La versión oficial sobre el 11-M no
gana para disgustos, a pesar del empeño de sus artífices
y publicistas en sostenella y no enmendalla.
Empecemos por el
principio. Como se recordará, las dudas sobre el
explosivo utilizado para cometer el atentado del 11-M
(expresadas por EL MUNDO) llevaron al tribunal que juzga
el caso a designar un grupo de ocho peritos para que
éstos volvieran a analizar todas las muestras. La idea
inicial era que, al comenzar la vista oral, hubiera ya
una conclusión sobre ese aspecto crucial del sumario y,
obviamente, para el dictamen de la sentencia.
1. Vega entra en acción: la contaminación en fábrica.
La aparición, a primeros de febrero de este año, del
DNT en las muestras de los focos de las explosiones
produjo en el jefe de la pericia, Alfonso Vega
(facultativo e inspector de la Policía Científica con
carné profesional número 47) el mismo efecto que debió
de causar en los miembros del tribunal de la Inquisición
el constatar que Galileo tenía razón.
Recordemos que los ocho peritos hicieron los primeros
análisis sobre las muestras del explosivo intacto o no
explosionado en los que, como dijo uno de los peritos en
su declaración ante el tribunal la semana pasada, «no se
detectó nada raro».
La sorpresa vino cuando, con las mismas técnicas que
se habían utilizado para analizar las citadas muestras,
se procedió a examinar las procedentes de los focos de
las explosiones. ¿Qué ocurrió entonces? Que de forma
incontestable apareció un compuesto que nada tenía que
ver con los que forman parte de la Goma 2 ECO: ¡el
dinitrotolueno (DNT)!
Entonces, el director de la pericia ordenó repetir
los análisis de las muestras de explosivo intacto, pero
esta segunda vez bajando sensiblemente los umbrales de
detección. Es decir, afinando al máximo las analíticas
para poder observar hasta el más mínimo resto.
Entonces fue cuando aparecieron las diminutas trazas
de DNT en muchas de esas muestras.
Desconcertado, lo primero que hizo Vega -nombrado,
por cierto, por el Comisario General de la Policía
Científica, Miguel Angel Santano, para esa crucial
tarea- fue improvisar una explicación: la contaminación
en fábrica.
¿En qué consistía dicha teoría? Pues que en las
tolvas de la factoría donde se elabora la Goma 2 ECO
quedaron partículas de otro producto fabricado
anteriormente: Goma 2 EC, que sí contiene DNT. Esas
supuestas y pertinaces partículas de Goma 2 EC habrían
contaminado con DNT un explosivo que, en teoría, se
había concebido precisamente para que esa sustancia no
estuviera entre sus componentes.
La primera teoría de la contaminación fue fácilmente
asumida por los palmeros mediáticos que dan brillo a la
versión oficial, que hicieron un despliegue tipográfico
tan espectacular como inútil para defender lo
indefendible.
Las pegas que hacían de esa tesis una elucubración
sin sentido eran evidentes.
En primer lugar, había muestras que no estaban
contaminadas con DNT, lo que hacía imposible la
contaminación a través de las tolvas. Los mismos
cartuchos no podían estar, a la vez, contaminados y no
contaminados.
En segundo lugar, Unión Española de Explosivos dejó
de fabricar la Goma 2 EC en 2002, lo que llevaba a la
conclusión de que la contaminación fuera permanente y
sostenida en el tiempo: no olvidemos que la Goma 2 ECO
encontrada en el piso de Leganés, la presuntamente
utilizada por los terroristas para causar la matanza,
había recalado en Mina Conchita entre enero y febrero de
2004.
Pero, además, de haber sido cierta esa curiosa
teoría, Unión Española de Explosivos habría vulnerado
todos los protocolos de sus controles internos de
calidad, que, en teoría, sirven para detectar cualquier
tipo de componente hasta en partículas microscópicas.
El hundimiento definitivo de ese primer intento de
justificar la aparición del DNT en los análisis de los
restos de explosivo se produjo cuando la propia empresa,
a instancias de la pericia, remitió al tribunal un
informe que incluía los componentes de la Goma 2 ECO
fabricada en distintos años, donde se demostraba
científicamente que entre ellos no había ni el más
mínimo rastro de dicha sustancia.
