Se llama Mouhannah Almallah, tiene
44 años, y tres y medio los ha pasado en la cárcel
acusado de formar parte del grupo de terroristas
yihadistas que atentó contra los trenes de la muerte el
11 de marzo de 2004. El 17 de julio recibió la buena
nueva en la cárcel de Alicante de que el Tribunal
Supremo lo absolvía de todos los cargos y era un hombre
libre.
Ahora, Almallah, que es
de origen sirio y se nacionalizó español en 1998,
afirma: «Mi familia y yo somos la otra cara de las
víctimas». En su repaso del antes, durante y después de
los atentados, hace consideraciones como éstas: «Serhane,
El Tunecino, era un demonio, un extremista, pero era
incapaz de unir dos cables. No creo que fuera él, ni los
de Leganés». «Antonio Toro es el más listo de todos los
confidentes y oculta muchas cosas e insinuó otras». «El
atentado está más cerca de los delincuentes que de los
musulmanes». «El Chino no tenía la mentalidad ni la
capacidad para actuar solo». «Emilio Suárez Trashorras
nos dijo durante el juicio que él saldría absuelto y que
los moros nos comeríamos la condena». «Siempre he votado
a los socialistas y en marzo de 2004 también lo hice.
Cuando me afilié al PSOE, nadie me pidió ningún aval».
Cuando se produce el encuentro entre Mouhannah
Almallah y EL MUNDO, el técnico en reparación de
electrodomésticos y estudiante frustrado de ingeniería
industrial se encuentra cumpliendo el precepto del
Ramadán.
Pregunta.- Tanto la Policía como la Fiscalía lo
presentaron a usted y a su hermano Moutaz como unos
yihadistas.
Respuesta.- Nunca he sido un radical como han querido
presentarme la policía, los jueces y los fiscales. Rezo,
voy a la mezquita y cumplo con las obligaciones de un
buen musulmán, pero nada más. Quizás mi hermano rece
algo más que yo, pero eso no significa ser yihadista.
P.- Durante cuatro meses, el tiempo que duró el
juicio del 11-M en la Audiencia Nacional, compartió
sala, habitáculo y cárcel con todos los acusados. ¿Ya
sabe quién o quiénes fueron los autores de los
atentados?
R.- Todos los que estábamos en la Casa de Campo [se
refiere al lugar físico donde se celebró el juicio]
estamos convencidos de que Serhane [siempre llama a
Serhane Ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, por su
nombre de pila] y los que murieron en Leganés no tenían
capacidad técnica para llevar a cabo el atentado.
Además, Serhane no sabía ni cómo se unían dos cables,
era un inútil para ese tipo de cosas. A mí me llamaba
para arreglar sus electrodomésticos y hasta para reparar
un grifo.
P.- ¿Entonces?
R.- Estamos convencidos o llegamos a la conclusión de
que el atentado estaba planificado antes de las
elecciones, que está más cerca de los delincuentes que
de los musulmanes y que los confidentes y sus
controladores saben mucho más de lo que han dicho.
P.- ¿Habla de Suárez Trashorras, Rafá Zouhier y
Antonio Toro?
R.- Y otros que colaboraban con la Policía. Antonio
Toro es el más listo de todos los confidentes. Durante
el juicio hablaba poco y se mantenía al margen del resto
de los acusados, pero oculta muchas cosas e insinuó
otras. Su cuñado, Emilio Suárez, nos dijo durante el
juicio que él saldría absuelto y que los moros nos
comeríamos la condena. Además, ellos [se refiere a
Suárez Trashorras y Toro] nunca mostraron ningún tipo de
nerviosismo, ni de tensión. Los dos estaban súper
tranquilos. [Antonio Toro fue absuelto en primera
instancia por la Audiencia Nacional y, más tarde,
condenado a cuatro años de cárcel por el Supremo por
tráfico de explosivos. Suárez Trashorras fue condenado a
34.715 años de prisión por cooperador necesario].
P.- ¿Conoció a Jamal Ahmidan, El Chino?
R.- No, nunca lo vi, ni tuve relación con él. Durante
el juicio, los que eran amigos o conocidos suyos me
dijeron que El Chino no tenía la mentalidad ni la
capacidad para actuar solo, y que podía estar conectado
y dirigido por la Policía.
