El nombramiento de Jorge Dezcallar
como embajador de España en Washington y representante
diplomático del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero
ante la Administración Bush es el último y el más
representativo de una cadena de ascensos, promociones y
subidas de sueldo con los que el Ejecutivo socialista ha
recompensado a algunos cargos que tuvieron una
participación relevante en la gestión de la información
vinculada a los atentados del 11-M.
Cada uno de los
destacados junto a estas líneas tuvieron acceso, antes,
durante o después de la matanza, a datos, documentos o
informes cuyo conocimiento podía haber facilitado una
determinada estrategia de acción política y de control
de la opinión pública. La información fue un factor que
el PSOE manejó con indudable éxito para obtener la
victoria en los comicios generales de 2004 y para
consolidar determinadas convicciones en la legislatura
que siguió. Quizá sea una casualidad, pero todos ellos
han promocionado personal o profesionalmente.
En algunos casos, como el de Telesforo Rubio o Félix
Hernando, todos los caminos conducen además a señalar
los indudables indicios que les vinculan con el Partido
Socialista. El primero se negó a contestar en la
Comisión de Investigación del Congreso si había
participado en la elaboración del programa electoral del
PSOE; tras el 11-M, fue ascendido a Comisario General de
Información para coordinar todas las investigaciones que
se incorporaron al sumario de la matanza, y ahora
disfruta en Moscú de uno de los destinos mejor pagados
de la Policía.
El reciente ascenso a general de Félix Hernando es un
caso palmario de que los servicios se pagan. Estrecho
colaborador de la cúpula de Interior condenada por los
GAL, fue juzgado (y absuelto) por llevar a Suiza
maletines con fondos reservados a las esposas de Amedo y
Domínguez. Después aparece en el 11-M como máximo
responsable de la UCO, encargada de controlar a uno de
los personajes clave: Rafá Zouhier, que podía
proporcionar información tanto de la banda de El Chino
como de la trama asturiana. En el juicio, los
responsables de la Comandancia de Oviedo acusaron a
Hernando de mentir cuando intentó lavarse las manos.
Otros cargos no han recibido prebendas tan evidentes,
pero también se han visto beneficiados. Es el caso de
Carlos Corrales, que era el máximo responsable de la
Comisaría General de Policía Científica. Fue el
encargado de dirigir las investigaciones sobre los
explosivos y, entre otros puntos, sobre la polémica
furgoneta Kangoo. Ahora está en el Consejo Asesor de la
Policía.
En la carrera fiscal también ha habido quien ha
crecido. La misma Olga Sánchez, por ejemplo, ascendida
al Supremo. O Pedro Martínez Torrijos, el fiscal del
caso del ácido bórico, que ha realizado una auténtica
defensa de los mandos que manipularon un informe para
evitar que en el sumario se vinculase a ETA con el 11-M,
aunque fuese muy colateralmente. Antes, representó al
Ministerio Público en el caso de las sedaciones del
hospital Severo Ochoa de Leganés, también para pedir la
absolución del doctor Montes. Ahora, Martínez Torrijos
ha ascendido a la Audiencia Nacional.
JORGE DEZCALLAR
Era el director de los servicios de Inteligencia
cuando tuvo lugar la Guerra de Irak, cuando siete
agentes del CNI fueron asesinados en una emboscada en
Bagdad y cuando se produjo el 11-M. En la Comisión de
Investigación, reveló datos que fueron utilizados para
criticar al ex presidente Aznar (como que el CNI barajó
desde el principio la pista islamista o que se les dejó
«fuera de juego» en la investigación). Tras la victoria
electoral de Zapatero, fue designado embajador en El
Vaticano, uno de los destinos de mayor prestigio.
Después, fue director internacional de Repsol YPF y
ahora, embajador en Estados Unidos, la más importante de
las misiones diplomáticas.
OLGA SANCHEZ
La fiscal del 11-M se volcó más allá de su
obligación profesional en la defensa de las tesis
oficiales y en el ataque, en ocasiones, a las
discrepantes. La que ella representaba fue la única
parte que pudo participar en la formación del sumario de
la matanza, proponiendo, impulsando y supervisando
pruebas, ya que el juez Del Olmo mantuvo el secreto
hasta el final de la investigación. Fracasó en su
intento de vincular la matanza a la red islamista Al
Qaeda a través de tres supuestos líderes intelectuales,
que resultaron absueltos, pero, aun así, fue ascendida
después del juicio a la Fiscalía del Tribunal Supremo,
puesto al que aspiraba desde hacía años.
JOSE MANUEL GARCIA VARELA
Era el responsable de los servicios de
Información y la Policía Judicial de la Guardia Civil en
el 11-M. Ahora, ascenso tras ascenso, ocupa la dirección
adjunta y la subdirección operativa del Instituto
Armado. Es el máximo responsable de la Guardia Civil,
sólo por debajo del mando único. En la Comisión de
Investigación, descartó que pudiese existir ningún
vínculo entre ETA y el comando islamista que perpetró
los atentados, aunque también reveló que, en los días
previos a las elecciones, nunca se descartó del todo la
pista etarra, y que la islamista no fue prioritaria
hasta el mediodía del 13-M.
FELIX HERNANDO
Dirigía la Unidad Central Operativa (UCO) de la
Guardia Civil en el 11-M. Rafá Zouhier, condenado por
poner en contacto a Emilio Suárez Trashorras con la
banda de El Chino, era uno de sus informadores. Ha sido
ascendido hace unos días por decisión del ministro del
Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, ahora que ocupa de
forma interina la cartera de Defensa. Un informe de la
Comandancia de Oviedo acusa a Hernando de mentir en el
juicio y en la Comisión parlamentaria cuando dijo que
dejó de investigar la trama de los explosivos en 2003.
