Actualizado viernes 16/02/2007 19:40 (
CET)
PALOMA DÍAZ SOTERO (elmundo.es)
MADRID.- La segunda jornada del juicio del
11-M ha contado con la comparecencia de dos
supuestos autores intelectuales,
Youssef Belhadj y
Hassan el Haski, y la de
Jamal Zougam, acusado de ser autor material de
la masacre.
Youssef Belhadj condenó los
atentados tal y como hizo en la víspera 'Mohamed el
Egipcio'. Sólo ha admitido las preguntas de su
abogado y ha negado su participación en la masacre y
su relación con todos los indicios que le implican.
[Crónica de su interrogatorio].
Hassan 'El Haski', en prisión
como presunto dirigente dentro de Europa del Grupo
Islámico Combatiente Marroquí (GICM) y considerado
ideólogo del 11-M aseguró que no conocía a ninguno
de los procesados y retó que a que se encuentre a
alguien que le conozca para someterse con él a un
careo.
[Crónica de su interrogatorio].
Tras estos dos le llegó el turno a Jamal Zougam,
el primero en ser detenido por los atentados del
11-M, dos días después de los hechos. Ha sido
también el primer procesado en aceptar el
interrogatorio de la fiscal y las acusaciones. Como
declaró en su momento a la policía, ha asegurado que
a la hora de los atentados, entre las 7.37 y
las 7.39, "estaba durmiendo en casa", con
su familia.
Su relato ha sido un tanto vago e impreciso; ha
facilitado detalles de su supuesta actuación según
se veía en la necesidad de aclarar algunos aspectos.
"Si estaba durmiendo, ¿cómo iba a ir a ningún
sitio?", ha respondido cuando la fiscal le preguntó
si fue esa mañana a Alcalá de Henares
con el resto del grupo. "Me levanté hacia las diez,
desayuné y me fui a trabajar, como todos los días",
ha declarado. Según su testimonio, ese día llegó más
tarde porque le costó aparcar en el barrio madrileño
de Lavapiés.
En esta respuesta no ha aludido a los atentados.
En cambio, sí lo ha hecho después, cuando el abogado
de una de las acusaciones le ha interrogado sobre el
tiempo que tardó en llegar a trabajar desde su casa,
en la calle Sequillo, hasta el locutorio de la calle
Tribulete.
El acusado ha dicho entonces que ese día tardó
menos, pese a que todo Madrid estaba colapsado. Ha
alegado que cogió la M-30 porque habló con su
hermano por teléfono y le dijo que había mucho
tráfico en el centro.
¿Se lo tuvo que decir su hermano, no se imaginaba
usted que había problemas de tráfico con lo que
había pasado o es que no sabía qué había pasado?, ha
venido a preguntarle la acusación.
Entonces, Zougam ha afirmado que sí, que encendió
la televisión nada más levantarse y que se
enteró de lo que había pasado, un detalle
que cualquiera recuerda de esa mañana y que había
eludido antes, al sostener que fue a trabajar "como
cada mañana".
Sobre las tarjetas y los suicidas
Ha negado conocer al fallecido en Leganés
Jamal Ahmidan, 'El Chino', que supuestamente
compró en su locutorio tarjetas de teléfono móvil
que luego, supuestamente, sirvieron para activar los
teléfonos que detonaron en los trenes.
Zougam sonríe durante el
interrogatorio. (Foto: LaOtra)
El procesado ha explicado que no fue él sino un
empleado suyo quien dijo a la policía que
'El Chino' estuvo en la tienda.
Preguntado al respecto, negó conocer a ninguno de
los hombres que murieron en el piso de Leganés, ni a
los procesados Otman el Gnaoui, el huido Saed el
Harrak, ni ninguna persona de ETA.
A quien sí dijo conocer es al condenado Eddim
Barakat Yardas, 'Abu Dahdah', jefe
de la célula española de Al Qaeda. No obstante, no
quiso contestar si le conocía antes o después del
11-S, aunque explicó que su relación con él era de
tipo comercial, ya que le compraba fruta de origen
sirio para su negocio.
Tranquilo, dominando el español e incluso
riendo ante lo que para él eran preguntas
incongruentes, Zougam sólo ha perdido un
poco los nervios cuando el juez Gómez Bermúdez le ha
apretado las tuercas al decirle que no tenía nada
que ver que un testigo le hubiera visto en el tren
de El Pozo para que él hubiera puesto una bomba.
Resta credibilidad a los testigos
El acusado ha tenido que explicar con detalle uno
de los principales argumentos clave en los que se
apoya su defensa: los dos testigos que
dijeron reconocerle en El Pozo lo hicieron
después de que su imagen saliera en los
medios de comunicación tras ser detenido.
Además, puso de manifiesto las contradicciones en
que, en su opinión, incurre uno de los testigos que
indicó en su declaración que vio a una persona dejar
una mochila en el piso inferior de uno de los
trenes. No obstante, la bomba explotó en el vagón
superior.
Jamal Zougam ha querido dejar claros estos datos
del sumario. Daba la impresión de que tenía
perfectamente preparado lo que tenía que decir en su
favor, pese a que su abogado protestó porque el juez
le llamara a declarar este viernes sin que estuviera
previsto.
Fuertes medidas de seguridad para la
celebración del juicio. (Foto: Javi
Martínez)
Preguntado si estuvo en la casa de Morata
de Tajuña, donde supuestamente se
prepararon las bombas, respondió que sólo conoció
este lugar por la prensa, tras los atentados.
Tampoco estuvo nunca en el piso de Leganés.
Según su testimonio, nunca ha recibido
adiestramiento en explosivos. Tampoco
estaba capacitado para arreglar móviles. Dice que él
sólo los examinaba para determinar si la avería
podía ser reparada por el técnico del que disponían
en la tienda.
Preguntado por la justificación de que
determinadas personas lo conocieran, ha respondido
irónico: "Normal, cualquier persona en China, en el
país más lejano del mundo conoce mi nombre".
Preguntado por una información publicada en EL
MUNDO sobre una oferta que recibió de la policía
para ser confidente, él lo ha ratificado. En 2001,
ha dicho, miembros de las fuerzas de seguridad del
Estado fueron a su tienda, le enseñaron una placa de
policía y le llevaron a dar una vuelta en coche.
Allí le hicieron la oferta: "Que si yo podía
ayudarlos ellos, me ayudaban a mí"; a traer
a su familia de Marruecos y a conseguir la
nacionalidad, entre otras cosas, matizó.
El interrogatorio a Zougam proseguirá el próximo
lunes por parte de los abogados de la acusación,
después de que manifestara al tribunal, llegadas las
tres de la tarde, que se encontraba muy cansado.