Las pruebas de los expertos para
determinar el tipo de explosivo que se utilizó para
hacer volar los trenes no han sido sino el reflejo de la
negativa, por parte de los altos mandos policiales, a
admitir una realidad que contradecía su versión
preconcebida. Por eso, cuando apareció el DNT, el
policía Alfonso Vega, director de la pericia, profirió
duras descalificaciones contra el jefe de los Tedax,
dando a entender que en los análisis que realizó el día
de la masacre también tuvo que detectar este componente
ajeno a la dinamita robada en Asturias.
MADRID. - El pasado
11 de junio, en su intervención ante el tribunal, el
fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza,
hizo una encendida defensa de la versión oficial sobre
lo ocurrido el 11 de Marzo de 2004. Su contundencia, el
aplomo que le da la experiencia, no sirvieron para
ocultar una cierta sensación de frustración, de
insatisfacción ante el desarrollo de una vista oral que
no ha hecho sino poner de relieve las enormes carencias
probatorias de la Fiscalía para sostener una tesis tan
simple como políticamente correcta. Es decir, tan cómoda
para el Gobierno.
Se da como bueno, en las conclusiones finales de
la Fiscalía, que el Skoda Fabia estuvo en el lugar de
los hechos desde el mismo día 11 de Marzo. Es decir, que
estaba aparcado en la calle del Infantado, cerca de la
estación de Alcalá de Henares, a unos 20 metros de la
Renault Kangoo que contenía los detonadores, el resto de
cartucho y la cinta coránica que se convirtieron en las
primeras pistas de la investigación policial. La versión
de Zaragoza nos lleva a admitir que ni la Policía
Municipal, ni la Brigada de Información, ni la Policía
Científica se tomaron la molestia de mirar y comprobar
las matrículas de los automóviles aparcados al lado de
la Kangoo.
Sobre la mochila de Vallecas, el fiscal se conformó
con expresar su opinión sobre la no ruptura de la cadena
de custodia. Obvió el informe final de la UCIE y la UCI,
que incluye en una de sus conclusiones que la citada
mochila «pudo ser manipulada en el Ifema». Ni siquiera
mencionó el hecho de que se escamoteara al tribunal el
testimonio del responsable de la custodia de una de las
pruebas clave, el inspector jefe Miguel Angel Alvarez,
que expresó sus dudas sobre la validez de esa prueba al
juez Del Olmo y que, precisamente por ello, no fue
llamado a declarar ante el tribunal.
Zaragoza no explicó por qué ha desaparecido del
informe del Ministerio Público un tiroteo que
presuntamente se produjo en las cercanías del piso de
Leganés el 3 de abril de 2004, cuando ya la citada
vivienda estaba rodeada de policías, y que figura en el
escrito de acusación firmado por la fiscal Olga Sánchez.
Por no hablar de la increíble versión según la cual
Jamal Zougam saltaba de vagón en vagón y utilizaba como
disfraz una llamativa férula implantada en su nariz.
Y, como en un atentado de tales proporciones resulta
poco menos que increíble que se llevase a cabo sin que
existiera un jefe, un autor intelectual, alguien de
mayor nivel que El Chino o El Tunecino, la Fiscalía ha
seguido manteniendo, a pesar del varapalo de los
traductores, que Rabei Osman, El Egipcio, es la persona
de la que «pendía el hilo» del 11-M.
LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE GOMA 2 ECO
Sin embargo, lo más sorprendente de la exposición de
la Fiscalía no son esos aspectos, con ser importantes.
Ni siquiera el hecho de que Zaragoza enmascarase esas
grietas en su argumentario incriminatorio con una
diatriba contra los periodistas y las acusaciones que no
han desfilado por la tramposa vereda de la verdad
oficial. No. Lo más increíble de todo es que, para
Zaragoza, «da igual el explosivo que se utilizara» en el
atentado.
El del 11-M podría pasar así a la historia como el
primer proceso en el que el arma no es relevante a la
hora de determinar la autoría del crimen.
