Adentrarse en la lectura del
sumario del 11-M resulta, cuando menos, descorazonador.
Sobre todo, cuando se es consciente de la cantidad de
información que, sobre los presuntos autores de la
masacre, tuvieron los cuerpos y fuerzas de seguridad del
Estado en los meses previos a la masacre y, por
supuesto, antes de que los siete terroristas de Leganés
saltaran por los aires el 3 de abril de 2004. Y, lo que
es peor, cuando se comprueba hasta qué punto se intentó
ocultar al juez información que ponía de relieve ese
hecho incuestionable.
El análisis de las
llamadas de los presuntos implicados depara intrigantes
sorpresas.
Sabemos, por ejemplo, a través de las grabaciones que
se hicieron con autorización judicial y que están
aportadas a la causa, que Rosa, la mujer de El Chino, en
una llamada a un teléfono cuyo titular no se ha
revelado, realizada el 6 de abril de 2004, se identificó
como «R-22», clave que le proporcionó la Policía tras
asignarle la condición de testigo protegido.
Ese dato pone de manifiesto que Rosa colaboró con la
Policía tras su detención y puesta en libertad, que tuvo
lugar el 25 de marzo de 2004.
Dos días después, el 27 de marzo, a las 15.35 horas,
R-22 recibió en su teléfono móvil (618016906) una
llamada de casi un minuto de duración desde otro móvil:
629247179.
Ese mismo día, a través de ese mismo número de
teléfono, alguien llamó nada menos que en cuatro
ocasiones al móvil de Othman El Gnaoui entre las 19.02 y
las 21.42 horas.
El día 30 de marzo, cuatro días antes de que
estallara el piso de Leganés, de nuevo, ese mismo número
de móvil se puso en contacto también en cuatro
ocasiones, a partir de las 18.29 horas, con el móvil de
Abdelkader Kounjaa, hermano de Abdennabi Kounjaa, uno de
los secuaces de El Chino.
Sin duda, se trataba de alguien con suficiente
información como para poder tener contactados, al mismo
tiempo, a tres personas muy cercanas al presunto jefe
del comando que perpetró la matanza del día 11 de marzo
en Madrid.
Pasaron meses sin que se supiera nada de ese número
de teléfono.
Hasta que, por fin, en un informe de la Unidad
Central de Inteligencia (UCI), adscrita a la Comisaría
General de Información, remitido al juez Del Olmo el 19
de julio de 2005, se hace referencia al 629247179. En
concreto al referirse precisamente a una declaración de
Rosa en la que manifestaba que no había vuelto a hablar
con su marido tras ser detenida el día 25 de marzo.
Refiriéndose a ese número de móvil el informe de la UCI
afirma: «Parece evidente que este teléfono es usado por
la célula terrorista y demuestra que la Testigo
Protegido no dice la verdad en cuanto a que no mantuvo
ninguna conversación con Jamal Ahmidan tras ser detenida
el 25/3/2004». Es decir, que para la UCI, el 629247179
era un teléfono utilizado por El Chino.
Sin embargo, el titular del Juzgado Central número 6
de la Audiencia no debió quedar muy conforme con la
información que le suministró la UCI y pidió, mediante
un oficio, a Telefónica que le identificara al
propietario de dicho número de teléfono.
El 21 de septiembre de 2005, Telefónica Móviles
contestaba al requerimiento del juez Del Olmo con un
escrito de apenas tres líneas y de manera tan simple
como contundente: «Número de abonado: 629247179.
Titular: Dirección General de la Policía. C.I.F/N.I.F.:
S2816015H».
Es decir, que el enigmático propietario del teléfono
que habló con Rosa, El Gnaoui y Kounjaa entre el 27 y el
30 de marzo de 2004 no era El Chino, como aseguraba la
UCI en su informe, sino un funcionario adscrito a la
Dirección General de la Policía.