P.- Serhane Ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, que
murió en Leganés junto a Jamal Ahmidan, El Chino, era su
amigo.
R.- Sí, lo fue hasta el año 2002. Conocí a Serhane en
el año 1996, en la Escuela de Idiomas. Después lo vi en
el Centro Cultural de Arabia Saudí y más tarde
coincidimos en la mezquita. Pero Serhane comenzó a
radicalizarse hacia el año 2000-2001, cuando conoció al
marroquí Amer Azizi y a Mustafá Maimouni. A partir de
aquella fecha, nos fuimos separando y en 2002 cortamos
nuestra relación porque pretendía que todos pensáramos
como él y que nos fuéramos a Irak o Afganistán a hacer
la yihad.
P.- ¿Y qué pasó?
R.- Le dije que se fuera él y me dijo que me había
convertido en un liberal. Entonces dejamos de vernos y
de tratarnos, y se convirtió en un demonio que intentaba
convencer a los jóvenes para que se fueran con él. Al
final, mi relación con Serhane se limitó a repararle
algún electrodoméstico. Yo nunca llegué a ser amigo de
Azizi.
[Los servicios de información siempre han colocado al
marroquí Amer Azizi, también conocido como Othman El
Andalusí, como uno de los representantes de Al Qaeda en
el Magreb y el hombre que diseñó el 11-M. Azizi huyó de
España antes de los atentados del 11-M. El otro
personaje del que habla Almallah, Mustafá Maimouni, se
convirtió en el cuñado de El Tunecino y actualmente se
encuentra cumpliendo una condena de 10 años en Marruecos
por los atentados de Casablanca].
P.- ¿En alguna ocasión le comentó El Tunecino su
intención de cometer un atentado en España?
R.- A mí, no. A otros sí. No descarto que en la
cabeza de Serhane, en las últimas fechas, estuviera esa
idea de atentar, pero detrás de él tenía que haber
alguien más poderoso.
P.- El confidente Cartagena declaró que, en una
ocasión, vio en una cafetería de Madrid a Serhane
reunido con la Policía.
R.- No descarto lo que dijo Cartagena. Conociendo a
Serhane, no descarto que, si los intereses fueran
comunes, él colaborara.
P.- ¿Qué pensaban los acusados del 11-M sobre los
sucesos del piso de Leganés?
R.- Lo que me extraña tanto a mí como a todos los que
fuimos acusados en el 11-M y estuvimos juntos durante el
juicio es que la gente de Leganés muriera sin hacer daño
a nadie.
P.- ¿Qué quiere decir con «sin hacer daño a nadie»?
R.- Pues los auténticos yihadistas o terroristas
siempre intentan llevarse a sus enemigos por delante. Es
decir, hacer todo el daño que puedan. Si es verdad que
los que estaban en el piso de Leganés eran los autores
del 11-M y mataron a 192 personas, cómo es posible que,
unos días después [3 de abril de 2004] se convirtieran
en terroristas amables y esperaran a que todo el
edificio estuviera desalojado para luego suicidarse. Eso
no tiene sentido ni explicación. Yo no creo, y es una
apreciación personal, que hayan sido Serhane ni los de
Leganés.
P.- La Policía elaboró un informe el 21 de marzo de
2005 que decía que el 11-M «no se habría cometido» sin
los hermanos Almallah.
R.- Eso lo publicó el diario El País y ha quedado
demostrado que es totalmente falso. Yo he buscado ese
informe en el sumario y no lo he encontrado. El juez Del
Olmo no comprobaba nada de lo que le daba la Policía,
sólo quería saber si rezábamos, si íbamos a la mezquita
o si teníamos barba. Incluso llegaron a decir que mi
hermano Moutaz se fue a Londres para trabajar al lado de
Abu Qutada, un supuesto líder de Al Qaeda. Al final, se
ha demostrado que Moutaz no tenía relación con Abu
Qutada, ni con Abu Leche [y, tras pronunciar Abu Leche,
en tono sarcástico, Mouhannah Almallah esgrime su
primera y única sonrisa durante toda la entrevista].
P.- Su ex novia dijo que en el local de Virgen del
Coro, que tenían arrendados usted y Moutaz, se hacían
reuniones yihadistas.
