Todo era previsible, y todo sucedió
tal y como se esperaba. El ministro del Interior,
Alfredo Pérez Rubalcaba, no aclaró ayer las incógnitas
que le planteó el portavoz del PP en el Congreso de los
Diputados, Eduardo Zaplana, sobre los atentados del 11
de Marzo de 2004 en Madrid. Y los populares opinaron que
el ministro ridiculizó el interés de su grupo en aclarar
la verdad sobre la mayor masacre terrorista de la
Historia de España.
El ministro acusó al PP
de defender que el 11-M fue el fruto de «una
conspiración» para «echarles a ustedes del poder». Pero
no se quedó ahí: añadió que en Estados Unidos también
existen «teorías conspirativas» similares a ésa, una de
las cuales consiste en decir que el atentado del 11-S en
aquel país «no es obra de terroristas islamistas, sino
que fue el presidente Bush quien voló las Torres Gemelas
para justificar el ataque a Irak». En las filas
populares hubo rumores y comentarios.
Hace más de un año -exactamente, el 30 de junio de
2005- que el Pleno del Congreso debatió y dio por
cerrados los trabajos de la comisión parlamentaria que
durante un año investigó los atentados del 11 de Marzo
de 2004.
Desde entonces, el PP ha intentado en numerosas
ocasiones, y siempre sin éxito -con preguntas,
peticiones de comparecencias de miembros del Gobierno y
otras propuestas, rechazadas siempre por la mayoría
socialista-, que el Pleno volviera a debatir este
asunto. Ayer lo logró, porque presentó una interpelación
urgente, referida al «esclarecimiento de la verdad» de
esos atentados, una iniciativa que la mayoría
parlamentaria no puede legalmente rechazar.
El portavoz del PP, Eduardo Zaplana, recordó al
ministro del Interior que todavía existen «muchas más
sombras que luces» en este caso, tal y como reconoce
incluso el propio juez instructor en el escrito por el
que acordó concluir esta investigación. A modo de
ejemplo, le recordó algunas: no se sabe el número exacto
de personas que participaron en el traslado y colocación
de las bombas, ni quiénes las montaron y las dejaron en
los trenes, tampoco quiénes fueron los autores
intelectuales de esos atentados ni el tipo de explosivo
utilizado.
Zaplana continuó con más contradicciones y preguntas:
por qué la Dirección General de la Policía dijo en marzo
de 2006 que una de las pruebas, la famosa mochila
encontrada en Vallecas, había estado permanentemente
custodiada y en un informe policial posterior -desvelado
en su día por EL MUNDO- se indica que «pudo ser
manipulada»; cómo es posible que el jefe de los Tedax
-especialistas en explosivos- se equivocara cuando
compareció en el Congreso de los Diputados; por qué no
se conocen los informes sobre los explosivos...
«Cuesta creer que fuera casualidad que ETA robe un
coche en el mismo callejón en el que reside el principal
imputado de estos atentados; cuesta creer que sea una
práctica habitual de la policía conservar en el
domicilio particular del jefe de los Tedax la prueba
clave [la mochila]; cuesta creer que dos policías que
revisan una furgoneta con perros no encuentren ningún
objeto y después salgan de esa furgoneta 61 evidencias
clave para sostener la versión oficial; cuesta creer que
el jefe de la desactivación de explosivos se equivoque
en sede parlamentaria; cuesta creer que en un país donde
ha habido decenas de atentados con explosivos, en el más
importante se contaminen las pruebas y haya errores de
transcripción; cuesta creer que, tras 12 explosiones en
lugares distintos, no sea posible encontrar restos [del
explosivo utilizado]. Tras 12 explosiones, dos de ellas
controladas por los Tedax, no es que cueste creerlo, es
que no puede ser», dijo.
«Y el Gobierno tiene la obligación de salir al paso
de cuantas contradicciones y debilidades hacen que el
sumario no garantice que paguen los que tienen que
pagar», añadió Zaplana. El ministro Pérez Rubalcaba
comenzó recordando a las víctimas -191 muertos y 1.500
heridos- y provocó los aplausos de su grupo
parlamentario cuando resaltó la paradoja que supone que
él tenga que explicar ahora «lo bien» que investigaron
las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado
mientras era ministro del Interior Angel Acebes, del
Partido Popular.
No entiende Rubalcaba qué motivos llevan al PP a
pensar que existió una conspiración. No cree que lo
hagan porque quieran «reescribir la historia» de lo que
ocurrió aquellos días. «Yo creo que tiene que haber algo
más, señores del PP. Algo que tiene que ver con su
pérdida de autonomía política. Ustedes, al traer este
debate aquí, no lo hacen en servicio a la verdad, ni
siquiera en servicio a su verdad, la que resultó falsa.
Ustedes lo hacen y vienen por orden de quien manda en su
partido, que no se sienta en la calle Génova», dijo.
Pérez Rubalcaba dijo que, en este caso, sí ha
existido una conspiración. Pero no para echar del
Gobierno al Partido Popular, aclaró, «la que
protagonizaron ustedes [el PP] para engañar a todos los
españoles».
Al portavoz del PP no le convencieron nada las
manifestaciones del ministro. «Nos ha defraudado», le
dijo. «El que era ministro del Interior», añadió, en
referencia a Angel Acebes cuando ocurrieron los
atentados, «facilitó toda la información que usted en
estos momentos oculta a la Cámara y a la sociedad
española».
Zaplana dijo que el ministro, al negarse a responder
a sus preguntas, le recordaba ayer a «otras épocas», en
referencia a la etapa de Felipe González, cuando desde
el Gobierno decía que «no se podría demostrar nada»
sobre los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) y
utilizaba «malas artes» para taparlo. «Para desgracia de
ustedes, se demostró todo», subrayó.
Al responderle, el ministro indicó que el 11-M está
en manos de un juez, reiteró que no se ha encontrado
ninguna relación de ETA con los atentados y consideró
«una inmoralidad» que el PP lleve el debate sobre esta
cuestión al Congreso de los Diputados.
En sus intervenciones, Zaplana acusó a Rubalcaba de
«faltar a la verdad». El ministro dijo que fue el PP el
que llevó a España a «una guerra con mentiras».
El portavoz popular exigió al Gobierno que informe y
aclare las contradicciones. Los diputados del PP
aplaudieron a su portavoz y los del PSOE a su ministro.
Una vez más, el atentado más trágico de España sirvió
para enfrentar al Gobierno y al principal partido de la
oposición. Porque ayer todo era previsible, y todo
sucedió tal y como se esperaba.