¿Pero cómo puede sostener la Fiscalía que el resto de
las pruebas aportadas en el proceso hace poco menos que
irrelevante saber qué explotó en los trenes?
Volvamos por un momento al 11 de Marzo.
Recordemos la famosa reunión de la cúpula de Interior
en el despacho del secretario de Estado de Interior,
entonces Ignacio Astarloa, en la que, según el
subdirector operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado,
su subordinado, el comisario jefe de Seguridad
Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, le dice por teléfono
que el explosivo es «Tita-dyn con cordón detonante».
Ese dato, según los testimonios de todos los mandos
policiales ante el tribunal, llevó a pensar que,
efectivamente, la masacre había sido obra de ETA.
Ese mismo día, en una reunión celebrada a las 17.00
horas, esta vez en el despacho del director general de
la Policía, el ahora denostado Agustín Díaz de Mera, el
propio Cuadro Jaén le dijo a Díaz Pintado que no se
trataba de Titadyn, sino de una dinamita de la que
todavía no se sabía la marca.
Fue a partir de entonces cuando la hipótesis de la
autoría de ETA comenzó a perder fuerza. Porque, si no
era Titadyn, según la versión de los jefes policiales,
casi seguro que no era ETA.
Sobre las 14.00 horas de ese mismo día ya se habían
hecho los primeros análisis de los restos de los focos.
La perito jefe de los Tedax (Marian) tenía sobre su mesa
las primeras conclusiones sobre el explosivo. Pero, sin
embargo, según su versión, no hizo ningún informe por
escrito.
El tipo de explosivo que, consecuentemente, debía
llevar a la consolidación de una hipótesis sólida sobre
la autoría del atentado, era, por tanto, una incógnita
en las primeras horas de la tarde del 11-M.
Sin embargo, sobre las 15.00 horas había llegado a
las dependencias de la Comisaría General de Información,
en Canillas, la Kangoo cargada de pistas sobre los
presuntos asesinos. Los Tedax decidieron enviar el trozo
de cartucho al laboratorio de la Policía Científica,
junto a un resto de polvo de extintor recogido de uno de
los focos de la estación de El Pozo, y a un pedazo de
cartucho de Goma 2 ECO, «para cotejo» con las citadas
muestras. Es decir, que el comisario jefe de los Tedax,
Juan Jesús Sánchez Manzano, ya estaba convencido o, al
menos, eso quería hacer creer, poco después de las 15.00
horas del día 11 de Marzo, de que los terroristas habían
utilizado Goma 2 ECO y no ninguna otra cosa.
El informe con el resultado de los análisis (el
173-Q1-04) no se redactó hasta por la noche de ese mismo
día. En él se establecía la absoluta coincidencia
(incluida la aparición de un misterioso elemento llamado
metenamina) entre los componentes del resto de cartucho
hallado en la Kangoo y el trozo de supuesta muestra
patrón de Goma 2 ECO.
Marian (la perito identificada ante el tribunal por
su carné profesional 17632), no paró de llamar en toda
la tarde a uno de los peritos del laboratorio de la
Policía Científica para saber el resultado del citado
análisis, instada por su jefe Sánchez Manzano. ¿Por qué
estaba tan interesado el jefe de los Tedax en que la
Policía Científica confirmara su hipótesis?
¡Ojo! Estamos hablando de antes de que apareciera la
mochila de Vallecas (que se localizó en la madrugada del
día 12). Es decir, ante la que, hasta ese momento, se
configuraba como única prueba sólida para determinar el
tipo de explosivo utilizado por los terroristas.
Claro que era y es importante el tipo de explosivo.
Tanto, que el relato de hechos construido por la
Fiscalía sólo se sostiene si sólo estalló Goma 2 ECO,
que es el explosivo utilizado en Mina Conchita y que
supuestamente Suárez Trashorras vendió a El Chino el 28
de febrero de 2004.
