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Editorial: Queremos saber qué explotó en los trenes

 

17 de Agosto de 2006

ESTÁ INCLUIDO EN EL SUMARIO DEL 11-M
Un informe de los Tedax demuestra que sí se pueden determinar los componentes de las dinamitas tras una explosión
La versión oficial sobre el 11-M se debilita día tras día. Casi dos años y medio después de la matanza no sabemos qué estalló en los trenes. Sólo la mochila de Vallecas –prueba compuesta de mentiras y manipulaciones– determina que fue Goma 2-ECO. Para cerrar el paso a otras hipótesis nos dicen que tras una explosión no hay forma de determinar a través de una prueba analítica qué componentes tiene una dinamita. Sin embargo, en el propio sumario del 11-M existe un informe de los Tedax que sostiene exactamente lo contrario basándose en la explosión de una bomba de ETA en Pasajes hace cinco años.
L D (Luis del Pino) A las 6 de la mañana del 31 de enero de 2001, una patrulla de la Guardia Civil que se dirigía a prestar servicio en una garita del puerto de Pasajes observó que, adosado a la garita, había un bidón azul de unos 80 cm de alto. Temiendo un atentado, el conductor del coche patrulla retrocedió, salvando la vida a los ocupantes del vehículo, ya que el artefacto fue detonado a distancia en ese mismo momento.
 
Los artificieros recogieron las muestras y analizaron los restos del artefacto. Pudieron determinar, así, que la bomba utilizaba un doble iniciador. Por un lado, un teléfono Alcatel One Touch, que funcionaba como radiomando, permitiendo a los terroristas efectuar la detonación cuando tuvieran a la vista a la patrulla. Por otro lado, un temporizador Coupatan, posiblemente modelo C-63, que empleaba una pila de 9 V. Asimismo, el artefacto incorporaba dos detonadores, uno artesanal y otro comercial.
 
La cantidad total de explosivo era de unos 2 kilogramos, insertos dentro de una olla de cocina que, a su vez, había sido introducida en el bidón de plástico de color azul. El análisis químico de las muestras permitió determinar que el explosivo contenía nitrato amónico, trinitrotolueno, dinitrotolueno y nitroglicerina, con lo que pudo determinarse que se trataba de una dinamita marca Titadyn, habitualmente empleada por ETA.
 
Este episodio pone de manifiesto que, en contra de lo que se dijo tras la declaración ante el juez Del Olmo del Jefe de los Tedax, Sánchez-Manzano, y de la encargada del laboratorio de los Tedax, sí que es perfectamente posible detectar los componentes de las dinamitas (y en particular la nitroglicerina) después de detonar un explosivo. En el caso de la bomba de Pasajes, explotó un único artefacto con 2 kilos de explosivos y la analítica permitió determinar sus componentes sin ningún problema. De modo que en el caso del 11-M hubiera debido ser todavía más factible, teniendo en cuenta que detonaron 12 bombas de tamaño superior a la de Pasajes, que por consiguiente dejarían una cantidad de restos mucho mayor.
 
Hace escasas semanas, desvelábamos que no se habían entregado al juez los informes detallados de análisis de los focos de explosión en los trenes del 11-M. Desvelábamos también que el único dato sobre qué componentes químicos se habían encontrado en los focos de explosión de los trenes eran las palabras de Sánchez-Manzano en la Comisión 11-M, donde declaró que se había encontrado nitroglicerina. Y llamábamos la atención sobre el hecho de que, si se había encontrado nitroglicerina, no podía haberse utilizado Goma-2 ECO en los trenes, porque ese tipo de dinamita no tiene nitroglicerina.
 
A raíz de estas revelaciones, en lugar de comunicar a la opinión pública y al juez los resultados de los análisis realizados el 11-M a las muestras tomadas en los focos de explosión, desde instancias oficiales se pretendió hacer creer que las pruebas analíticas no permiten determinar los componentes de la dinamita después de una explosión. Sin embargo, las experiencias anteriores con atentados de ETA, documentadas en el sumario del 11-M, demuestran que esa afirmación es simplemente falsa.
 
En el caso del 11-M se une, además, otra circunstancia. La versión oficial sostiene (sin querer enseñar análisis ninguno) que en los trenes se utilizaron bombas como la de la mochila de Vallecas, compuestas por una simple masa explosiva de Goma-2 ECO amasada a mano, no confinada en ningún recipiente y con un único detonador. Si eso fuera así, forzosamente hubiera debido quedar una gran cantidad de pequeños fragmentos de Goma-2 ECO sin detonar repartidos por los escenarios de explosión, debido a que no toda la masa explosiva detona a la vez y parte del explosivo es arrojado por la onda expansiva antes de que pueda llegar a estallar. Es lo que sucedió, por ejemplo, en Leganés, donde apareció una infinidad de pequeños trozos de Goma-2 ECO sin estallar por toda la escena, incluido un trozo de tan sólo 19 gr que apareció en la azotea del edificio.
 
Pero las experiencias anteriores con artefactos de ETA demuestran, además, que no sólo se puede determinar qué componentes tenía el explosivo empleado en los trenes, sino también el tipo de iniciador empleado. Como ya hemos indicado, en el caso del intento de atentado de Pasajes se determinó perfectamente el tipo y la marca del teléfono móvil y del temporizador empleados. Lo mismo sucedió, por ejemplo, en el caso del intento fallido de atentado contra la cúpula del PP en Zarauz, el 9 de enero de 2001, donde se pudo determinar (después de la detonación del artefacto) que el iniciador era un teléfono Alcatel One Touch, con una pila de 9 V tamaño PP3, conectores de tipo banana y detonador eléctrico.
 