El segundo sobresalto -no por ello menos perturbador-
sufrido por el jefe de la pericia fue cuando se detectó
nitroglicerina en la muestra M-1, un resto de polvo de
extintor recogido de uno de los focos de la estación de
El Pozo y que el 11 de marzo de 2004 fue analizado por
él mismo sin que hubiera reflejado en su informe la
aparición de ningún tipo de componente explosivo.
La nitroglicerina es un componente que, como el DNT,
apunta a la posibilidad de que el explosivo utilizado
por los terroristas (en todo o en parte) fuera el
Titadyn, dinamita habitualmente utilizada por ETA. Como
saben, cualquiera cosa que huela a ETA es inmediatamente
apartada de la investigación oficial. Recuerden que
Santano (el jefe directo de Vega) tendrá que sentarse en
el banquillo acusado de falsedad precisamente por haber
manipulado un informe para hacer desaparecer del mismo
la palabra ETA en relación al 11-M.
Los cuatro peritos de las partes razonaron con
aplastante lógica que la aparición de la nitroglicerina
añadía un interrogante aún mayor que el DNT, por cuanto
la muestra donde había sido detectado, el polvo de
extintor, era la única que previamente no había sido
lavada en el laboratorio de los Tedax con agua y
acetona, líquidos disolventes que podían, teóricamente,
haber hecho desaparecer esa sustancia en el resto de las
muestras.
2. La Policía Científica no se rinde: Vega construye
la teoría de la contaminación ambiental.
Así fue como nuestro hombre, el perito con carné
profesional número 47, respaldado, cómo no, por el otro
perito de la Policía Científica que le acompaña en la
pericia, desarrolló su argumentación final para
justificar la aparición de componentes impropios de la
Goma 2 ECO, como el DNT o la nitroglicerina, en los
análisis sobre el explosivo del 11-M: la teoría de la
«contaminación ambiental».
Vega, en las conclusiones que adjunta al Informe
Pericial Final sobre los explosivos, resume así su
tesis: «Las muestras... han sido embaladas durante estos
tres años en bolsas de plástico y, por tanto, también
han podido incorporar a su composición sustancias
explosivas y no explosivas presentes en el ambiente en
que han estado almacenadas».
Pero, claro, esta explicación implica daños
colaterales. Apunta directamente a los Tedax y a su
falta de rigor a la hora de custodiar las muestras de
explosivos como responsables de este serio contratiempo
para la versión oficial.
Lo malo es que, para sostener esa versión, hacía
falta la colaboración del jefe del laboratorio de los
Tedax, es decir, de la licenciada en químicas con carné
profesional número 17.632 (que atiende al nombre de
Marian) y que, precisamente, declaró ante el tribunal el
lunes 28 de mayo, un día antes de que lo hicieran los
ocho peritos.
Fue justamente su presidente, Javier Gómez Bermúdez,
quien insistió en conocer cómo y de qué forma estaban
guardadas en el almacén de los Tedax las muestras de los
restos de explosivo que tenían que ver con el 11-M. Esta
fue la respuesta de Marian: «Hay una bolsa que cierra
una caja de cartón (que, a su vez, está metida en un
armario), en esa caja de cartón hay bolsas de plástico,
dentro de esas bolsas de plástico, unos sobres de papel
normal y dentro de esos sobres existen varias bolsas, en
algunos casos dos, en otros casos tres, una sobre otra
encintadas con cinta adhesiva que guardan la sustancia
explosiva».
No contento con ello, el presidente del tribunal
insistió a la perito: «¿Y con esas características es
posible que se traslade o se traspase alguna sustancia
de una bolsa final a otra bolsa final?». Marian,
respondió, sin dudar: «Yo lo encierro todo en ese tipo
de bolsas precisamente para evitarlo».
