El Gobierno, por boca de su
ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha
minimizado el hecho de que la sentencia absuelva a los
tres acusados por la Fiscalía de ser los cerebros o
inductores del atentado cometido el 11 de marzo de 2004.
Cada uno se conforma con
lo que puede. Mediáticamente, era más atractivo para el
Gobierno y para el PSOE vender que la sentencia les daba
la razón. Pero no es así.
Lo que no se entiende es la satisfacción de la
Fiscalía, que ya ha anunciado que no va a recurrir la
sentencia.
Al fin y al cabo, su tesis de partida, la de que el
atentado es el resultado de una orden de Al Qaeda
motivada por la decisión del Gobierno de Aznar de apoyar
la Guerra de Irak, ha desaparecido íntegramente de la
relación de hechos que consta en la resolución del
tribunal. Y ése no es un asunto menor. Ni mucho menos.
Si los aficionados a las gruesas palabras, que se han
apresurado a colgar de la sentencia la etiqueta de
«varapalo» para la llamada teoría de la conspiración, se
hubiesen entretenido en leerse lo que dice estarían
temblando. Porque lo que hace la resolución dictada por
el tribunal es tirar por tierra algunas de las hipótesis
en las que se fundamenta la Fiscalía.
Para comprobarlo, no hay más que echar una mirada al
escrito de conclusiones de la Fiscalía, firmado por Olga
Sánchez y el fiscal jefe de la Audiencia Nacional,
Javier Zaragoza, y fechado el pasado 4 de junio.
1.-LA AUTORIA DE AL QAEDA
La Fiscalía sostiene (página 14 de su informe de
conclusiones) que: «Tras las manifestaciones hechas por
Osama Ben Laden, en el mensaje que se emitió el día 18
de octubre de 2003 en la cadena de televisión Al Yazira
en la que situó a España, entre otros países
occidentales, como objetivos en los que atentar, se puso
en marcha la actividad de planificación y ejecución del
atentado, fijándose la fecha y comenzándose a preparar
la logística e infraestructura necesaria para su
realización».
El escrito continúa de este modo (página 16): «Es,
pues, en el año 2003 cuando, siguiendo las directrices
ideológicas del grupo terrorista Al Qaeda, Sarhane Ben
Abdelmajid Faked, alias El Tunecino, en unión de los
procesados Rabei Osman El Sayed Ahmed, alias Mohamed El
Egipcio, Youssef Belhadj (responsable del Ala Militar de
Al Ansar de Al Qaeda en Europa), alias Abu Dujan El
Afgani, y Hassan El Haski, alias Abu Hamza, máximo
responsable del Grupo Islámico Combatiente Marroquí en
España, en respuesta a las detenciones que a partir de
noviembre de 2001 se estaban produciendo contra miembros
de la comunidad musulmana y de la posición del Gobierno
de España en la guerra de Irak, comenzaron a planear la
forma de cometer atentados en suelo español, con la
intención de que tuvieran gran repercusión
internacional, amparándose siempre en el hecho de que la
lucha se producía contra un Estado que apoyaba la
coalición en la invasión y Guerra de Irak por los EEUU
de América, y decidieron realizar una acción de carácter
terrorista para dar muerte al mayor número posible de
personas en la capital de España».
Es decir, para la Fiscalía (o sea, para el Gobierno),
el 11-M no fue sólo un atentado llevado a cabo por un
grupo de ideología yihadista (como establece la
sentencia), sino por una célula ligada directamente a Al
Qaeda.
Es más, establece una relación unívoca de causa
efecto entre la decisión del Gobierno de Aznar de apoyar
la Guerra de Irak y la realización del atentado. En
resumen, le atribuye un carácter político de castigo
que, en ningún caso, aparece reflejado en la sentencia.
Para sostener esa tesis, que es la pieza angular del
escrito de acusación, era necesaria la existencia de
inductores; es decir, de cerebros que tuvieran conexión
con Al Qaeda, ya que dicha relación ha sido imposible de
establecer durante la instrucción con ninguno de los
finalmente condenados como autores materiales de los
atentados.