Otro explosivo lleva necesariamente a otros autores.
Eso es evidente. Y, desde luego, la aparición de Titadyn
lleva indefectiblemente a ETA.
NUEVA PERICIA: VEGA INSULTA A SANCHEZ MANZANO
Por esa razón la decisión del tribunal de realizar
una nueva pericia sobre los explosivos cayó como una
bomba no sólo en la Audiencia Nacional, sino en el
Ministerio del Interior y entre los mandos policiales
que habían sostenido, sin ningún resquicio de duda, que
lo que hizo saltar por los aires los trenes fue Goma 2
ECO.
La ya popular exclamación de la fiscal Sánchez,
«¡vale ya!», como muestra de enfado ante la sola duda de
que el explosivo fuera Goma 2 ECO, representa toda una
confesión de ese estado de ánimo y, por supuesto, de la
importancia de ese dato a la hora de confeccionar el
relato oficial de los hechos.
La propia pericia no ha sido sino el reflejo de la
negativa por parte de los altos mandos policiales a
admitir una realidad que contradecía su versión. Como
sucede con los malos periodistas, ni Interior, ni la
Fiscalía, ni el Gobierno se podían permitir que un dato
cierto estropeara su preconcebida e interesada tesis. A
saber: unos fanáticos islamistas, influidos por Al Qaeda,
decidieron dar un escarmiento a España por la decisión
de Aznar de apoyar la Guerra de Irak; para ello,
compraron más de 200 kilos de Goma 2 ECO a unos mineros
hampones e hicieron estallar los trenes tres días antes
de las elecciones para que el PP perdiera el Gobierno.
Pero, en un proceso penal, no sólo hay que mantener
una teoría, sino, y sobre todo, hay que sustentar la
culpabilidad de los imputados con hechos, con pruebas.
Vayamos por tanto a la pericia, auténtico
caleidoscopio de lo que ha sido este proceso de
ocultación de la verdad.
Como se recordará, tras acordar el tribunal la
realización de la nueva pericia sobre los explosivos
(¿cabe mayor enmienda a la instrucción realizada por Del
Olmo?) se nombraron ocho peritos: cuatro oficiales (dos
nombrados por la Policía Científica y otros dos por la
Guardia Civil), y otros cuatro designados por las
partes. El día 30 de enero tuvo lugar la primera reunión
en la sede de la Policía Científica.
El tribunal adoptó todo tipo de cautelas para que la
pericia se hiciera con total transparencia. El
laboratorio donde se han hecho los análisis ha estado
constantemente vigilado por cuatro cámaras situadas en
lugares estratégicos. Todo, absolutamente todo lo que ha
sucedido a lo largo de los tres meses y medio que ha
durado la pericia está grabado en cintas de vídeo y de
audio. Un secretario judicial, a modo de notario, ha
sido el encargado de que las pruebas se realizaran con
normalidad.
Los peritos han estado, por así decirlo, sometidos a
constante escrutinio. Las cintas de vídeo que reflejan
sus conversaciones, sus enfados, e incluso los momentos
de tensión que se han producido durante todo ese tiempo,
tienen un valor incalculable. Esa especie de Gran
Hermano en el que han participado los ocho peritos
durante más de 100 días es, sin duda, una prueba de
convicción para el tribunal, la demostración palpable de
cuál ha sido la actitud de los representantes de la
versión oficial (con una notable excepción, como se
verá).
Durante los primeros días, reinó la calma y los
buenos modos. El día 2 de febrero, el director de la
pericia, Alfonso Vega, (facultativo de la Policía
Científica), preparó las muestras para realizar el
análisis sobre la muestra M-1 (el ya referido polvo de
extintor que los Tedax remitieron el 11 de Marzo al
laboratorio de la Policía Científica). El día 5 de
febrero, Vega y el perito nombrado por las partes,
Antonio Iglesias, comenzaron a analizar esa muestra con
el cromatógrafo Agilent. Operaron con una columna
conocida como Tracer Extrasil ODS2. A los 7.45 minutos
apareció un pico de retención correspondiente al
componente nitrogricol. Poco después, a los 8.374
minutos, observaron otro pico cuyo espectro se asemejaba
a la nitroglicerina.
