L D (Luis del Pino) Ya
hemos publicado anteriormente que existe una
tarjeta telefónica relacionada con la de la
mochila de Vallecas que tiene una gran
importancia. Se trata de la tarjeta
656722489, atribuida por la Policía a Jamal
Ahmidan, El Chino. Esa tarjeta mantuvo
diversas conversaciones con el confidente
Rafá Zouhier en diversos días clave
anteriores y posteriores a la masacre de
Madrid, a pesar de lo cual nadie había
interrogado a Rafá Zouhier sobre el
contenido de esas conversaciones
telefónicas.
La razón de que nadie se molestara en
interrogar a Zouhier a este respecto es muy
simple: en realidad, la Policía mintió al
juez al decir que esa tarjeta pertenecía a
Jamal Ahmidan. Y se mintió al juez para
evitar que declarara el verdadero
propietario de esa tarjeta.
¿Quién compró la tarjeta de Vallecas?
Con los datos del sumario en la mano, ni
siquiera sabemos hoy, dos años y medio
después del atentado, a quién se le vendió
la tarjeta telefónica de la mochila de
Vallecas. Esa tarjeta fue, supuestamente,
vendida en el locutorio de Lavapiés
propiedad del marroquí Zougham, pero ¿quién
la compró?
Hay en el sumario una declaración de un
testigo (Rachid “El Gordo”) en la que éste
afirma que quien compró las tarjetas
telefónicas en el locutorio fue Jamal
Ahmidan, El Chino. En concreto, ese testigo
afirma que Jamal Ahmidan compró varias
tarjetas a un empleado de Zougham y al día
siguiente fue a cambiar una de ellas porque
resulta que, después de probarla, esa
tarjeta no tenía saldo.
Pero esta declaración tiene todos los visos
de ser falsa. Está demostrado (con los datos
de las compañías telefónicas) que la tarjeta
encontrada en la mochila de Vallecas y las
otras seis que se activaron en Morata no
fueron utilizadas nunca antes de la
madrugada 9 de marzo y sólo se activaron una
única vez. Si Jamal Ahmidan hubiera
probado las tarjetas, entonces se habrían
activado dos veces: una al probar si tenían
saldo y otra al montar las bombas el día
anterior a los atentados. Por tanto, debemos
descartar la declaración de ese testigo y
seguimos teniendo la duda: ¿quién compró las
tarjetas supuestamente usadas en las bombas?
Hay otro dato más que nos confirma que hay
gato encerrado en lo que nos han contado
sobre la tarjeta de la mochila de Vallecas.
Como ya hemos dicho en un capítulo anterior,
al locutorio de Lavapiés propiedad de
Zougham llegaron 200 tarjetas, entre las
cuales se supone que estaban la de la
mochila de Vallecas y las otras seis que se
activaron en Morata.
Lo normal es que la Policía hubiera
“peinado” todas las tarjetas que pudieran
componer ese lote de 200, para tratar de
localizar todas las tarjetas que los
terroristas hubieran podido utilizar. Pues
bien, dos años después de la masacre, la
Policía ni siquiera había pedido a las
operadoras telefónicas los datos de muchas
de las tarjetas que podían componer ese lote
de 200.
¿Es normal esa dejadez? ¿Se trata de un
simple fallo policial, o lo que se estaba
intentando era recabar el mínimo número
posible de datos para construir una versión
oficial, sin aportar demasiados datos, no
fuera a ser que afloraran contradicciones?
Las contradicciones de los datos
telefónicos
Porque lo cierto es que, cuando uno se pone
a escarbar en los datos telefónicos, las
contradicciones afloran a mansalva, como si
fueran setas.
En efecto, está demostrado con los datos del
sumario que varios de los supuestos
implicados en el 11-M adquirieron (y
utilizaron) algunas de las tarjetas que
podrían formar parte de ese lote de 200 que
llegó al locutorio de Zougham. No nos
referimos a la tarjeta de la mochila de
Vallecas ni a las que se activaron en Morata
(porque ésas no sabemos quién las compró). A
las que nos referimos es a otras tarjetas,
que fueron utilizadas para hacer llamadas en
las dos semanas previas al atentado (véase
el Enigma 17, “Los intocables”).
