MADRID. - Perplejidad.
Estupefacción. Incredulidad. E incluso indignación.
Estas palabras son las que resumen las reacciones de los
científicos consultados por EL MUNDO al ser preguntados
por el estado actual de las investigaciones en torno a
lo ocurrido la trágica mañana del 11-M.
Según estos
especialistas -técnicos en detonación de explosivos e
investigadores con experiencia y amplios conocimientos
en cromatografía de capa fina (técnica utilizada por los
Tedax para analizar las bombas)-, debería ser posible
identificar el tipo de dinamita que se utilizó en el
mayor atentado de la Historia de España, teniendo en
cuenta la tecnología de que dispone la Policía
Científica.
Para los expertos consultados resulta totalmente
inverosímil la versión de los hechos que han defendido
ante el juez Juan del Olmo el comisario jefe de los
Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, y la inspectora que
realizó los análisis sobre el explosivo hallado en los
trenes, según la cual es imposible determinar los
componentes de las bombas y sólo puede decirse que se
trata de dinamita.
«Me parece todo bastante extraño», asegura Francisco
Javier Bermejo, un investigador que trabaja diariamente
con técnicas de cromatografía en una empresa
farmacéutica.
«Hoy contamos con unas herramientas de enorme
precisión que nos permiten determinar los componentes de
cualquier sustancia, aunque la muestra tenga un tamaño
ínfimo. De hecho, yo trabajo con muestras de picogramo
[una billonésima parte de un gramo] y le aseguro»,
explica, «que se pueden diferenciar los componentes de
esa sustancia».
En el caso concreto de la identificación de
explosivos mediante estas técnicas, Fernando María
García Bastante, profesor en la Escuela Superior de
Minas de la Universidad de Vigo, señala que «en la gran
mayoría de los casos es posible saber el tipo y la
procedencia del explosivo, porque siempre queda algún
vestigio de los explosivos o restos de su embalaje».
Según esta especialista, para que no quedasen restos
sería necesario que «todo el explosivo se iniciase al
mismo tiempo y que toda la carga fuese detonada, pero,
en la práctica, eso es imposible».
El profesor García Bastante explica que la reacción
química que produce una explosión desencadena una
reacción física: el lanzamiento de componentes que
posteriormente pueden ser analizados.
«En general, lo que pasa es que si tenemos, por
ejemplo, cinco cargas, una explosiona primero y luego
detona las siguientes. Es precisamente la propagación de
la reacción en cadena de la primera carga la que provoca
el lanzamiento de partículas y restos a gran distancia.
Y esto es lo que permite más tarde a los expertos
recoger muestras cuyos componentes pueden ser
identificados».
«Desde el punto de vista científico, lo que están
diciendo los responsables de los Tedax es totalmente
inverosímil. De hecho, no tiene ningún sentido», asegura
Teresa de Lara, una experta en el campo de la
cromatografía con una larga trayectoria profesional en
el Departamento de Química Orgánica de la Universidad de
Barcelona y en la empresa alemana Hertz.
«Cualquier químico sabe perfectamente que con una
muestra ínfima, muy por debajo del gramo, se pueden
identificar los componentes de cualquier mezcla. Parece
como si hubieran obtenido resultados en una analítica
que luego no quisieron hacer públicos por el motivo que
sea, y ahora buscan excusas para ocultar lo que
encontraron porque no les interesa que se sepa. Desde
luego, lo que no es creíble es afirmar tajantemente la
imposibilidad técnica de identificar los componentes de
una muestra, porque los que trabajamos con cromatografía
hacemos eso de forma rutinaria con una gran precisión»,
añade De Lara.
Descomponer muestras
En esta misma línea, el doctor Enrique de la
Morena, ex jefe del Departamento de Bioquímica
Experimental de la Fundación Jiménez Díaz y hoy
consultor independiente, tiene la sensación de que se
están haciendo afirmaciones que podrían parecer creíbles
a las personas que no saben nada de cromatografía (es
decir, la mayor parte de la población), pero que
resultan absurdas para cualquier técnico que tenga un
mínimo de conocimientos en este campo: «Los que
trabajamos en esto sabemos que no es complicado
descomponer una muestra, por ínfimo que sea su tamaño,
y, por lo tanto, es muy sencillo diferenciar, por
ejemplo, la nitroglicerina del nitroglicol».
Como saben muy bien los lectores que han seguido de
cerca la investigación en torno al 11-M, la posibilidad
de diferenciar entre estas dos sustancias es crucial, ya
que la nitroglicerina es un componente de la Titadyn, el
explosivo habitualmente utilizado por la banda
terrorista ETA; y, según una versión inicial de los
hechos presentada por el comisario jefe de los Tedax
ante la Comisión parlamentaria que investigó el 11-M, se
detectó en ocho de los focos de los trenes (aunque
posteriormente Sánchez Manzano dijo que se equivocó en
su declaración, alegando que lo que realmente quiso
decir es que se halló dinamita). El nitroglicol, sin
embargo, forma parte de la Goma 2 ECO, el explosivo
hallado en la bolsa de Vallecas, la furgoneta Renault
Kangoo, el piso de Leganés y las vías del AVE a su paso
por Mocejón.
Tanto Sánchez Manzano como la inspectora del Tedax
que analizó los explosivos mantienen que, como mucho, se
puede afirmar que en los trenes estalló dinamita, pero
es imposible saber de qué tipo.
Sin embargo, los expertos consultados están
fundamentalmente de acuerdo con el ex agente de los
Tedax Luis Angel Marugán Casado, quien declaró a EL
MUNDO que afirmar que se ha encontrado dinamita sin
especificar sus componentes es absurdo, como si alguien
dijera que ha encontrado tortilla sin haber detectado
sus ingredientes básicos.
«Por supuesto que si afirmas que has encontrado
dinamita, es porque has logrado identificar una serie de
componentes», afirma Teresa de Lara. «No tiene ningún
sentido hablar de dinamita sin especificar las
sustancias que se han hallado», asegura igualmente
Enrique de la Morena.
Por su parte, Miguel Torres, un oficial del Ejército
en el Cuerpo General de Armas y técnico en desactivación
de explosivos con muchos años de experiencia trabajando
sobre el terreno -«con las manos en la masa», como él
dice-, recurre a otro símil gastronómico para
ridiculizar la idea de que se pueda asegurar que algo es
dinamita, sin especificar de qué se compone el
explosivo: «Desde luego, y por mi propia experiencia, si
afirmamos que algo es dinamita, es porque se sabe de qué
tipo estamos hablando. Es como si yo dijera que una
sustancia es chocolate; también podré precisar si es
blanco o negro».