El dato era muy importante. Sin embargo, al análisis
de la muestra M-1, que después se convertiría en el
principal caballo de batalla de la pericia, quedó
aparcado momentáneamente ante la aparición de un nuevo
elemento.
El 6 de febrero, cuando el propio Iglesias y el otro
perito de la Policía Científica, Andrés de la Rosa,
analizaban un resto de una pila procedente de uno de los
focos, la muestra conocida como M-6.12, saltó la gran
sorpresa: dinitrotolueno (DNT). Alfonso Vega no lo podía
creer. Hasta que no lo comprobó con sus propios ojos. En
ese momento fue cuando comenzó a proferir gritos e
insultos contra los Tedax y, en especial, contra su
jefe, Sánchez Manzano. Todo ello, delante de las
cámaras. Era como si el responsable de la pericia se
hubiera dado cuenta en ese preciso instante de que el
responsable de los Tedax les había ocultado ese dato. Al
fin y al cabo, hay que recordarlo, fue el laboratorio de
los Tedax el que hizo los análisis de los focos, cuyas
muestras no se enviaron a la Policía Científica.
¿Fue tal vez por esa razón por la que la perito de
los Tedax llamó insistentemente al laboratorio de la
Policía Científica en la tarde noche del día 11? ¿Sabía
Sánchez Manzano que en los focos había no sólo DNT, sino
nitroglicerina, como dijo ante la Comisión
Parlamentaria?
La pericia había entrado en una fase crítica. En
teoría, el 13 de febrero los peritos tenían que entregar
sus conclusiones al tribunal y, para sorpresa de todos,
en el análisis de los focos aparecía con absoluta
claridad un componente que no forma parte de la Goma 2
ECO.
En el primer informe preliminar entregado a Gómez
Bermúdez aparece reflejado ese dato, que ponía de
manifiesto dos cosas: la primera, que no se podía
sostener que en los trenes estalló Goma 2 ECO; la
segunda, que los peritos oficiales, que al principio
actuaron como técnicos, comenzaban ya a adoptar una
posición más política con el objeto de mantener esa
hipótesis contra viento y marea.
Tras la aparición del DNT, Vega ordenó la repetición
de todos los análisis de las muestras de explosivo
intacto, bajando el umbral de identificación. Es decir,
aumentando la sensibilidad de los aparatos utilizados
para tratar de detectar ese componente en dichos restos
en los que, durante las primeras pruebas, y sometidos a
los mismos ensayos que tras los atentados, no había sido
detectado.
Pero el resultado fue igualmente asombroso. Por un
lado, el DNT aparecía en proporciones mínimas, al
contrario de lo que sucedía en las muestras de los
focos, en las que se manifestaba claramente como un
componente del explosivo. Por otro, el DNT sólo aparecía
en las muestras custodiadas por los Tedax, no en las que
habían estado bajo el control de la Guardia Civil. Ese
hecho, desmontaba, por sí solo, la teoría, expresada por
Vega de forma improvisada, de que ese componente
provenía de la contaminación en la fábrica de Maxam
(antes Unión Española de Explosivos), que,
anteriormente, había producido en sus instalaciones de
Páramo de Masa Goma 2 EC (que sí contiene dinitrotolueno).
Vega trató de demostrar que el DNT era fruto de una
reacción química y forzó la realización de pruebas de
envejecimiento (por medio del calentamiento de las
muestras), lo que resultó otro rotundo fracaso para su
atrabiliaria hipótesis.
Llegó el momento de entregar el segundo informe
preliminar al tribunal y ese hecho provocó otro de los
momentos tensos de la pericia.
