Resulta totalmente inaudito que, a
punto de cumplirse el tercer aniversario de la masacre
del 11-M, nos enteremos hoy de que no existe -porque no
se hizo- ningún análisis con valor «científico» de los
restos de los explosivos que estallaron en los trenes.
Según revela EL MUNDO, así lo declaró ante el juez el
comisario Jesús Sánchez Manzano, que reconoció que los
análisis entregados al juzgado tenían «un carácter
investigativo, no científico» porque habían sido
realizados en el laboratorio de los Tedax, dotado de muy
escasos medios.
Ello constituye, sin duda, un gran escándalo pero hay
otro escándalo dentro del escándalo: que sea una vez más
este periódico quien haya tenido que descubrir este
secreto inconfesable, tan extraordinariamente relevante
para la investigación judicial.
Según la narración efectuada por Sánchez Manzano ante
el juez Del Olmo en julio pasado, el único examen de los
focos de los explosivos lo realizó en la mañana del 11-M
una funcionaria que no pudo determinar su composición
«ni cuantitativa ni cualitativa» porque carecía de
medios. A pesar de la importancia del asunto, no se hizo
ningún informe por escrito hasta el 26 de marzo. Y el
informe no se remitió al juez hasta que éste lo solicitó
un mes después. Iba firmado por la funcionaria y por
Sánchez Manzano, que no es técnico, incumpliendo los
requisitos que fija la ley de Enjuiciamiento -que exige
la firma de dos expertos- para que un informe pericial
sea válido.
La principal prueba incriminatoria contra el comando
de Leganés en el 11-M reside en que las Fuerzas de
Seguridad hallaron en el piso restos de Goma 2 Eco, el
explosivo que, según consta en el sumario, se utilizó
para volar los trenes. Pero ahora resulta que no hay
análisis científico ni documento alguno que pruebe que
el explosivo de los trenes era Goma 2 Eco.
En el informe remitido al juez se dice que se
hallaron «componentes genéricos de la dinamita» en los
focos de los trenes, pero no se determinan qué
componentes y en qué proporción. Y ahora Sánchez
Manzano, tras sus contradicciones en el Congreso,
reconoce que el análisis no fue «científico».
Ningún tribunal serio puede aceptar en estas
condiciones como probable la hipótesis policial sobre la
Goma 2 Eco. Y ello nos conduce a la pregunta esencial,
que Del Olmo no planteó a Sánchez Manzano y que
formularía cualquier persona con sentido común: ¿por qué
no se enviaron las muestras obtenidas el 11-M por los
Tedax al laboratorio de la Policía Científica, que posee
todos los medios para efectuar esos análisis?
No hay respuesta, como tampoco la hay al hecho de que
el juez Del Olmo aceptara como válido un informe
policial tan endeble como el del 26 de marzo y haya
mantenido en secreto la declaración de Sánchez Manzano
en una pieza separada que se ha negado a incorporar al
sumario.
No hay la menor duda de que la actuación profesional
de Sánchez Manzano, destituido de su cargo en diciembre,
oscila entre la incompetencia extrema y la conspiración
para obstruir la acción de la Justicia. Merecería una
investigación interna y una dura sanción por su como
minimo flagrante incapacidad.
Queda además patente la grave negligencia en la
investigación del juez Del Olmo, que ha ocultado las
declaraciones de Sánchez Manzano en un intento de
autoprotegerse y tapar su propia ineptitud. Su actuación
no sólo merecería una seria investigación disciplinaria
o penal, sino que además pone en evidencia la desastrosa
instrucción del mayor atentado de la Historia de España.
¿Seguirá diciendo ahora la prensa gubernamental que todo
está muy claro y que EL MUNDO siembra dudas sin
fundamento?