L D (Luis del Pino) A las 6
de la mañana del 31 de enero de 2001, una
patrulla de la Guardia Civil que se dirigía
a prestar servicio en una garita del puerto
de Pasajes observó que, adosado a la garita,
había un bidón azul de unos 80 cm de alto.
Temiendo un atentado, el conductor del coche
patrulla retrocedió, salvando la vida a los
ocupantes del vehículo, ya que el artefacto
fue detonado a distancia en ese mismo
momento.
Los artificieros recogieron las muestras y
analizaron los restos del artefacto.
Pudieron determinar, así, que la bomba
utilizaba un doble iniciador. Por un lado,
un teléfono Alcatel One Touch, que
funcionaba como radiomando, permitiendo a
los terroristas efectuar la detonación
cuando tuvieran a la vista a la patrulla.
Por otro lado, un temporizador Coupatan,
posiblemente modelo C-63, que empleaba una
pila de 9 V. Asimismo, el artefacto
incorporaba dos detonadores, uno artesanal y
otro comercial.
La cantidad total de explosivo era de unos 2
kilogramos, insertos dentro de una olla de
cocina que, a su vez, había sido introducida
en el bidón de plástico de color azul. El
análisis químico de las muestras permitió
determinar que el explosivo contenía nitrato
amónico, trinitrotolueno, dinitrotolueno y
nitroglicerina, con lo que pudo determinarse
que se trataba de una dinamita marca Titadyn,
habitualmente empleada por ETA.
Este episodio pone de manifiesto que, en
contra de lo que se dijo tras la declaración
ante el juez Del Olmo del Jefe de los Tedax,
Sánchez-Manzano, y de la
encargada del laboratorio de los Tedax, sí
que es perfectamente posible detectar los
componentes de las dinamitas (y en
particular la nitroglicerina) después de
detonar un explosivo. En el caso de la bomba
de Pasajes, explotó un único artefacto con 2
kilos de explosivos y la analítica permitió
determinar sus componentes sin ningún
problema. De modo que en el caso del 11-M
hubiera debido ser todavía más factible,
teniendo en cuenta que detonaron 12 bombas
de tamaño superior a la de Pasajes, que por
consiguiente dejarían una cantidad de restos
mucho mayor.
Hace escasas semanas, desvelábamos que no se
habían entregado al juez los informes
detallados de análisis de los focos de
explosión en los trenes del 11-M.
Desvelábamos también que el único dato sobre
qué componentes químicos se habían
encontrado en los focos de explosión de los
trenes eran las palabras de Sánchez-Manzano
en la Comisión 11-M, donde declaró que se
había encontrado nitroglicerina. Y
llamábamos la atención sobre el hecho de
que, si se había encontrado nitroglicerina,
no podía haberse utilizado Goma-2 ECO en los
trenes, porque ese tipo de dinamita no tiene
nitroglicerina.
A raíz de estas revelaciones, en lugar de
comunicar a la opinión pública y al juez los
resultados de los análisis realizados el
11-M a las muestras tomadas en los focos de
explosión, desde instancias oficiales se
pretendió hacer creer que las pruebas
analíticas no permiten determinar los
componentes de la dinamita después de una
explosión. Sin embargo, las experiencias
anteriores con atentados de ETA,
documentadas en el sumario del 11-M,
demuestran que esa afirmación es simplemente
falsa.
En el caso del 11-M se une, además, otra
circunstancia. La versión oficial sostiene
(sin querer enseñar análisis ninguno) que en
los trenes se utilizaron bombas como la de
la mochila de Vallecas,
compuestas por una simple masa explosiva de
Goma-2 ECO amasada a mano, no confinada en
ningún recipiente y con un único detonador.
Si eso fuera así, forzosamente hubiera
debido quedar una gran cantidad de pequeños
fragmentos de Goma-2 ECO sin detonar
repartidos por los escenarios de explosión,
debido a que no toda la masa explosiva
detona a la vez y parte del explosivo es
arrojado por la onda expansiva antes de que
pueda llegar a estallar. Es lo que sucedió,
por ejemplo, en Leganés, donde apareció una
infinidad de pequeños trozos de Goma-2 ECO
sin estallar por toda la escena, incluido un
trozo de tan sólo 19 gr que apareció en la
azotea del edificio.
Pero las experiencias anteriores con
artefactos de ETA demuestran, además, que no
sólo se puede determinar qué componentes
tenía el explosivo empleado en los trenes,
sino también el tipo de iniciador empleado.
Como ya hemos indicado, en el caso del
intento de atentado de Pasajes se determinó
perfectamente el tipo y la marca del
teléfono móvil y del temporizador empleados.
Lo mismo sucedió, por ejemplo, en el caso
del intento fallido de atentado contra la
cúpula del PP en Zarauz, el 9 de enero de
2001, donde se pudo determinar (después de
la detonación del artefacto) que el
iniciador era un teléfono Alcatel One Touch,
con una pila de 9 V tamaño PP3, conectores
de tipo banana y detonador eléctrico.
En el caso del 11-M, no se ha proporcionado ni
al juez ni a la opinión pública ni un sólo dato
sobre qué temporizadores o teléfonos móviles se
usaron en las bombas que estallaron en los
trenes (de nuevo, se nos remite al teléfono que
se encontró en la mochila de Vallecas). Sin
embargo, los episodios de Pasajes o Zarauz pone
de manifiesto que las técnicas empleadas desde
hace ya años permiten determinar con gran
precisión no sólo el tipo de iniciador (teléfono
móvil, reloj, temporizador, ...), sino también
su marca e incluso, a veces, el modelo concreto.
Con lo cual, a la pregunta de cuáles componentes
de explosivo se encontraron en los trenes, viene
a añadirse una nueva pregunta: ¿qué tipo de
iniciador pudo reconstruirse a partir de los
restos electrónicos recogidos en los trenes? ¿O
es que en el mayor atentado de nuestra Historia
no se hizo ningún intento de reconstruir los
iniciadores de las bombas a partir de las
muestras recogidas?