Los peritos oficiales sostuvieron que la aparición
del DNT en la mayoría de las muestras de explosivo
intacto demostraba que no se trataba de un componente
del explosivo, sino que era el fruto de una
contaminación.
A última hora de la tarde del día 26 de febrero, de
forma casual, uno de los peritos de las partes
sorprendió al perito de la Policía Científica Andrés de
la Rosa remitiendo un fax a la Audiencia Nacional con
las conclusiones de los peritos oficiales y sin la firma
del resto.
Los cuatro peritos de las partes montaron en cólera
ante esa maniobra y forzaron la elaboración de otro
documento en el que hicieron constar sus alegaciones.
Sin embargo, la noticia ya había sido
convenientemente filtrada a los medios amigos. De esa
forma, El País, por ejemplo, tituló en su portada a
cuatro columnas en su edición del 27 de febrero: «El
análisis final de explosivos del 11-M desbarata la tesis
clave de la conspiración». Según el citado rotativo, en
ese supuesto informe final se ponía de manifiesto que el
explosivo que estalló en los trenes era Goma 2 ECO, «del
mismo tipo que la robada en Asturias» y que el DNT no
era un componente del explosivo sino que «se había
contaminado en su fabricación o en otro momento».
¿Se referiría a nuestros colegas de El País la fiscal
Sánchez cuando, en su alegato ante el tribunal el pasado
día 12, habló de periodistas que no están a la altura de
la responsabilidad que requiere su profesión?
Ya hemos expuesto en estas mismas páginas los
denodados esfuerzos del director de la pericia,
instruido por su jefe, el comisario general de Policía
Científica, Miguel Angel Santano, por argumentar con
poco éxito distintas teorías para justificar que la
aparición de componentes incompatibles con la Goma 2 ECO
era siempre atribuible a peregrinas causas. No
insistiremos en ello.
Pero trasladémonos a otra fecha clave de la pericia.
El 20 de marzo de 2004. En la mañana de ese preciso día,
otro de los peritos de las partes, Carlos Romero, y
Carlos Atoche (teniente de la Guardia Civil y defensor
acérrimo de la versión oficial), cuando se encontraban
realizando un análisis en un cromatógrafo de gases marca
Varian con la muestra M-1 (el polvo de extintor),
descubrieron nitroglicerina. Claramente. El hecho
provocó un evidente nerviosismo en el director de la
pericia y en el propio Atoche (que ejercía de primus
inter pares entre los peritos de la Benemérita).
Vega puso el
grito en el cielo:
«No puede ser
nitroglicerina. Lo digo yo, que soy el director de la
pericia. Y si hay dudas, impongo mi criterio».
El perito Antonio Iglesias recordó en ese momento
que, ya en un primer análisis, realizado el 5 de
febrero, se detectó un pico de nitroglicerina en aquella
misma muestra.
Si el DNT desbarataba la teoría oficial, la
nitroglicerina llevaba directamente en la dirección
contraria: no sólo no podía ser Goma 2 ECO, sino que
podía ser Titadyn. ¡Horror!
Como el dato era trascendental, el hallazgo se
sometió a diversas verificaciones. La primera consistió
en una cromatografía de gases en un cromatógrafo marca
Agilent, utilizando el método split. Posteriormente, se
sometió a la M-1 a una nueva comprobación en
cromatografía líquida HPLC. Todas esas analíticas dieron
positivo: es decir, seguía apareciendo con absoluta
claridad la nitroglicerina. Pero, para que
desaparecieran todas las dudas, aún se sometió a la
muestra a otras dos pruebas de HPLC, que, naturalmente y
para desesperación de Vega, dieron, de nuevo, positivo.
Ante el callejón sin salida al que se había llegado,
la aparición de un elemento cuya existencia se negaba a
admitir el director de la pericia, los cuatro peritos de
las partes optaron por elaborar un escrito para
remitirlo al presidente del tribunal antes de las
fiestas de Semana Santa.