Los informes policiales indican cuáles son
esas tarjetas utilizadas por los miembros de
la trama y detallan quién era el presunto
terrorista que utilizaba cada tarjeta. Pero
esos informes policiales están plagados de
falsedades.
En concreto, dos de las tarjetas usadas por
los miembros de la trama son atribuidas por
la Policía a Jamal Ahmidan, El Chino. Se
trata de las tarjetas 656720759 y 656722489.
Pero es mentira que esas tarjetas fueran de
Jamal Ahmidan. Basta con leer las actas de
registro incluidas en el sumario del 11-M
para ver que el soporte de cartón de una de
esas dos tarjetas (la que lleva el número
656720759) apareció en la casa de un primo
de Jamal denominado Hicham Ahmidan, en la
Avda. Cerro de los Angeles 30. Lo que indica
que no era Jamal, sino su primo, el
propietario de esa tarjeta.
Y basta con leer las transcripciones de las
conversaciones grabadas a los imputados para
ver que quien usaba la otra tarjeta (la que
mantuvo las conversaciones con Zouhier y que
tenía por número el 656722489) no era Jamal
Ahmidan, sino otro pequeño delincuente
llamado Rachid Tachti (alias Rachid El
Niño).
¿Por qué la Policía mintió, una vez más, al
juez, atribuyendo a Jamal Ahmidan unas
tarjetas telefónicas que no eran suyas?
Pues, como vamos a ver a continuación, da
toda la sensación de que se mintió al juez
para evitar que declararan los verdaderos
poseedores de esos dos números telefónicos.
Los dos marroquíes
Hicham Ahmidan y Rachid Tachti tienen tres
cosas en común:
- la primera es que ninguno de los dos
tiene nada que ver con el islamismo, sino
que ambos son delincuentes comunes dedicados
al narcotráfico a pequeña escala.
- la segunda es que son las dos únicas
personas vivas (tras la explosión
del piso de Leganés) de las que tengamos
constancia de que usaron alguna de las
tarjetas telefónicas supuestamente compradas
en el locutorio de Zougham por los miembros
de la trama.
- y la tercera cosa en común son las
peripecias sufridas por ambos para tratar de
obstaculizar su declaración ante el juez.
Porque lo cierto es que, a fecha de hoy,
nadie le ha preguntado a ninguno de esos dos
individuos algo tan simple cómo: ¿dónde y
cuándo compró usted esa tarjeta que podría
pertenecer al lote de 200 que llegaron al
locutorio de Zougham?
En realidad, al analizar el sumario, nos
encontramos que la cosa es aún peor. Como
ahora veremos, se ha hecho todo lo posible
para que nadie tratara de aclarar qué pintan
estos dos individuos en el relato de los
hechos.
El caso de Hicham
El caso de Hicham Ahmidan resulta sangrante.
No sólo es que nos podría aclarar el
misterio de dónde se compraron las tarjetas
telefónicas, sino que el sumario está
plagado de datos que indican que Hicham
Ahmidan jugó un papel fundamental en la
trama del 11-M:
- su coche ya fue detectado con
anterioridad a los atentados del 11-M, en
los seguimientos realizados al comando de
los hermanos Almallah y a El Tunecino.
- en el registro de su casa apareció una
tarjeta telefónica del mismo lote que la
encontrada en la mochila de Vallecas
- sus huellas dactilares aparecen en el
coche habitualmente utilizado por El Chino,
propiedad de la suegra de éste
- fue el encargado de falsificar tres de
las matrículas usadas por los miembros de la
trama
- también aparecen sus huellas dactilares
en la casa de Morata de Tajuña
- en uno de sus coches apareció ropa con
el ADN del propietario de la furgoneta de
Alcalá
Aparece su rastro, como vemos, en casi todos
los escenarios de la trama, a pesar de lo
cual, el juez no ha llegado a tomarle
declaración nunca.
