Los primeros policías que llegaron
hasta la furgoneta Renault Kangoo, la que se encontraba
en la mañana del 11-M junto a la estación de tren de
Alcalá de Henares, observaron algo en su interior que
les llamó la atención.
Ya señalamos en el
agujero negro anterior que se dieron cuenta al mirar a
través de las ventanillas de que la parte destinada a la
carga estaba vacía. Debajo del asiento del copiloto
vieron un chaleco amarillo reflectante mal doblado y,
encima del mismo asiento, una casete transparente sin
ninguna inscripción, al menos en la parte visible.
Aparentemente, no había nada que pudiera tener
trascendencia policial, excepto aquella tarjeta de
visita del Grupo Mondragón que estaba situada en el
salpicadero, perfectamente visible, colocada justo
encima de la parte del volante.
Uno de los policías del coche K, camuflado, se dedicó
a mirarla con detenimiento mientras uno de los policías
del coche Z, de uniforme, se dirigió hacia la parte
trasera del vehículo para comprobar el número de la
matrícula. Ambos coches habían llegado al lugar
prácticamente a la vez. Aún faltaban bastantes minutos
para que fueran las 10.00 horas. Habían pasado poco más
de dos horas desde los atentados.
Al policía del coche K la tarjeta le pareció un
hallazgo importante.Sabía que la rapidez en la
identificación podía ser crucial.En la tarjeta podía
leerse con claridad las palabras Grupo Mondragón.Tenía
un número de teléfono fijo cuyo prefijo también llevaba
al norte.
Era tal la premura por comunicar esos datos por el
transmisor portátil -téngase en cuenta que en aquellas
primeras horas todos los políticos y los medios de
comunicación apuntaban hacia la autoría de ETA- que el
policía del Z que quería pasar la matrícula tuvo que
esperar para que le atendieran en la central. Es decir,
que pasaron antes la información de la tarjeta que la
numeración de la matrícula. Este último dato les
llevaría a conocer que el coche había sido robado. Por
eso se acordonó rápidamente la zona.
La noticia del hallazgo de la tarjeta del Grupo
Mondragón la escucharon en abierto todos los hombres de
patrulla en la zona, ya que la voz del policía del K se
escuchaba en los altavoces de las emisoras de todas las
patrullas. También la oyeron, lógicamente, los mandos,
además de los tres policías de servicio que atendían la
emisora y los inspectores que estaban en comisaría.
Aproximadamente 40 policías, entre los que estaban
los componentes de las patrullas de los coches K y Z,
responsables de Información, los pertenecientes a las
dotaciones de Lepantos, Ecos, Prismas, Polos y un largo
etcétera escucharon aquella mañana cómo se daban los
datos de la única pista encontrada en el interior de la
furgoneta.
Sin embargo, la información de esa tarjeta no volvió
a mencionarla ninguno de los inspectores de la Brigada
de Información ni de la Policía Científica que acudieron
al lugar a partir de las 11.00 horas. O no la vieron, o
no le dieron importancia.
Es evidente que el Grupo Mondragón y ETA son
absolutamente diferentes.El primero es un grupo
empresarial de extraordinaria importancia a nivel
internacional. La segunda es una banda terrorista. El
Grupo Mondragón cambió su nombre en 2005 para
convertirse en MCC, una Corporación Cooperativa con
plantas en 38 países y más de 70.000 empleados.
LUCHA CONTRA ETA
Pero hecha esta aclaración, hay que dejar además
bien claro que, para los policías que habían trabajado
en la lucha contra ETA, gentes cercanas a empresas del
Grupo Mondragón estaban situadas en el entorno del mundo
abertzale. En esas circunstancias, la tarjeta encontrada
en la furgoneta, aunque no tuviera nada que ver con ETA,
desviaba la atención hacia el norte lo mismo que la
cinta con los versos coránicos desviaría la atención
hacia el sur.
El ministro del Interior en aquel momento, Angel
Acebes, nunca fue informado, sin embargo, del hallazgo
de esa tarjeta. Es más, nunca había oído hablar de ella
en los dos últimos años. «La primera noticia que yo tuve
sobre lo encontrado en el interior de la furgoneta de
Alcalá fue a las 19.00 horas del mismo 11 de Marzo,
cuando me avisaron de que habían hallado unos
detonadores.Nadie me habló nunca de ninguna tarjeta, y
menos de Mondragón».
