado».

Cartagena explicó que en aquel encuentro le propusieron, sobre las 12.00 horas, ir a Leganés ya que, según le dijo su controlador, habían descubierto el piso en el que estaban sus amigos. «Me pidieron que fuera para ver si eran los mismos o había alguno más. Si les hubiera obedecido habría habido ocho muertos en Leganés», sentenció.

Describió lo que, según las partes, ya se conoce como la última cena: el encuentro que mantuvo con los presuntos autores un mes antes de la masacre. En dicho encuentro estaban El Tunecino, Mohamed Afalah y Mohamed Ouazzani, entre otros. El Tunecino, según este testimonio, pidió «mártires» y todos los presentes levantaron la mano.

El Tunecino, líder de la célula, explicó la posibilidad de practicar la yihad en los países donde se reside: «El que vivía en Francia, en Francia y el que vivía en España, en España». Inmediatamente, Cartagena alertó a la UCIE pero, como era viernes por la tarde, le citaron para el lunes: «¿No sabes que los fines de semana estamos con la familia? Ese lunes su controlador le dijo que dejara ya a ese grupo y que abandonara Madrid. Primero le intentó trasladar a Barcelona, pero acabó en Granada. El mensaje fue claro: «Deja ese grupo y vete de Madrid por tu propio bien».

Al final de la vista el presidente del tribunal, el magistrado Gómez Bermúdez, recuperó un escrito de la UCIE dirigido al Juzgado Central de Instrucción Número 6 donde se daba cuenta de que, por orden del Juzgado Central de Instrucción número 5, se habían destruido dos notas informativas que la Policía había elaborado con la información facilitada por el confidente Cartagena.

El escrito de la Policía, fechado el 29 de diciembre de 2005, intenta aclarar los motivos por los cuales no puede facilitar esas notas. «La causa por la que no se remitieron las notas informativas seis y 10 es porque no se poseen las mismas en esta Comisaría General de Información ni en formato papel ni ningún tipo de soporte informático».

 © Mundinteractivos, S.A.
 
 Jueves, 8 de marzo de 2007. Año: XVIII. Numero: 6290.
ESPAÑA
 
TESTIMONIO DEL CONFIDENTE POLICIAL 'CARTAGENA'
«¡Pero si todo esto ya os lo había dicho!»

Gómez-Bermúdez.- ¿Jura o promete decir verdad?

'Cartagena'.- Juro. [...].

Olga Sánchez (fiscal).- ¿Qué relación tuvo con El Tunecino, Maimouni, Larbi y El Egipcio?

C.- Cuando la UCIE me obligó a colaborar con ellos, empecé a acercarme y a informar sobre ellos. [...].

O. S.- Usted declara varias veces en el Juzgado ¿Siempre le decía la Policía lo que tenía que declarar?

C.- Todas las veces que he ido a declarar a la Audiencia, hemos tenido reuniones para que me dijeran cómo tenía que decir las cosas. [...].

O. S.- ¿Mantuvo una entrevista con un medio a la par que mandaba una carta desdiciéndose de sus declaraciones en la Audiencia?

C.- Eso no es cierto. Si alguien lo demuestra, cortaría mi cabeza. [...].

O. S.- En las notas de la UCIE consta que le piden que informe sobre un locutorio de Lavapiés. Usted da el nombre de Jamal Zougam.

C.- Yo nunca he sabido que existía alguien llamado Jamal Zougam. Esos informes han sido revisados por ellos, redactados de nuevo y copiados por mí otra vez. Han metido y quitado lo que han querido. [...].

José María de Pablos (letrado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M).- Ha contado usted una ocasión en la que sigue a El Tunecino y a Said Berraj en una moto ¿Qué es exactamente lo que vio?