R.- Nouzha Al Jauzi, mi ex amante, quería hacerme
daño porque me negué a casarme con ella. Ella sólo
quería conseguir los papeles y se prestó a un juego con
la Policía para que la convirtieran en testigo
protegido. Al final, ha quedado demostrado que Virgen
del Coro no era ninguna cueva de yihadistas y que allí
sólo había unos chicos a los que les alquilamos unas
habitaciones para recuperar la inversión que hizo mi
hermano reformando toda la casa. [Entre los inquilinos
que estuvieron en el local de Virgen del Coro están
Basel Ghalyoun, que fue absuelto por el Supremo, y Fouad
el Morabit, que finalmente fue condenado a 12 años por
pertenencia a banda armada].
P.- La Policía también encontró un temporizador en el
local.
R.- Sí, claro. Utilizaba temporizadores para los
electrodomésticos: hornos, frigoríficos. Me mostraron
varios en una pantalla y dije cuál era el mío, y
expliqué dónde lo compré, en la empresa Remle. Tuve
miedo por si querían manipularlo y colocarme lo que no
era mío.
P.- ¿Cuándo y cómo se enteró de que el Tribunal
Supremo lo absolvía de todos los cargos?
R.- Fue el 17 de julio, en la cárcel de Villena, en
Alicante. Estaba en el patio escuchando la radio en
compañía de Jamal Zougam [42.917 años de condena por
autor material], Otman el Gnaoui [igual que Zougam],
Hassan el Haski [14 años], Youssef Belhadj [12 años] y
Fouad el Morabit [12 años]. Fue un momento difícil,
porque a mí me absolvían, pero a todos los demás los
condenaban. Por una parte, en mi interior, estaba
contento, pero a la vez muy triste porque todos ellos se
vinieron abajo cuando confirmaron sus sentencias. Jamal
Zougam se hundió, y repetía una y otra vez que aquello
era una venganza y que no habían hecho justicia. Yo
también creo que no se ha hecho justicia y que, si los
del piso de Leganés no hubieran muerto, ninguno de
nosotros se habría sentado como acusado en el juicio.
Ellos necesitaban unos autores o unos culpables para
presentarlos delante del pueblo español y nos metieron a
nosotros.
P.- ¿Conoció o tuvo relaciones con Jamal Zougam antes
de los atentados?
R.- En una ocasión le compré un cargador de un
teléfono móvil, que era para mi mujer, en su tienda.
Cuando me detuvo la Policía, me insistieron mucho
durante el interrogatorio sobre Zougam y las relaciones
que éste tenía con Serhane. Les dije una y otra vez que
nunca los vi juntos, y que Zougam nunca estuvo en el río
Alberche, donde nos reuníamos los fines de semana
algunas familias para comer y que los niños jugaran al
fútbol. Ellos querían que yo dijera que había visto a
Serhane y Zougam juntos o que eran amigos. Entonces, un
policía se acercó a mí y me dijo: «El falso testimonio
no es delito».
P.- La Policía informó al juez Del Olmo de que usted
estuvo en paradero desconocido durante todo el mes de
marzo de 2004.
R.- Ese informe policial es para reírse. Durante todo
el tiempo estuve atendiendo a mis clientes y, además, la
mayoría de ellos eran españoles. Por ejemplo, atendí a
Carmen Franco, la nieta del mismísimo Francisco Franco,
y a un teniente coronel. Pero hay más. Recuerdo que el
mismo día 11 llevé a mis hijos al colegio y uno de sus
profesores me preguntó si había escuchado el atentado
que había cometido ETA en Atocha. Al día siguiente
seguimos hablando del atentado. Todo eso demuestra que
yo no estaba en paradero desconocido y que los informes
policiales son mentira.
P.- ¿Por qué se afilió al PSOE?
R.- Mis padres, que eran abogado y profesora, siempre
han sido socialistas, y yo también. Siempre he votado a
los socialistas y en marzo de 2004 también. El
presidente de la Asociación de Musulmanes de Madrid un
día nos dijo que teníamos que integrarnos en la sociedad
y afiliarnos, y yo lo hice en el distrito de San Blas.
Después de que me detuvieran, el PSOE dijo que me
expulsó, pero yo no he recibido ninguna nota y tampoco
me han pedido perdón cuando me han absuelto.
P.- ¿Quién le avaló para afiliarse al PSOE?