Las palabras Grupo Mondragón no volvieron a
mencionarse nunca en relación con la furgoneta Kangoo de
Alcalá. El día 12 de marzo, en la sede policial de
Canillas, le presentan a José Garzón, el dueño del
vehículo, todos los objetos encontrados en su
interior.La lista es tan minuciosa como para figurar en
ella una tarjeta del club Carrefour, un botellín de zumo
Granini o tres lapiceros.Entre los objetos que él
reconoce figura incluso una tarjeta de visitas, pero es
la suya propia. Ni rastro de la tarjeta del Grupo
Mondragón.
Tampoco figura esa tarjeta en el documento de la
inspección técnico-policial de la furgoneta en el que se
especifican las 61 evidencias encontradas por la Policía
Científica de Canillas y firmada a las 10.00 horas del
24 de marzo de 2004. En el listado oficial no existen
más tarjetas de visita que las del dueño y la de un tal
Vicente Mellado.En ningún caso se hace alusión al Grupo
Mondragón.
La tarjeta del consorcio empresarial no consta entre
los objetos encontrados en el interior de la Kangoo y
que se reseñan en el auto del juez Juan del Olmo.
LA PRIMERA IMPRESION
La importancia de la presencia de la tarjeta en
el interior de la furgoneta puede ser muy relativa. Es
más que posible que la investigación de los datos
encontrados en la misma no llevara a ninguna parte. Pero
lo que realmente tiene trascendencia es que alguien
ocultó a la opinión pública y al Gobierno ese dato que,
en aquel momento, caminaba en dirección contraria al de
la cinta coránica. Es evidente que alguien primó un
objeto sobre otro para condicionar la investigación.
El juez Juan del Olmo no ha llamado a declarar a los
policías que llegaron primero junto a la furgoneta de
Alcalá en la mañana del 11-M. No han podido, por tanto,
testificar sobre el hallazgo de esa tarjeta y la
transmisión de sus datos por la emisora hasta la
centralita de la comisaría de Alcalá.
El juez puede encontrar más de 40 testigos que
certificarán que esa mañana escucharon los datos de la
tarjeta del Grupo Mondragón por los altavoces de sus
emisoras. Tendrá, además, ocasión de preguntar a los
mismos policías sobre la veracidad de la afirmación de
que la furgoneta estaba vacía en su zona de carga, como
ya detallamos en un capítulo anterior.
EN EL MISMO FOCO
Por una casualidad de la vida, uno de los coches
que permaneció aparcado junto a la Renault Kangoo de
Alcalá en la mañana del 11-M estaba repleto de
pasquines, banderolas y mecheros del Partido Popular.
Todos esos objetos formaban parte de la propaganda que
se repartía en las fechas anteriores a las elecciones.
Con sentido del humor, el propietario de ese vehículo
(el Seat Ibiza M-8894-HT), Miguel Villa, un joven
miembro del Comité Ejecutivo del PP de Alcalá de
Henares, nos comenta que, si hubiera estallado una bomba
en la furgoneta, se hubiera esparcido por el cielo de
Alcalá toda esa propaganda del PP. «Seguro que hubieran
dicho entonces que la bomba la habíamos puesto
nosotros».
Miguel es asesor municipal, un cargo de confianza del
actual equipo de gobierno de la Alcaldía.
«Yo vivo justo en las casas de enfrente del lugar
donde se encontró la furgoneta. Mi padre es que el que
más usa el coche. No puede recordar si, cuando aparcó,
la furgoneta Kangoo ya estaba allí».
En la noche anterior, fueron los propios concejales
del PP los que pasaron por aquel lugar a altas horas de
la madrugada. Llevaban varias horas repartiendo
propaganda. Eran dípticos con la imagen de Mariano Rajoy
y su catálogo de 10 puntos para un buen gobierno.Los 14
concejales se habían repartido los diferentes
distritos.A Javier Fernández, concejal de Obras
Públicas; Jesús Domínguez, de Medio Ambiente, y
Francisco Bernáldez, de Educación, les había tocado el
distrito 7.