Lo que nos cuentan es que este individuo
desapareció de España y huyó a Marruecos
antes del 11-M. Pocas semanas después de los
atentados, saltó a los medios la noticia de
que este individuo había sido
(supuestamente) detenido en Marruecos por
tráfico de drogas. Y más adelante también se
filtró la noticia de que había sido
condenado a ocho de prisión por
narcotráfico, condena que estaría cumpliendo
en la actualidad en el país vecino.
Esto no hubiera debido impedir que se le
tomara declaración, pero el juez Del Olmo ni
siquiera se había molestado, dos años
después de la masacre, en mandar una
comisión rogatoria a Marruecos para
interrogarle. Y eso a pesar de que se lo
solicitó explícitamente alguno de los
abogados de la acusación. ¿Ustedes lo
entienden? Porque yo no.
¿Es que ni la Policía ni el juez tenían el
más mínimo interés en saber por qué aparecen
las huellas de este individuo en tantos
escenarios relacionados con los atentados?
¿No les interesaba conocer dónde podía haber
adquirido esa tarjeta relacionada con la de
la mochila de Vallecas?
El caso de Rachid
El caso de Rachid Tachti es aún más
esperpéntico. Sería, junto con Hicham
Ahmidan, la única persona que podría
aclararnos dónde y cuándo compraron las
tarjetas telefónicas los miembros de la
trama. Pero, cuando uno de los abogados de
las defensas solicitó al juez, el 4 de abril
de 2005, que tomara declaración a Rachid
Tachti, la Policía contestó que acababa de
ser expulsado de España tres días antes, en
aplicación de la Ley de Extranjería. Qué
casualidad, ¿verdad? ¡Es increíble la mala
suerte que tienen nuestros investigadores
(salvo entre el 11-M y el 14-M, claro)!
Así pues, la Policía había supuestamente
expulsado de España a ese testigo tres días
antes de que lo solicitara el abogado de la
defensa. Sin embargo, pocos meses después,
en diciembre de 2005, ese individuo que nos
decían que había sido expulsado fue detenido
por apuñalar a una persona en la discoteca
Joy Eslava.
La explicación que dio la Policía es que
había vuelto a entrar ilegalmente en España
poco después de ser expulsado.
Discúlpenme la suspicacia, pero después de
tantas mentiras, ¿creen ustedes que me paso
de desconfiado si digo que no creo que
llegaran a expulsarle nunca? ¿Llegó a salir
Tachti de España en algún momento? Quiero
suponer que sí, pero no le haría ascos a una
constancia documental. Son tantas las veces
que se ha mentido a Del Olmo desde
organismos dependientes del Ministerio del
Interior que no me extrañaría en absoluto
una mentira más.
¿Se mintió al juez para evitar que este
testigo declarara?
El caso es que el juez Del Olmo, después de
la detención de este individuo tras el
apuñalamiento de Joy Eslava, pudo por fin
tomarle declaración. Pero no pudo
preguntarle por la tarjeta relacionada con
la de la mochila de Vallecas, porque la
Policía seguía sosteniendo en sus informes
que esa tarjeta correspondía a Jamal Ahmidan
El Chino, ocultando que su verdadero
propietario era Rachid El Niño.
¡Pobre juez Del Olmo! Entre lo que no le han
dejado investigar, lo que le han
teledirigido y lo que no ha querido
investigar él, el sumario del 11-M se le
derrumba. Los hilos de las conexiones
telefónicas, que permitieron construir la
tela con la que trabar las tres pruebas
falsas del caso, van a empezar a destejerse.
¿Se animará el juez a interrogar, como es su
obligación, a esas dos únicas personas vivas
que podrían decirnos dónde se compraron las
tarjetas relacionadas con la de la mochila
de Vallecas?
Aunque, bien mirado, a lo mejor el juez y la
Policía tenían sus razones para no
interrogarles. Total, ¿a quién le importan
unas tarjetas relacionadas con otra tarjeta
que apareció en una mochila que jamás estuvo
en los trenes?