Fue juzgado y absuelto por entregar maletines con fondos
reservados de Interior a las esposas de Amedo y
Domínguez.
MARIANO RAYON
El día del atentado era el comisario responsable
de la Unidad Central de Información Exterior (Ucie),
encargada de investigar las tramas islamistas. Su unidad
fue la que se hizo cargo de las investigaciones sobre
los atentados tras descartarse la pista de ETA. Fueron
sus subordinados los que localizaron al ahora condenado
Emilio Súarez Trashorras como implicado en la trama. En
el juicio reconoció que el seguimiento a El Tunecino se
mantuvo hasta el mismo 11-M. Tras las elecciones fue
enviado a trabajar a una embajada, la de Roma, una de
las mejor valoradas. Es uno de los responsables
policiales de la etapa anterior que mejor salieron
parados.
MIGUEL ANGEL SANTANO
Era el responsable de la Policía Científica de
Madrid. Como tal, su equipo recibió y analizó la
polémica furgoneta Kangoo, donde aparecieron las
primeras pruebas que empezaron a inclinar la opinión
pública a decantarse por la pista islamista. Tras las
elecciones de 2004 ascendió y ahora ocupa el máximo
rango dentro de la Comisaría General de Policía
Científica. Cuando ya ocupaba este cargo, varios mandos
a sus órdenes manipularon un informe que se iba a
incorporar al sumario de la matanza para evitar una
mención que vinculaba colateralmente a ETA con el 11-M.
Por ello, está pendiente de sentencia en el caso del
ácido bórico.
TELESFORO RUBIO
Era un comisario zonal de Madrid. Tras el 11-M,
pasó a hacerse cargo de la Comisaría General de
Información, desde donde pilotó todas las
investigaciones policiales sobre la masacre tras las
generales. Apenas un mes después de acceder al cargo,
compareció ante la Comisión parlamentaria. Se negó a
aclarar si preparó en la sede del PSOE su comparecencia
y si había participado en la elaboración de una parte
del programa electoral de los socialistas. También se le
relaciona con el chivatazo a la trama de extorsión de
ETA. Ahora ha sido destinado a la embajada de España en
Moscú como agregado de Interior, uno de los destinos
mejor pagados en la Policía.
PEDRO LAGUNA
Era coronel y jefe de la Guardia Civil de
Asturias cuando estalló el 11-M. Fue ascendido a general
por el Gobierno del PSOE, poco después de que se cerrara
la Comisión de Investigación del Congreso. Es el actual
responsable de la Guardia Civil en Castilla y León. La
Unidad Central Operativa (UCO) le remitió en 2003 un
informe sobre la trama de los explosivos que controlaban
Toro y Trashorras, pero él decidió no investigarlo, sin
transmitirlo a sus subordinados. El documento sólo fue
revelado meses después del 11-M, ya después de que
Laguna hubiese abandonado su destino en Asturias.
Dos jueces y dos estilos
MADRID.- El juez Javier Gómez Bermúdez es, sin duda,
la persona a la que su relación con el 11-M ha
proporcionado mayor relevancia pública. Por dos veces,
el Supremo anuló su nombramiento como presidente de la
Sala Penal de la Audiencia Nacional. Desde ahí, se
autodesignó para presidir el juicio. La mayoría
conservadora del CGPJ insistió tres veces en designarlo
para el cargo, hasta que el Alto Tribunal lo confirmó.
En diciembre, firmó junto a vocales progresistas un
manifiesto anti-PP promovido por Jueces para la
Democracia, pese a que él pertenece a la APM, que
siempre apoyó su candidatura a la Sala Penal.
Su esposa, Elisa Beni, vendió miles de copias de un
libro que contaba interioridades del juicio y por el que
fue destituida como jefa de prensa del Tribunal Superior
de Justicia de Madrid.
El instructor del sumario del 11-M, Juan del Olmo,
disfruta ahora del tranquilo destino que él quería: la
Audiencia de Murcia. Impidió la participación en la
formación del sumario de las defensas y de otra
acusación que no fuese el Ministerio Fiscal. Después del
juicio, obtuvo de un permiso de cinco meses con todos
los gastos pagados en París para llevar a cabo un
estudio que él mismo propuso argumentando su experiencia
al frente del 11-M.
Los que salieron intactos
MADRID.- Algunos altos cargos policiales salieron
intactos, pese a las evidentes negligencias que
cometieron antes o después de la matanza. El caso más
claro es el del teniente coronel Bolinaga, que era jefe
de la Comandancia de la Guardia Civil en Gijón. Fue
destituido y, después, sancionado por el Tribunal
Supremo por ocultar al juez la cinta encontrada en la
localidad asturiana de Cancienes en la que el confidente
Lavandera revela, en el año 2001, que Toro y Trashorras
traficaban con cientos de kilos de dinamita y buscaban a
alguien que supiera montar «bombas con móviles». Se le
buscó un destino tranquilo (Toledo). La única
consecuencia que sufrió por su actuación fue la pérdida
de 10 días de sueldo.
Juan Jesús Sánchez Manzano era el máximo responsable
de los Tedax en los atentados. Pese a las graves
irregularidades en su gestión y las contradicciones
entre sus versiones en el Congreso y en el juicio, el
Gobierno le mantuvo en su puesto. Actualmente ya no
ocupa la plaza de jefe de los Tedax, pero sigue en la
Policía.
Rodolfo Ruiz era el comisario jefe de la comisaría de
Vallecas, donde apareció la polémica mochila. Fue
juzgado por el caso de los militantes del PP detenidos
tras la presunta agresión a Bono en la manifestación de
la AVT. Conservó su sueldo pese a la condena inicial.
elmundo.es
Especial:
11-M, la sentencia.