Y es en este punto donde el correctivo de la
sentencia a la Fiscalía es aún más sangrante.
2.-EL PAPEL FUNDAMENTAL DE YOUSSEF BELHADJ
Según dice el escrito de acusación de la Fiscalía
(página 22): «En el mes de octubre de 2003, Youssef
Belhadj transmitió al grupo de Madrid, ciudad que había
visitado en varias ocasiones y donde contactaba con
personas pertenecientes al grupo antes referido, la
fecha elegida para la ejecución de la acción terrorista
para la que venían preparándose».
Más adelante, afirma: «En el mes de febrero de 2004,
el procesado Youssef Belhadj viajó también a España para
reunirse igualmente con los integrantes de la célula
terrorista e impartir las últimas instrucciones
relacionadas con el atentado que se iba a cometer,
permaneciendo en nuestro país hasta pocos días antes de
su ejecución».
Por tanto, para la Fiscalía, fue Youssef Belhadj,
supuesto «portavoz del Ala Militar de Al Ansar
(partidarios) de Al Qaeda en Europa», el que no sólo
fijó la fecha del atentado, sino el que impartió las
últimas instrucciones en los días previos al mismo.
Consecuentemente, la Fiscalía da por hecho que
ninguno de los procesados tenía esa capacidad de mando y
organización. Por ello, en su relato de hechos, es tan
relevante la figura del inductor: porque es él y no
otros el que determina los aspectos clave de un atentado
que llevan a cabo terceras personas a las que sólo se
les atribuye una capacidad como operarios de la acción
criminal.
Como se sabe, Youssef Belhadj ha sido absuelto del
delito de inductor de los 191 asesinatos cometidos en el
11-M, en la sentencia emitida por el tribunal.
3.-LA «MIEL» DE 'EL EGIPCIO'
Con Rabei Osman, la Fiscalía y el Gobierno (el
entonces ministro del Interior, José Antonio Alonso, no
se recató en calificarlo como «cerebro» del 11-M cuando
fue detenido en Italia) creyeron haber encontrado la
pieza fundamental que les faltaba para cuadrar el
círculo de la autoría de un atentado en el que el perfil
de los imputados no resultaba creíble a la hora de
atribuirles la organización de la mayor matanza
terrorista cometida en la historia de España.
El escrito de acusación afirma sobre El Egipcio: «Con
el objetivo de ultimar los detalles relativos al
atentado terrorista que habían previsto cometer, ese
procesado se desplazó a España y mantuvo reuniones con
los miembros de la célula terrorista durante los últimos
días del mes de enero de 2004».
Además de utilizar las conversaciones grabadas en su
domicilio de Milán por la Digos italiana, como una
prueba incontestable de que el atentado de Madrid había
sido idea suya, la Fiscalía aporta un dato de su cosecha
que considera fundamental. Señala (página 67) que en su
apartamento de la calle Cadore de Milán se intervino un
pequeño manuscrito en lengua árabe con las anotaciones:
«11-03-04 - Shahid - Miel». Según la Fiscalía: «La fecha
se corresponde con los atentados del 11 de marzo en
Madrid, el significado de 'shahid' es el de 'mártir',
mientras que 'miel' es el término conocido en las
operaciones de Al Qaeda para indicar el explosivo».
Sobre ese dato, dice la sentencia (página 634): «En
ese momento la mayoría de los hoy procesados estaban ya
detenidos y, no hay duda, Rabei Osman El Sayed Ahmed es
un terrorista islamista o yihadista, de modo que,
conocidos los atentados, esa anotación puede denotar
jactancia del hecho -11-M, miel-. Por lo tanto, no
conociendo la fecha en la que fue escrita, ni por quién,
y existiendo múltiples explicaciones alternativas, la
anotación pierde su valor, incluso indiciario».
