No defraudó a nadie. Estaba llamado
a ser uno de los protagonistas del juicio por la masacre
del 11-M. Durante meses, fue referente religioso de
muchos de los presuntos implicados en la matanza
mientras informaba puntualmente a la Policía de todos
los detalles que obtenía.
Cartagena detalló ayer
que desde mediados de 2002 estuvo facilitando
información a la Unidad Central de Información Exterior
(UCIE) sobre El Tunecino, Said Berraj, Mustapha Maimouni,
Mohamed Larbi Ben Sellam y Mohamed Afalah, entre otros.
Desveló que un año antes de la masacre, en 2003, vio a
El Tunecino con la Policía.
El testigo protegido aseguró que la mayoría de los
datos que aportó a la UCIE fueron, posteriormente,
incluidos en «notas informativas» y reflejados en sus
declaraciones ante el juez Baltasar Garzón, primero, y
después, en menor medida, al juez instructor de la
masacre de Madrid, Juan del Olmo.
El testigo protegido bautizado como 'Cartagena'
aseguró que durante meses informó puntualmente a los
agentes de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE)
sobre las actividades de la célula de 'El Tunecino' y
que los agentes siempre le decían: «Éstos mucho hablar y
poco actuar».
Pero, acto seguido, Cartagena aclaró que muchos de
esos datos los incluía la Policía en sus notas, sin que
fuera información facilitada por él. El confidente fue
un paso más allá y aseguró que todas sus declaraciones
judiciales fueron previamente preparadas por la Policía:
«Siempre antes de acudir a la Audiencia Nacional a
declarar nos reuníamos y me decían lo que tenía que
decir».
Cartagena aseguró que todo lo que declaró ayer
era «la verdad». Y entre los datos que el confidente
policial puso sobre la mesa había uno de los testigos
clave del Ministerio Público. Cartagena desveló que vio
al presunto líder de la célula autora del 11-M, El
Tunecino, con policías de la UCIE en un local público de
Madrid un año antes de la matanza.
En concreto, explicó que estaba en la plaza de
Atocha, cuando vio a El Tunecino y a Said Berraj, y les
siguió. Vio cómo entraron en un establecimiento VIPS
situado cerca del metro de Colombia, en Madrid. Y
Cartagena también entró: «No me quité el casco de la
moto para que no me reconocieran». El confidente asegura
que observó a El Tunecino sentado en una mesa hablando
con un agente de la UCIE y que también vio a otro
agente, en la misma zona, hojeando unas revistas: «Creo
que Berraj estaba también en el local, pero no los vi
juntos».
El encuentro entre policías e islamistas se produjo
un año antes de la matanza. Cartagena indicó que en ese
mismo establecimiento era donde él mantenía sus
contactos con los agentes de la UCIE, a los que
informaba sobre los datos que obtenía sobre la célula
islamista radical.
El testigo de la fiscal insistió, a preguntas de
todas las acusaciones, que las declaraciones que prestó
en su día ante los jueces Garzón y Del Olmo estuvieron
previamente organizadas por sus controladores de la UCIE.
Cartagena también aseguró que accedía a ello «por miedo»
y en algunas ocasiones «al sentirse amenazado».
El confidente policial llegó a afirmar que fue
golpeado en algunas ocasiones por esos agentes. Denunció
también que fue amenazado con expulsarle de España, pese
a que se consideraba seguro al estar casado con una
española. «Ahora ya no tengo ningún miedo», indicó.
Cartagena ratificó totalmente la denuncia que el
pasado mes de diciembre presentó ante la Audiencia
Nacional en la que aseguraba que muchos de los datos que
fue aportando durante meses a la UCIE los contó bajo
presiones de sus controladores. En esa denuncia desgranó
algunas de las indicaciones que recibió de la Policía
sobre lo que debía incluir en sus notas y las
prohibiciones de citar algunos nombres en sus
declaraciones policiales, como es el caso de Allekema
Lamari.
Según explicó ayer Cartagena, la Policía le dijo que
no hablara de Lamari en sede judicial. Centró sus
ataques en un inspector de la Unidad Central de
Información Exterior apellidado Moreno, al que
responsabilizó de las presiones y de las indicaciones
sobre lo que debía declarar o no ante los jueces. «Si la
declaración duró seis horas, las tres horas anteriores
estuve reunido con la UCIE para que me dijeran lo que
debía y no debía decir», explicó Cartagena sobre los
testimonios que prestó ante el juez Garzón en el marco
de la denominada operación Nova.
Y una de esas recomendaciones fue no aportar ninguno
de los datos que él conocía sobre los vínculos entre la
organización terrorista ETA y los islamistas. Uno de
esos datos o informaciones se lo contó Mohamed Achraf,
encarcelado por liderar una célula que presuntamente
pretendía volar la Audiencia Nacional.