En el caso del 11-M, no se ha proporcionado ni al juez ni a la opinión pública ni un sólo dato sobre qué temporizadores o teléfonos móviles se usaron en las bombas que estallaron en los trenes (de nuevo, se nos remite al teléfono que se encontró en la mochila de Vallecas). Sin embargo, los episodios de Pasajes o Zarauz pone de manifiesto que las técnicas empleadas desde hace ya años permiten determinar con gran precisión no sólo el tipo de iniciador (teléfono móvil, reloj, temporizador, ...), sino también su marca e incluso, a veces, el modelo concreto. Con lo cual, a la pregunta de cuáles componentes de explosivo se encontraron en los trenes, viene a añadirse una nueva pregunta: ¿qué tipo de iniciador pudo reconstruirse a partir de los restos electrónicos recogidos en los trenes? ¿O es que en el mayor atentado de nuestra Historia no se hizo ningún intento de reconstruir los iniciadores de las bombas a partir de las muestras recogidas?

 

17-VIII-2006
EDITORIAL  

 

“ Para muchos preguntar cosas tan básicas como qué fue lo que explotó en los trenes no es más que un intento desesperado de provocar sospechas sobre la autoría del atentado por parte de quienes perdieron las elecciones tres días después del mismo. ”

En 2001 podía establecerse no ya los componentes de la dinamita empleada sino incluso otros detalles de la bomba –como los iniciadores o hasta las pilas que los alimentaban– con la que ETA intentó asesinar a una patrulla de la Guardia Civil, pese a que el artefacto explotó tal y como estaba previsto. Sin embargo, desde instancias oficiales pretenden hacernos creer que, tres años después, no pudo establecerse ni el explosivo ni ningún otro componente de ninguna de las doce bombas que asesinaron a 192 personas e hirieron a más de 1.500, pese a que el caso era, evidentemente, de bastante más importancia que aquel, y los medios puestos a disposición de su esclarecimiento se supone que también lo han sido.

El sentido común ya dictaba que no se puede saber qué ha explotado en un atentado sino a partir de la lista de componentes químicos hallados en el foco de la explosión, y que era por tanto imposible afirmar con rotundidad que el explosivo empleado era dinamita sin hacer esos análisis. Ahora, un informe de los mismos Tedax incorporado al sumario del 11-M demuestra que técnicamente es perfectamente posible realizar no sólo esos análisis, sino incluso averiguar a partir de los restos qué otros elementos forman parte de la bomba y, en definitiva, certificar si tanto la bomba de la mochila de Vallecas como el explosivo de Leganés tienen algo que ver con lo que realmente explotó en los trenes o no.

Muchos ciudadanos que siguen creyendo de buena fe en la versión oficial suelen considerar que preguntar cosas tan básicas como qué fue lo que explotó en los trenes no es más que un intento desesperado de provocar sospechas sobre la autoría y los motivos del atentado por parte de quienes perdieron las elecciones tres días después del mismo. Sin embargo, no pueden negar que buena parte de los detalles que ahora conocen han sido revelados debido a las investigaciones que han llevado a cabo, casi en solitario, El Mundo y Libertad Digital, y que la información que han recibido por parte de instancias oficiales ha sido prácticamente inexistente. ¿Por qué?

Todas las pruebas que se han presentado para inculpar a una serie de individuos, buena parte de los cuales desaparecieron en Leganés, han sido puestas en entredicho. Existen dudas más que razonables sobre la veracidad de la mochila de Leganés, la furgoneta de Alcalá y el Skoda Fabia. Es más, existe constancia de que se ha hecho llegar al juez información falsa, como los cuatro informes contradictorios sobre el momento en que se activaron las tarjetas de móvil supuestamente compradas a Zougham o la fotografía del explosivo supuestamente hallado en la furgoneta, que es la misma que la del explosivo de la mochila. ¿Por qué?

La importancia del testimonio de Sánchez-Manzano, ese policía al que el PSOE premió con un ascenso y una subida de sueldo en diciembre de 2004, en la comisión del 11-M se debe a que todo el sumario descansa sobre la suposición de que en los trenes estalló Goma-2 ECO y si en algunos focos se encontró nitroglicerina, lo que estalló no fue Goma-2 ECO. Desde que esta información se hizo pública, se han puesto muchas excusas para justificar que el jefe de los Tedax no dijera la verdad bajo juramento, pero no han aparecido los informes que indican qué componentes químicos aparecieron en los focos de las explosiones de los trenes. ¿Por qué?

Si los ostentadores de la verdad oficial insisten en escamotearnos esa información, todas las hipótesis sobre las causas de que esos informes no aparezcan son perfectamente lícitas. Hacerlas supone, para algunos, caer en la paranoia de ver una conspiración detrás de todo. Sin embargo, quienes sostienen esa acusación son los que apoyan una versión según la cual un grupo de traficantes, ladrones de poca monta y confidentes policiales llevaron a cabo el atentado más grave de la historia de nuestro país. Y la sostienen sin prueba alguna. Se cree el ladrón...

 

 

 

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