¿Se imaginan que Javier Gómez Bermúdez hubiese leído
alguno de estos párrafos en la presentación que hizo de
la resolución el pasado 31 de octubre?
4.-HASSAN EL HASKI, EL «INSTIGADOR»
Otro de los puentes tendidos por la Fiscalía entre el
11-M y Al Qaeda se basa en la atribución de papel
relevante en la masacre a Hassan el Haski.
De él, dice la Fiscalía en su escrito de conclusiones
(página 77): «En el mes de Ramadán de 2002, hubo un
enfrentamiento entre Hassan el Haski y el llamado
Mohssin Khaibar -buscado posteriormente por su
implicación en los atentados ocurridos en Casablanca el
16-05-2003- sobre el Emarat -líder del grupo (Grupo
Islámico Combatiente Marroquí (GICM)-, proclamándose
emir El Haski».
Este jefe del GICM, según la Fiscalía, viajó en
febrero de 2004 desde Siria a Bélgica, y, a finales de
dicho mes, a Francia, alojándose en marzo, unos días
antes del 11-M, en casa de Bachir Ghoumid y Fouad
Charouali, «dando muestras de estar muy nervioso y con
necesidad de tener un sitio para esconderse, pues era
conocedor e instigador (en unión de Rabei Osman, Serhane
El Tunecino y Youssef Belhadj) del grave antentado
terrorista que se iba a producir en Madrid, poniendo
especial atención en no ser localizado».
Sin embargo, según la sentencia, (página 603), «su
cualidad de dirigente del Grupo Islámico Combatiente
Marroquí (GICM), no le hace responsable de forma
automática de todos los atentados cometidos por miembros
de la banda terrorista».
Según la resolución del tribunal, no se ha podido
probar que «exista un canal de transmisión de órdenes»
y, por tanto, decide proceder a absolver a El Haski del
delito de inducción que se le imputa».
5.-EL COCHE FANTASTICO
Según el relato de hechos de la Fiscalía, los
terroristas se desplazaron en la mañana del 11 de marzo
de 2004 en varios coches hasta la estación de Alcalá de
Henares, en la que, posteriormente, se distribuyeron en
distintos trenes con el fin de cometer el mayor daño
posible con sus bombas.
Según su escrito, el Skoda Fabia matrícula 3093 CKF,
que se localizó en la calle del Infantado el 15 de junio
de 2004 (tres meses después de la masacare), «sirvió
para desplazar a varios de los autores materiales de los
atentados desde la finca de Morata y/o desde el piso de
Leganés con los artefactos explosivos hasta la Estación
de Alcalá de Henares el día 11-3-04».
Dicho coche, que fue comprado en octubre de 2003 por
El Tunecino a la persona que lo robó en Benidorm, tenía
la virtualidad de aportar huellas de Allekema Lamari,
miembro del GIA y uno de los terroristas que se
inmolaron en Leganés, y al que el CNI atribuía el papel
de jefe militar de la célula.
Sin embargo, el tribunal, en su sentencia (página
505), «sólo estima acreditado, con la certeza requerida
en el proceso penal, que de la furgoneta (Renault Kangoo)
bajan tres individuos y que, al menos, uno de ellos se
dirige a la estación de Cercanías con una mochila o
bolsa de deporte. Por lo tanto, el tribunal no asume la
tesis de que los artilugios explosivos y los terroristas
se desplazaron en ese vehículo y en un Skoda Fabia para,
desde Alcalá de Henares, colocar en distintos trenes las
mortíferas cargas».
Es más, la sentencia da por hecho que Jamal Zougam se
subió al tren donde colocó la mochila bomba en la
estación de Torrejón de Ardoz, lo que echa por tierra la
hipótesis defendida por la Fiscalía de que todos los
terroristas cogieron los trenes en la estación de Alcalá
de Henares.
