Los ladridos tanto de quienes
consideran la hegemonía política, social y cultural del
PSOE un rentable axioma del Derecho Natural como de
quienes sólo anhelan a consolidar su aldeana cuenta de
la vieja como dóciles comparsas de esa superioridad han
continuado durante el fin de semana. Nosotros seguimos
cabalgando y a muy buen trote. Ellos sólo investigan
nuestras investigaciones, prestándose al juego de un
Gobierno cada vez más felipista en sus técnicas de
intoxicación y propaganda. Nosotros seguimos empeñados
en investigar el 11-M y, por eso, hoy desvelamos unos
hechos hasta ahora desconocidos de enorme relevancia.
Desde aquí animamos a la Justicia, a la Fiscalía, al
ministro Rubalcaba y a sus dos órganos periodísticos a
analizar, debatir e interpretar estos datos. A menos,
claro está, que alguno de ellos sostenga que EL MUNDO
«también» -menudo patinazo el de Trashorras- les ha
pagado a El Chino, a su compinche Otman Gnaoui y a su
primo Hamid Ahmidan.
Lo que es seguro
Con la firme apoyatura de una conversación grabada
entre los dos primeros y de la declaración del tercero
ante la Policía -dos documentos incluidos por lo tanto
en el sumario y accesibles a cualquiera-, Casimiro
García-Abadillo descubre hoy que personas ajenas al
comando islamista, al que se atribuye en exclusiva la
autoría de la masacre, ocuparon la casa de Morata de
Tajuña en la que presuntamente se fabricaron las bombas
a partir del 3 de marzo de 2004 y «durante una semana».
Es decir, incluido el propio día 9, antevíspera de la
matanza.
Esa presencia hasta ahora ignorada por la opinión
pública explicaría, entre otras muchas cosas, el
hallazgo policial de al menos seis huellas dactilares
que no corresponden a ninguno de los identificados como
integrantes del comando islamista. Aunque El Chino les
dijo tanto a Gnaoui como a su primo que se trataba de
una familia con niños, es obvio que estaba engañándoles,
pues nadie aloja a menores en un lugar de tan reducidas
dimensiones en el que se acaba de almacenar dinamita -el
viaje desde Asturias había tenido lugar el 29 de
febrero- y, sobre todo, si hubiera sido así él no habría
tenido inconveniente en que dos hombres de su más
estrecha confianza se hubieran relacionado con sus
huéspedes. Sólo una condición de máximo secreto,
impuesta por los recién llegados, explica la estricta
prohibición de acercarse a ellos.
Lo muy probable
Absolutamente todo sugiere que estas personas
contribuyeron a preparar los atentados. De hecho fue
coincidiendo con la semana de su estancia en Morata de
Tajuña cuando dos individuos de aspecto occidental que
hablaban en un idioma extraño -que un dependiente
identificó como búlgaro- compraron los teléfonos Trium
presuntamente utilizados para activar las bombas. Y,
sobre todo, fue durante el que en principio habría que
considerar último día de su estancia -el 9-M y no el 10
como podría suponerse- cuando se activaron las tarjetas
que insertadas en dichos aparatos los pudieron convertir
en temporizadores de las explosiones.
Esta circunstancia abriría el camino para resolver el
enigma de quien montó las bombas con móviles, toda vez
que ninguno de los islamistas tenía conocimientos para
ello -de ahí el rudimentario sistema que emplearon para
el fallido atentado de Mocejón- y que ni en Morata,
Leganés o cualquier otro de sus domicilios se han
encontrado los útiles necesarios para realizar esas
soldaduras de precisión.
El inquietante agujero negro sobre la composición de
los explosivos, la supuesta inexistencia de los análisis
por escrito de los restos de los focos y la afirmación
del jefe de los Tedax de que se encontró nitroglicerina
en los trenes, quedaría igualmente aclarado si los
misteriosos convidados de El Chino hubieran aportado
también su propia dinamita para complementar -o
sustituir- la Goma 2 ECO obtenida por los islamistas.
Lo cada vez más verosímil
Aunque no quepa descartar otras posibilidades, a
estas alturas de nuestras pesquisas nos sentimos en
condiciones de decir que una de las tesis más
verosímiles es que las personas alojadas por El Chino
fueran etarras. No es una afirmación categórica, pero sí
una solvente conjetura que debería ser exhaustivamente
investigada.
¿Quién sino ETA llevaba desde 2001 intentado montar
bombas con móviles como indican la cinta de Cancienes y
los recientes testimonios de Lavandera y Trashorras?
¿Quién sino ETA había logrado con posterioridad a esa
fecha resolver ese problema técnico, tal como lo
demuestran el aviso de la policía francesa sobre los
trabajos del ingeniero Elorriaga Kunze y la propia
incautación al último comando Madrid de un móvil
preparado como los del 11-M? ¿Quién sino ETA había
mantenido contactos con El Chino en la prisión y fuera
de ella, tal y como queda directamente establecido en
los testimonios de su ex lugarteniente Omar y del propio
Trashorras e indirectamente sugerido por los de Zouhier
y su propia esposa? Y, sobre todo, ¿a quién sino a ETA
le habría convenido tanto que se cometiera un atentado
de apariencia y ejecución islamista contra el detestado
Gobierno de Aznar?
Reiteramos que al día de hoy esto sólo es una
hipótesis de trabajo por coherente que parezca. La
presencia de artistas invitados en la casa de Morata hay
que tomarla en cambio ya como una certeza. Por eso lo
verdaderamente inaudito es que, contando con todos estos
datos, ni el juez ni la Fiscalía ni la policía ni por
supuesto esos dos diarios gandules que, hoy como ayer,
vegetan al rebufo de EL MUNDO les hayan dado
trascendencia alguna hasta el día de la fecha. Es la
mejor prueba de que ninguno de ellos busca la verdad,
sino pasar cuanto antes la página, aun a costa de cerrar
el caso en falso, pero de manera acorde con sus
cobardías, ineptitudes, perezas e intereses.