Según el testimonio de uno de los peritos de las
partes, el acuerdo para hacer llegar el documento dando
cuenta del hallazgo de la nitroglicerina al juez Gómez
Bermúdez antes del paréntesis de la Semana Santa se
produjo porque, tal y como dijo: «No nos fiábamos de lo
que podía suceder durante esos días».
Y no es que estemos ante gente particularmente
suspicaz. Es que las semanas de convivencia en el
laboratorio de la Policía Científica habían puesto de
manifiesto la predisposición de los peritos oficiales a
desechar por principio todo cuanto se apartaba de sus
tesis.
Algunas casualidades, como el apagón que se produjo
en el laboratorio justo después de la aparición del DNT
o el súbito borrado de la base de datos del ordenador
del laboratorio del archivo donde se encontraban los
ensayos realizados sobre la M-1 no alentaban
precisamente a crear un clima de confianza entre
profesionales que, probablemente en otras
circunstancias, hubiesen llegado a iguales o parecidas
conclusiones.
En ocasiones, la falta de colaboración por parte de
los peritos oficiales hacía pensar en algo más grave.
Por ejemplo, Vega no tuvo ningún inconveniente en
mostrar el cromatógrafo que realizó en su día con la
M-1. Es decir, el que dio lugar al informe 173-Q1-04.
Sin embargo, cuando Iglesias le instó a que le enseñara
el que se hizo con el explosivo hallado en la mochila de
Vallecas (el que se corresponde con el informe
173-Q2-04), Vega se negó en redondo. ¿Por qué?
Por fin, el 29 de marzo, los cuatro peritos de las
partes ya tenían elaborado su escrito. El texto fue
leído a los cuatro peritos oficiales en la tarde de ese
mismo día. Los dos peritos de la Policía Científica
(Vega y De la Rosa) se opusieron de plano a su
contenido. Un perito de la Guardia Civil (Atoche) ponía
muchas reservas, pero el otro teniente (José Luis
Ferrando) se adhirió a su contenido, aunque advirtió de
que le iba a ser imposible firmarlo.
En la mañana del 30 de marzo, el escrito fue remitido
al presidente del tribunal. Esa misma mañana, Atoche
aceptó la presencia de la nitroglicerina en la M-1 y, en
última instancia, también lo hizo el propio Vega, quien,
aunque se negó a firmar el documento, admitió su
existencia verbalmente ante una de las cámaras
instaladas en el laboratorio.
VEGA SE NIEGA A LA INSPECCION DEL ALMACÉN DE LOS
TEDAX: NO QUIERE «CREAR VICTIMAS»
El asunto se había puesto muy feo para los defensores
de la teoría oficial.
Según los peritos de las partes, los restos de
explosivo hallado en la muestra M-1, la única
correspondiente a los focos que no había sido lavada con
acetona y agua, apuntaba, sin ninguna duda, al Titadyn.
Y así se demostró cuando se compararon las analíticas de
dicha muestra con las que se hicieron con el explosivo
incautado a ETA en Cañaveras.
Pero Vega, como siempre, al quite, utilizó un nuevo
argumento para desanimar a los peritos de las partes. En
la M-1 había restos de ftalato de dibutilo (DBF), un
componente de la Goma 2 ECO que no incluye el Titadyn.
Casualmente, uno de los peritos de las partes
(Gabriel Moris) sabe bastante de plásticos e
inmediatamente echó por tierra tan socorrida como
endeble explicación.
La presencia del DBF va asociada a la de determinados
polímeros, en los que interviene como plastificante y,
muy especialmente, a la del cloruro de polivinilo (el
conocido PVC). Con ese compuesto se fabrican muchos
artículos de plástico, como tubos, bolsas, mobiliario,
etc. E incluso también está presente en pinturas. Dar
relevancia a la aparición de DBF en los restos hallados
en los focos de las explosiones, en las que hay restos
de pintura y plásticos, era una muestra más de la
desesperación en la que se encontraban los peritos
oficiales en ese momento tan crucial.