Como ocurrió con la teoría de la contaminación en
fábrica, la nueva arquitectura argumental montada por
Vega para salvar a la Fiscalía (en su escrito de
acusación el explosivo utilizado fue Goma 2 ECO y sólo
Goma 2 ECO) chocaba con algunos obstáculos difíciles de
salvar.
Sostener la teoría de la contaminación ambiental no
sólo implica poner en duda el rigor del laboratorio de
los Tedax en cuanto a la custodia de las muestras, sino,
lo que sería más grave, cuestionar la validez de los
miles de análisis que se han realizado en el mismo
durante más de dos décadas.
3. Acusaciones y Fiscalía se apuntan a una nueva
tesis: el cóctel de explosivos
Herida de muerte, como estaba, la teoría de la
contaminación ambiental tras la declaración de la perito
17.632, el coro de fabuladores que sustenta la versión
oficial buscó inmediatamente otro recoveco para seguir
manteniendo que en los trenes sólo pudo estallar Goma 2
ECO.
El resquicio encontrado para hacer compatible ese
explosivo con la aparición del DNT y la nitroglicerina
fue la teoría de la mezcla, el cóctel de explosivos.
Justo al día siguiente de que declarase ante el
tribunal la perito 17.632, El País publicaba en su
portada un titular que auguraba grandes revelaciones:
«El sumario del 11-M remata la conspiración». Según la
información publicada por nuestro amable colega, la
Guardia Civil había detectado nitroglicerina en el
análisis que hizo de los cartuchos de Goma 2 ECO
encontrados en un registro de Mina Conchita llevado a
cabo en el mes de junio de 2004.
Era el aperitivo de una ofensiva que tenía como plato
fuerte la exhibición de un documento, remitido al
tribunal 48 horas antes, en el que se decía en la Goma 2
EC podía contener indistintamente nitroglicerina y
nitroglicol.
Para Vega, e incluso para la propia Fiscalía, la
teoría de la mezcla de explosivos supone un riesgo
evidente, por cuanto ni uno ni otra han manejado esa
posibilidad hasta este momento: ambos han estado
embarcados hasta ahora en la existencia de un solo
explosivo, la Goma 2 ECO.
Pero a la fuerza ahorcan. Se trataba de salvar como
fuera la imposibilidad de explicar de una forma
razonable la aparición en los análisis de dos
componentes que no forman parte de la Goma 2 ECO tras el
testimonio demoledor de la perito jefe de los Tedax, que
dejó tambaleándose la teoría de la contaminación
ambiental. O sea, de seguir manteniendo como fuera que
no pudo ser Titadyn. Y se hizo con otra explicación
improvisada al efecto.
Los abogados de algunas acusaciones fueron los
encargados de poner sobre la mesa la teoría alternativa
del cóctel de explosivos en su interrogatorio a los
peritos. El resultado no pudo ser más contraproducente.
Para empezar, los peritos de la Guardia Civil adscritos
al equipo nombrado a instancias del tribunal -que
fueron, además, los mismos que en su día analizaron la
Goma 2 ECO de Mina Conchita- reconocieron ante la Sala
que su apreciación (la detección de la nitroglicerina)
se trató de un error. Emplearon para su análisis una
técnica que no tenía en su base de datos el nitroglicol
y, por tanto, interpretaron que dicho compuesto era
nitroglicerina. Posteriormente, en un segundo análisis
más riguroso comprobaron que el compuesto era
nitroglicol y no nitroglicerina.
El anunciado «remate» por parte de El País había
quedado en sonoro fiasco.
Sin embargo, quedaba un segundo cartucho. Un
documento publicitario de la empresa Maxam -antes Unión
Española de Explosivos- (al que se puede acceder a
través de internet) fechado el 10 de septiembre de 1999,
en el que figuran como componentes de la Goma 2 EC la
nitroglicerina y el nitroglicol. Según el Real Decreto
230/98 sobre Reglamento de Explosivos, se autoriza la
fabricación de la Goma 2 EC «tanto con nitroglicerina
como con nitroglicol, así como mezcla de ambos».