EL REPARTO
«Salimos de la plaza de Cervantes hacia las 23.00
horas. Llevábamos bolsas de plástico llenas. Ibamos
dejando la propaganda en todos los parabrisas de los
coches aparcados. Tardamos bastante. En la zona de las
Eras del Silo había por lo menos 500 coches aparcados
con cierto desorden, así que nos entretuvimos mucho».
Es una zona algo solitaria a la que se acercan
parejas en coche que buscan intimidad en un lugar
apartado.
«Hacíamos nuestro trabajo con cierta precaución
porque no queríamos que nadie se molestara, y menos a
esas horas. Llegamos muy tarde a la calle del Infantado,
donde por la mañana encontrarían la furgoneta Kangoo».
La acera de la furgoneta le tocó a Javier Fernández.
Serían ya cerca de las 2.00 horas. En el lugar, a esas
horas, hay poca luz.
«Yo podría asegurar que, al llegar al sitio exacto
donde se encontró la Kangoo, había una furgoneta pequeña
aparcada. Lo que no puedo sostener es si era ésa u otra.
No recuerdo si llegué a ponerle la propaganda en el
parabrisas porque, al acercarme, me llevé la sorpresa de
que la furgoneta tenía las ventanillas bajadas».
Por la escalera cercana que baja de la estación de
tren descendían en ese momento varias personas de color.
«No me importa decir la verdad», prosigue Javier
Fernández. «Tuve miedo porque, a esas horas y en ese
lugar, hay que andar con un poco de precaución».
«Recuerdo que había una mujer de edad avanzada
asomada a una ventana del primer piso en la fachada que
corresponde al número 3. Estoy seguro de que la
furgoneta tenía las ventanillas bajadas y a mí me dio la
sensación de que había alguien dentro. No me paré a
comprobarlo. Me encontré con mis compañeros. A Jesús se
le había roto una de las bolsas, así que tuvo que tirar
lo que nos quedaba de la propaganda a un contenedor
cercano. Decidimos que ya habíamos hecho bastante y nos
retiramos de la zona».
VENTANILLAS ABIERTAS
De lo que sí están seguros es de que en ese
lugar, a las 2.00 horas, no había ningún hueco para
aparcar. O bien la furgoneta Kangoo era la que ellos
vieron, o alguien tuvo que irse de allí entre las 2.00 y
las 7.00 horas para que pudiera aparcar la Kangoo.
«Por más vueltas que le he dado», asegura Javier
Fernández, «no puedo certificar que fuera ésa la
furgoneta, pero de lo que sí estoy seguro es de que
tenía los cristales bajados».
Miguel Villa recuerda que entre los vecinos se
comentó en aquella época que lo que más les extrañaba
era lo del vehículo 4x4 que estaba aparcado en el lado
izquierdo de la Kangoo.
«Llevaba allí varios días antes del 11-M y luego, a
pesar del revuelo que se armó con el hallazgo de la
Kangoo, permaneció aparcado en el mismo lugar al menos
dos semanas más».
Los tres concejales de Alcalá quieren salir en
defensa del que ocupaba el puesto de comisario en Alcalá
en aquellas fechas, Eduardo Blanco.
«Has dado a entender [en el Agujero anterior] que el
actual Gobierno ha premiado sus servicios con un puesto
chollo en El Salvador.Es posible que ese puesto esté muy
bien remunerado y que las condiciones de vida sean
bastante atractivas: un buen nivel de servicios sin
apenas gastos. Pero podemos asegurarte que no aceptó ese
puesto de buena gana. Acababa de ser abuelo y quería
permanecer en Alcalá. Si lo han trasladado, según
nuestras noticias, es precisamente por no plegarse a la
versión oficial. Es un policía honrado que no hace
distinciones de colores políticos y que simplemente no
tragó».
Pie de foto titulada
PROPAGANDA DEL PP JUNTO A LA KANGOO
Junto a la furgoneta Renault Kangoo aparcada cerca de
la estación de Alcalá de Henares, y presuntamente
utilizada por los terroristas del 11-M, se encontraba
estacionado un Seat Ibiza blanco -como puede verse en la
imagen, tomada la mañana del día de los atentados- que
pertenecía a un miembro del Comité Ejecutivo del PP en
Alcalá y estaba repleto de propaganda electoral de este
partido.