R.- Nadie. Me afilié en San Blas. Allí fueron muy
amables conmigo y nadie me pidió ningún tipo de aval.
Tan sólo expliqué que me sentía socialista, y me dieron
la bienvenida y me ayudaron a rellenar los impresos.
P.- ¿Cuál es su futuro?
R.- Mi familia y yo somos la otra cara de las
víctimas del terrorismo. He perdido mi trabajo, mi
reputación y todavía algunos vecinos me miran con mala
cara. He pasado tres años y medio en la cárcel y, ahora,
¿quién me recompensa de mis pérdidas? También quiero
recordar que todavía no me han devuelto el dinero que se
llevó la Policía de mi casa, unos 3.000 euros que eran
los ahorros de mi hija, de mi mujer y míos. Nunca
olvidaré que mis hijos estuvieron dos semanas sin poder
comprar ni leche y que en Auxilio Social les dijeron que
no podían ayudar y que algo habría hecho yo cuando me
detuvieron.
Las desventuras de un técnico
Mouhannah Almallah nació en Damasco hace 44 años
y se trasladó a España en 1992 con la intención de
estudiar Ingeniería Industrial. Eso no pudo ser porque
ese mismo año murió su padre, que era abogado. Mouhannah,
que era técnico en frío y calefacción, se tuvo que poner
a trabajar.
En 1993 se casó, y en 1998, junto con su hermano
Moutaz, consiguió la nacionalización española. Mouhannah
y Moutaz montaron un negocio de reparación de
electrodomésticos.
Entonces, Moutaz consideró que necesitaban un local
amplio que le sirviera de almacén, taller de
reparaciones y vivienda. Lo encontró en la calle Virgen
del Coro de Madrid. Se metió en una reforma del local y
arregló tres habitaciones y un baño en la parte superior
para su familia. La propietaria se negó a que se
trasladara hasta allí la familia de Moutaz.
Los Almallah querían recuperar la inversión y
subarrendaron el local a sirios y marroquíes que estaban
de paso por Madrid. El sirio Basel Ghalyoun (absuelto) y
el marroquí Fouad el Morabit (condenado a 12 años)
fueron algunos de esos inquilinos.
Mouhannah conocía a Serhane El Tunecino, presunto
autor material del 11-M, que murió en el piso de Leganés,
y a Abu Dahdah, condenado a 27 años como responsable de
la célula de Al Qaeda en España. Automáticamente,
Mouhannah se convirtió en el principal sospechoso de la
Policía en los atentados del 11-M. Fue detenido el 24 de
marzo de 2004 y el día 30 fue puesto en libertad sin
cargos. Su hermano Moutaz ya no vivía en Madrid. Primero
emigró a Holanda, y en 2002 terminó residiendo en
Londres.
Pero la Policía siguió buscando elementos que
relacionaran a Mouhannah con el 11-M. Hacía dos años que
se había separado de su mujer y mantenía relaciones con
una marroquí. Y, de repente, esa novia, Nouzha Al Jauzi,
declaró en marzo de 2005 que Mouhannah y Moutaz eran
yihadistas, que querían atentar contra las torres Kio de
Madrid y que en el local de Virgen del Coro se llevaban
a cabo reuniones para captar musulmanes que después eran
enviados a Irak.
Automáticamente, Mouhannah fue detenido de nuevo en
Madrid (24 marzo 2005) y Moutaz en Londres (al día
siguiente). La Policía encontró un temporizador en el
local de Virgen del Coro donde Almallah guardaba sus
herramientas y piezas de recambio. En un principio, los
investigadores intentaron relacionar el temporizador con
los utilizados por los autores materiales del atentado
del 11-M, pero la teoría no cuadró.
Más tarde, los hermanos Almallah tuvieron que
soportar un nuevo informe policial que casualmente
apareció el 2 de agosto de 2005 en el diario El País y
que decía: «El 11-M no se habría cometido sin los
Almallah». Hoy, Mouhannah ha sido absuelto por el
Tribunal Supremo. Su hermano Moutaz, que fue extraditado
de Londres a Madrid en marzo de 2007, se encuentra
encarcelado en la prisión de Huelva. El fiscal ha pedido
su libertad y el juez le ha puesto una fianza de 10.000
euros. El titular «El 11-M no se habría cometido sin los
hermanos Almallah» se viene abajo.