En concreto, Cartagena explicó que ese presunto
terrorista había entrado en contacto con el etarra Juan
José Rego Vidal (encarcelado por tratar de asesinar al
Rey) y que éste le ofreció teléfonos de miembros de ETA
que le podían ayudar si trataba de intentar alguna
acción.
También explicó Cartagena que antes del 11-M,
«bastante antes», en un encuentro con Mustafa Rifi y
Said Berraj se habló de la colaboración de «infieles con
islamistas» para actos terroristas en zonas públicas.
Rifi, según el testigo protegido de la Audiencia
Nacional, puso un ejemplo sobre ETA: «A éstos les
vendría bien porque así obtendrían beneficios económicos
con la venta de explosivos y, además, se atentaría
contra intereses comunes, lo que les satisfaría también
a ellos».
Cartagena recordó que la Policía le prohibió que
aportara los datos que tenías sobre ETA y que se
olvidara de Allekema Lamari, otro de los presuntos
autores de la masacre del 11-M que después murió en
Leganés: «Me encargaron que localizara a Lamari y, una
vez que lo localicé, mi misión había acabado».
El confidente explicó que cuando estaba haciendo
labores para buscar a Lamari observó cómo los agentes de
la UCIE le seguían: «Me dieron documentos policiales
sobre Lamari con su foto junto a la de otro que ahora no
recuerdo su nombre». Estos documentos, continúa, «me los
quitaron durante un falso registro que realizaron en mi
casa».
Tras la masacre, antes de comparecer ante Garzón y
Del Olmo, el testigo protegido, según su declaración de
ayer, además de recibir instrucciones de la UCIE de no
citar a Lamari, también le ordenaron que no contara a la
Justicia que, durante su colaboración policial, había
recibido indicaciones para que tratara de acercar a
Jamal Zougam a la célula de El Tunecino. Cartagena
aseguró que no llegó a conocer a Zougam. También declaró
el confidente policial que conocía a Jamal Ahmidan, al
que identificó por Jamal Chino. Aseguró que era «un
drogadicto y un ladrón. Era de todo menos religioso».
Cartagena describió cómo la Policía le fue a buscar
la madrugada del 3 de abril a Almería y le trasladó a
Madrid: «Estuve en el Campo de las Naciones». Allí,
según su testimonio, uno que dijo ser comisario, le
preguntó por todo lo que sabía sobre la célula. Él le
contestaba que ya había contado todo a su controlador,
que estaba allí presente. El confidente asegura que en
aquel encuentro creyó escuchar a ese comisario:
«Como este moro hable, la hemos cagado».
Cartagena explicó que en aquel encuentro le
propusieron, sobre las 12.00 horas, ir a Leganés ya que,
según le dijo su controlador, habían descubierto el piso
en el que estaban sus amigos. «Me pidieron que fuera
para ver si eran los mismos o había alguno más. Si les
hubiera obedecido habría habido ocho muertos en Leganés»,
sentenció.
Describió lo que, según las partes, ya se conoce como
la última cena: el encuentro que mantuvo con los
presuntos autores un mes antes de la masacre. En dicho
encuentro estaban El Tunecino, Mohamed Afalah y Mohamed
Ouazzani, entre otros. El Tunecino, según este
testimonio, pidió «mártires» y todos los presentes
levantaron la mano.
El Tunecino, líder de la célula, explicó la
posibilidad de practicar la yihad en los países donde se
reside: «El que vivía en Francia, en Francia y el que
vivía en España, en España». Inmediatamente, Cartagena
alertó a la UCIE pero, como era viernes por la tarde, le
citaron para el lunes: «¿No sabes que los fines de
semana estamos con la familia? Ese lunes su controlador
le dijo que dejara ya a ese grupo y que abandonara
Madrid. Primero le intentó trasladar a Barcelona, pero
acabó en Granada. El mensaje fue claro: «Deja ese grupo
y vete de Madrid por tu propio bien».
Al final de la vista el presidente del tribunal, el
magistrado Gómez Bermúdez, recuperó un escrito de la
UCIE dirigido al Juzgado Central de Instrucción Número 6
donde se daba cuenta de que, por orden del Juzgado
Central de Instrucción número 5, se habían destruido dos
notas informativas que la Policía había elaborado con la
información facilitada por el confidente Cartagena.
El escrito de la Policía, fechado el 29 de diciembre
de 2005, intenta aclarar los motivos por los cuales no
puede facilitar esas notas. «La causa por la que no se
remitieron las notas informativas seis y 10 es porque no
se poseen las mismas en esta Comisaría General de
Información ni en formato papel ni ningún tipo de
soporte informático».