Finalmente, el director de la pericia tuvo que
admitir: «Nunca diagnosticaré por la presencia de estos
picos (los ftalatos) que es Goma 2 ECO».
Pero Vega estaba sometido a una fuerte presión. No
olvidemos que el laboratorio de la Policía Científica
está justo al lado del despacho del comisario Santano.
Así que, una y otra vez, el director de la pericia tenía
que sacar de su chistera nuevas teorías para
contrarrestar la evidencia de los datos. Y así fue como
se sacó de la manga la teoría de la porosidad de las
bolsas donde se habían guardado los restos y, como
consecuencia de ello, la contaminación de los mismos en
el laboratorio de los Tedax.
El día 12 de abril se produjo quizás el momento de
mayor tensión entre los dos grupos de peritos. Dada la
insistencia del director de la pericia en la teoría de
la contaminación ambiental, los cuatro peritos de las
partes propusieron llevar a cabo una inspección en el
almacén de los Tedax donde se habían guardado todas las
muestras correspondientes al atentado del 11 de Marzo.
Uno de los peritos de la Guardia Civil (Ferrando) se
mostraba partidario de hacerlo, aunque reconoció que
«los jefes» le habían pedido que no respaldara la
petición de inspección del almacén de los Tedax. En un
momento de acaloramiento, Vega llegó a pronunciar la
siguiente frase: «No quiero hacer víctimas». Todos los
allí presentes lo interpretaron como una mera excusa que
tenía como justificación proteger a Sánchez Manzano.
Aunque el argumento no convenció a los peritos de las
partes, el voto de calidad de Vega evitó que Gómez
Bermúdez diera su visto bueno para que los peritos
visitaran el almacén donde presuntamente las partículas
de nitroglicerina y DNT (y no las de ningún otro
compuesto) volaron sabiamente hacia los restos de las
explosiones del 11-M para mezclarse con la Goma 2 ECO.
Por fin, el 15 de mayo (día de San Isidro), los
peritos se citaron en el complejo policial de Canillas
para firmar el anhelado informe final sobre los
explosivos.
Los cuatro peritos de las partes decidieron hacer
cada uno su propio escrito de conclusiones. Los peritos
oficiales acordaron perfilar un escrito conjunto y
decidieron reunirse aparte en una sala contigua al
laboratorio.
Los peritos de las partes se marcharon a almorzar a
mediodía a un restaurante cercano. Uno de ellos,
nervioso, se trasladó antes que sus compañeros a la sede
de la Policía Científica y, sin pretenderlo, pudo
escuchar la ruidosa discusión que mantenía Vega con los
peritos de la Guardia Civil. Para el director de la
pericia era fundamental que, al menos los cuatro peritos
oficiales, suscribieran un mismo documento con idénticas
tesis. Sin embargo, los peritos de la Guardia Civil
(sobre todo Ferrando) se oponían a admitir que el DNT
fuera un contaminante y no un componente de los
explosivos.
De esa forma y para sorpresa del Ministerio del
Interior y de la Fiscalía, los peritos de la Policía
Científica y de la Guardia Civil hicieron documentos por
separado, lo que restó aún más credibilidad a las
teorías de Vega sobre la contaminación.
Han sido tres meses y medio de tensiones y
discusiones, a veces muy duras, en las que se ha puesto
de manifiesto hasta qué punto era importante para la
teoría oficial demostrar que en los trenes estalló Goma
2 ECO.
Tal como ha resultado la pericia sobre los
explosivos, al tribunal le va a ser muy difícil
establecer cuál fue el explosivo que utilizaron los
terroristas. La Fiscalía ha demostrado en todo este
proceso que, en lugar de buscar la verdad sobre los
hechos, lo que ha pretendido siempre ha sido encajarlo
todo en una tesis preconcebida. Por mucho que se empeñen
los palmeros de la teoría oficial, la prueba que
sujetaba todo su armazón se ha derrumbado sin remedio.