Hagamos un poco de hemeroteca para ver la
trascendencia del asunto. Rosa, ya sabemos, estuvo en
contacto con su marido hasta el mismo día de la
explosión de Leganés. R-22 mantuvo al menos dos
conversaciones con Jamal Ahmidan minutos antes de la
explosión. Y, como ya se ha dicho, colaboraba con la
Policía, que le había intervenido el teléfono fijo de su
domicilio y el móvil, desde el 25 de marzo.
Othman El Gnaoui, imputado por la Fiscalía por un
delito de pertenencia a organización terrorista, fue el
hombre que, según la Policía, acompañó a Rachid Oulad
Akcha y a Rifaat Anouar el 29 de febrero de 2004 hasta
Burgos para trasladar desde allí a la finca de Morata
los explosivos que traía El Chino desde Avilés, adonde
había viajado junto a Abdennabi Kounjaa y Mohamed Oulad.
Además El Gnaoui había trabajado en las obras de
acondicionamiento de la guarida de Morata en las semanas
previas al 11-M.El imputado por terrorismo acudió por su
propia voluntad a la Comisaria el día 30 de marzo de
2004 (tres días después de que el funcionario de Policía
mantuviera con él las citadas conversaciones
telefónicas) y ha permanecido detenido desde entonces.
Abdelkader Kounjaa, hermano de Abdennabi, fue la
persona a la que llamó éste a las 19.30 horas del día 3
de abril de 2004 (una hora y media antes de que se
produjera la explosión) para informarle de que se iba a
inmolar en el piso de Leganés. Abdelkader acudió
inmediatamente a la Comisaría de Parla para informar de
la conversación que acababa de mantener con su hermano.
Como ya se ha dicho Abdennabi Kounjaa viajó con El
Chino a Avilés el 28 de febrero de 2004. Una supuesta
carta de despedida suya («Juro por Alá que yo invoco a
Dios y le pido que me facilite el martirio», dice, entre
otras cosas, la misiva) fue hallada en una bolsa de
deportes que se encontraba en la obra donde trabajaba.
La Policía Científica nunca pudo asegurar que la letra
perteneciera, efectivamente, a Abdennabi Kounjaa, ya que
no dispuso de escritura indubitada del mismo.
Resumiendo. La Policía, días
antes de que el piso de Leganés estallara, tenía
controladas a tres personas muy próximas a Jamal Ahmidan.
Sin embargo, no sólo se ocultó ese hecho al juez Del
Olmo, sino que se le pretendió engañar haciéndole creer
que el propietario del teléfono que contactó con dichas
personas no era otro que El Chino.¿Qué trataba de
ocultar la UCI? Hay que descartar que se tratara de una
simple confusión. Estamos hablando de un informe
realizado en el mes de julio de 2005, es decir,
dieciséis meses después del atentado. Para la UCI
hubiera sido muy sencillo descubrir que el teléfono
629247179 era el utilizado por un agente que prestaba
sus servicios en la Dirección General de la Policía.¿Qué
información tenía dicho agente relacionada con esas
personas? No hay en todo el sumario ni un sólo informe
al respecto, ni grabaciones de las conversaciones que se
mantuvieron entre el 27 y el 30 de marzo.
Pero las dudas no terminan ahí. Siete días después de
haber recibido la contestación de Telefónica, el juez
Del Olmo llamó a declarar de nuevo a Rosa. Cuando le
preguntó por la llamada que recibió el 27 de marzo de
2004 procedente del teléfono móvil 629247179, ella dijo
que no recordaba de quién podría ser. Sin embargo, sí
dijo que esa conversación se produjo «poco antes de
venir a este juzgado a prestar declaración».¿Por qué
Rosa mintió ante el Tribunal cuando dijo que no habló
con su marido el 3 de abril? ¿Quién hay detrás del
629247179?.casimiro.g.abadillo@el-mundo.es@FIRMA:CASIMIRO
GARCIA-ABADILLO