6.-LA TEORIA DEL COCTEL DE EXPLOSIVOS
Aunque en su escrito de acusación y durante la
instrucción, la Fiscalía sostuvo que el explosivo
utilizado en el 11-M fue Goma 2 ECO y sólo Goma 2 ECO
(recordemos el episodio del «vale ya» de la fiscal
Sánchez), en su escrito de conclusiones, y tras las
pruebas periciales realizadas durante la vista oral a
instancias del tribunal, el Ministerio Público se vio
obligado a modificar su planteamiento.
Así, en el aparado sobre la «Ejecución del Atentado»
(página 47), el escrito de conclusiones de la Fiscalía
afirma: «En las primeras horas de la mañana del día 11
de marzo de 2004, los miembros de la célula terrorista
Serhane Ben Addelmajid Faked, Jamal Zougam, Abdelmajid
Bouchar, Rifaat Anouar Asrhi, Mohamed Oulad Akcha,
Rachid Oulad Akcha, Allekema Lamari, Jamal Ahmidan,
Abdennabi Kounjaa, algunos declarados rebeldes (Mohamed
Afalah y Daoud Ouhnane), y algún otro miembro de la
célula no identificado, se desplazaron en los vehículos
Renault Kangoo y Skoda Fabia, con trece mochilas o
bolsas (en cuyo interior se habían colocado parte de los
explosivos adquiridos a los asturianos -Goma 2 ECO y
Goma 2 EC (en proporciones mínimas)-, conectados por
detonadores a otros tantos teléfonos móviles, con un
sistema de iniciación eléctrica y activación temporizada
consistente en una alarma-despertador programada para
explosionar sobre las 7.40 horas), hasta la estación de
Alcalá de Henares».
Aunque sea de forma muy sutil (y con las salvedades
ya hechas en el artículo publicado ayer), la sentencia
no asume que lo que estalló en los trenes fuera Goma 2
ECO y Goma 2 EC. Lo que dice el tribunal es que el
explosivo que estalló en los trenes procedía, «todo o en
su mayor parte de Mina Conchita», dejando abierta la
puerta a un explosivo que, efectivamente, no procedía de
dicha explotación minera.
Asimismo, la sentencia rechaza la imputación del
delito de cooperador necesario en los 191 asesinatos,
como solicitaba la Fiscalía, para el procesado Rafá
Zouhier, colaborador de la UCO. Tampoco asume (aunque de
forma inexplicable), para Antonio Toro, la atribución de
un delito de colaboración con banda armada, ni el delito
de asosición ilícita y, ni siquiera, el de colaborador
necesario en el suministro de sustancias explosivas,
como estimaba la Fiscalía.
Es decir, la sentencia supone una auténtica revisión
del escrito de conclusiones de la Fiscalía, y, por
tanto, cuestiona aspectos esenciales de la versión
oficial, que, a la luz de la resolución, sale bastante
tocada. Por ello, no se entiende la decisión del
Ministerio Fiscal de no recurrir ante el Supremo.
¿Se da por satisfecha la Fiscalía ante una resolución
que desmonta la tesis de la implicación de Al Qaeda en
el atentado y, por lo tanto, su relación directa con la
Guerra de Irak? ¿Cómo explicar a partir de ahora la
aparición en el escenario del crimen del Skoda Fabia si,
según la sentencia, no está probado que fuera utilizado
por los terroristas para trasladarse a Alcalá de
Henares? ¿Cómo justificar que sólo se utilizó Goma 2 ECO
y Goma 2 EC, cuando uno de los componentes hallados en
los focos de las explosiones, la nitroglicerina, no está
presente en ninguna de esas dos dinamitas?
Bien es cierto que la sentencia no ha cuestionado
algunos otros aspectos básicos para la versión oficial o
que tampoco ha criticado abiertamente la instrucción. El
tribunal ni siquiera ha deducido testimonio contra
algunos testigos relacionados con las Fuerzas de
Seguridad del Estado, ni contra una testigo protegido
que abiertamente mintió a la sala.
Pero estos son aspectos de la cuestión que se irán
conociendo con el tiempo. Nadie puede blindarse contra
la verdad.