C.- Una vez que yo estaba en Atocha con mi moto, vi a Serhane y a Berraj en otra moto. Yo ya no informaba a la UCIE. Les seguí y me llamó mucho la atención cuando cogen la calle que yo cogía siempre para reunirme con la UCIE. Y resulta que la moto de Berraj se para justo en la cafetería donde yo me reunía con los agentes. Entraron, yo esperé dos minutos y entré también, con el casco puesto. Encuentro a El Tunecino ya sentado con el agente de la UCIE con el que yo me veía. Estaban hablando con tranquilidad, ni estaba detenido ni lo estaban interrogando. Y [había] otro agente de pie, leyendo una revista. Como sabéis, los VIPS tienen una librería. Y Said Berraj, desaparecido. Cuando me volví a ver con agentes de la UCIE, dije: «¿No crees que El Tunecino trabaja para algún servicio?». No les gustó.

J. M. P.- ¿En qué VIPS sucedió?

C.- Cerca de metro Colombia.

J. M. P.- ¿Conoció a Jamal Ahmidan [El Chino]?

C.- Sí. Drogadicto, ladrón... Nada que ver con la religiosidad. [...].

J. M. P.- ¿En qué consistió [la última cena con El Tunecino]?

C.- Fue una reunión muy extraordinaria. Lo primero que pidió fue que apagáramos todos los móviles, y comprobó teléfono por teléfono. Recitó un poco el Corán y dijo: «Lo que queremos son mártires. No preparar gente para llevarla a Afganistán o a Chechenia. Mártires que estén dispuestos donde estén. Si viven en España, que estén preparados en España. ¿Quién está preparado?». Todo el mundo levantó la mano.

J. M. P.- ¿Cree que el grupo tenía capacidad económica para llevar a cabo el atentado sin ayuda exterior?

C.- Ninguna. Algunos de ellos no tenían ni para gasolina.

J. M. P.- ¿Comunicó a la UCIE el contenido de esa reunión?

C.- Sí. Fue la primera vez que me di cuenta de que algo fallaba. Cuando pasa lo de la cena, llamé un viernes y les dije: «Es muy importante». Contestaron que ellos no trabajaban el fin de semana. El lunes nos encontramos y se lo cuento todo. Me dijeron: «Vete a tu casa y no vuelvas a reunirte con ese grupo». [...].

J. M. P.- En el escrito que presenta en la Audiencia el 1 de diciembre de 2006, dice usted que «la UCIE me prohibió mencionar ante el juez la relación ETA-islamistas, aunque les informé sobre el tema en varias ocasiones» ¿Qué relaciones entre ETA e islamistas conocía usted?

C.- Yo creo que ninguna. Pequeñas cosas, como un encuentro entre Saif Berraj, Mustafa Rifi y yo. Estuvimos hablando de si se podía pedir ayuda a los no musulmanes. Uno de ellos opinó y dijo, «claro, por ejemplo a ETA. Si pedimos ayuda a ETA, no es que nos vayan a hacer un favor. Ellos nos venderían los explosivos, se beneficiarían económicamente, y si les decimos que vamos a atentar en un sitio que a ellos les interesa, estarían muy alegres, porque van a conseguir su objetivo sin mancharse las manos». [...].

J. M. P.- Habla de una relación entre Mohamed Achraf y [el etarra] Rego Vidal ¿En qué consistía?

C.- Coincidieron en la cárcel. [Achraf] me dijo que le había facilitado números de miembros de ETA. Y que le había comunicado que, si necesitaba ayuda, no dudase en llamar a esas personas [...].

J. M. P.- ¿Puede relatar todo lo que le ocurre el 3 de abril?

C.- Me llamaron el 2 de abril por la noche. A las 7.00 horas vinieron unos agentes. Me dijeron: «Te vamos a llevar a Madrid urgentemente». Tardamos dos horas y media desde Almería. [...]. Nos reunimos en el parque Juan Carlos I con un comisario. Me empezaron a preguntar por el grupo de El Tunecino. Yo decía: «¡Pero si todo esto ya os lo había dicho!». El supuesto comisario se levantó, y le oí decir: «Como este moro hable, la hemos cagado. [...]. Serían las 12.15 horas. Querían que fuese al piso de Leganés [...]. Hubieran muerto ocho.

 © Mundinteractivos, S.A.
 

 

 
 

 

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