La puerta quedaba, pues, abierta a que una hipotética
mezcla o contaminación de Goma 2 ECO con Goma 2 EC
hubiese producido la aparición del componente
nitroglicerina en la famosa muestra M-1.
Pero otra decisión del presidente del tribunal echó
por tierra la efímera esperanza de cuadrar por enésima
vez el círculo. El propio Vega, a instancias de Gómez
Bermúdez, solicitó por teléfono el día 29 a Maxam la
aclaración de una serie de dudas sobre la Goma 2 EC.
Ese mismo día, a última hora, Maxam remitió a la
Audiencia Nacional un fax en el que desmonta de forma
inapelable la teoría de la mezcla de explosivos a la que
de forma tan entusiasta se había sumado la Fiscalía en
el último momento.
Según Maxam, «desde la citada fecha del 31-03-92
hasta el cese de su fabricación definitiva en enero de
2002, la Goma 2 EC se fabricó en la Fábrica de Páramo de
Masa (Burgos) utilizándose exclusivamente en su
producción el nitroglicol».
Es decir, que la nitroglicerina no forma parte de la
Goma 2 EC fabricada por Maxam desde hace 15 años, cuando
José Emilio Suárez Trashorras, el supuesto proveedor de
los explosivos a los terroristas, apenas sí tenía 15
años de edad. O bien el confidente era ya en su
adolescencia un precoz traficante de explosivos, que
supo almacenarlos en condiciones idóneas para venderlos
12 años después en perfecto estado de conservación a los
autores de la masacre del 11-M, o bien la nitroglicerina
procede de otro tipo de dinamita.
4. A la desesperada, la solución final: contaminación
y cóctel al mismo tiempo.
De forma poco habitual, la Fiscalía ha cambiado de
caballo al final de la carrera. Ahora, en su escrito de
conclusiones, sostiene que en los trenes estalló una
mezcla de Goma 2 ECO y Goma 2 EC (lo que justificaría la
aparición de DNT) y que la nitroglicerina que se detectó
en la muestra M-1 es fruto de la contaminación en el
almacén de los Tedax.
Esta solución no aporta realmente nada nuevo. Es, tan
sólo, una chapuza que adolece de las mismas lagunas que
cada una de las teoría anteriores por separado. Si hubo
mezcla de Goma 2 ECO y Goma 2 EC, ¿por qué no aparece
DNT en las muestras custodiadas por la Guardia Civil?
Y, lo más importante, ¿por qué se detecta el DNT sólo
en pequeñas trazas en el explosivo intacto y, sin
embargo, aparece como un componente en los restos de los
focos?
La Fiscalía debería recordar que en el sumario hay un
informe de Sánchez Manzano remitido a Del Olmo y
realizado tras la inspección de la Guardia Civil a Mina
Conchita en junio de 2004 (aquel en el que se detectó
erróneamente nitroglicerina en la Goma 2 ECO), en el que
el ex comisario jefe de los Tedax descarta completamente
la posibilidad de que en el atentado de Madrid los
terroristas utilizasen Goma 2 EC.
El tribunal, tras lo ocurrido en los últimos días, no
lo tiene nada fácil. En estos momentos, sólo tiene dos
opciones sobre la mesa. O bien acepta la teoría del
cóctel y asume que las partículas de nitroglicerina
flotantes en el almacén de los Tedax penetraron (de
manera inteligente) a través de armarios, bolsas, cajas,
sobres, bolsas, sobres y bolsas, hasta penetrar
justamente en una sustancia absorbente donde encontraron
acomodo (el polvo de extintor del resto hallado en uno
de los focos de El Pozo), o bien admite que la
nitroglicerina obedece a que en los trenes estalló otro
explosivo, al margen de la Goma 2 ECO y que no pudo ser
Goma 2 EC: el Titadyn.
La última versión de la Fiscalía recuerda demasiado a
la teoría de la bala zigzagueante elaborada por la
Comisión Warren para sostener que a Kennedy lo mató un
solo hombre, Lee Harvey Oswald. Cuarenta años después,
el 70% de los norteamericanos sigue sin creerse esa
historia.
casimiro.g.abadillo@el-mundo.es