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Lunes, 22 de enero de
2007. Año: XVIII. Numero: 6245. |
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OPINION |
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| COMENTARIOS LIBERALES |
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Las armas
del 11-M |
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FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
Para
asesinar a casi doscientas personas y herir o mutilar a
mil quinientas hacen falta muchas armas: explosivos,
bombas que hay que saber fabricar y detonar, lugares y
horas en que puede producirse el mayor número posible de
víctimas, una motivación tan poderosa que te lleve a
asesinar inocentes a mansalva como si no fueran
personas, una organización capaz de diseñar, financiar,
organizar a todos los grupos participantes, capacidad
para evitar que la Policía detecte la trama terrorista
y, si no son terroristas suicidas, alguna forma de que
los asesinos puedan escapar tras perpetrar la masacre.
Para derribar a un Gobierno, además de todo eso, hace
falta un arma mucho más poderosa: la mentira. Es la más
importante de todas las fuerzas que mueven el mundo,
según dijo Jean François Revel, y España lo prueba. Pero
ni el clarividente maestro francés pudo imaginar hasta
qué extremos podía llegar el engaño a todo un pueblo, a
una próspera democracia occidental con sus jueces,
policías, medios de comunicación, políticos y
ciudadanos. Y eso es lo que cada vez está más claro que
ha sucedido desde el 11-M hasta hoy. Primero, nos
mataron. Luego, nos engañaron. Y a los que sospecharon
el engaño y lo investigaron, los ridiculizaron, los
dejaron por embusteros o por locos.
Pues bien,
por EL MUNDO de ayer
sabemos que Sánchez
Manzano, jefe de los Tedax y máximo responsable de
analizar los explosivos que volaron los trenes, que son
el arma del crimen, no quiso remitir las pruebas de la
explosión a la Policía Científica y se guardó las
muestras recogidas en los trenes, dejando creer que el
explosivo que mató a doscientas personas estaba
perfectamente identificado y era Goma 2 ECO, el mismo
encontrado en una supuesta mochila sin estallar en la
comisaría de Vallecas y en una furgoneta donde no había
nada antes de pasar por la comisaría de Canillas. El
explosivo identificado desmentía que pudiera ser obra de
ETA, que usaba habitualmente Titadyne, y remitía a una
supuesta red de moros y asturianos, casi todos
confidentes policiales, que habrían perpetrado la
masacre en venganza por el respaldo político del
Gobierno del PP a la Guerra de Irak. Lo habían hecho,
decían, con Goma 2 ECO, dinamita asturiana. Pues bien:
todo es mentira. Nunca se analizó el explosivo utilizado
en los trenes; se han falsificado las pruebas
materiales, como la mochila y la furgoneta; el juez
encargado de instruir el caso escondió este delito de
criminal negligencia y lesa humanidad y no lo reseñó
siquiera en el sumario. La fiscal, que sabía
perfectamente que nunca se había analizado el explosivo,
llegó a decir en público:
«En los trenes ha estallado
Goma 2 ECO, ¡y vale ya!». Jueces, fiscales y policías
han mentido descaradamente y desde el principio. Y esa
ha sido el arma más siniestra del 11-M: la mentira. El
crimen continúa.
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