La mochila de Vallecas, que
contenía la bomba que fue desactivada por los Tedax en
la madrugada del 12 de marzo de 2004, «pudo ser
manipulada por personas no identificadas en el Ifema».
Esa es una de las
conclusiones que recoge el amplio informe conjunto
elaborado por la UCIE (Unidad Central de Información
Exterior, especializada en terrorismo islámico) y la UCI
(Unidad Central de Inteligencia de la Policía) a
instancias del juez Juan del Olmo y que fue concluido el
10 de agosto de 2005.
Dicho macroinforme fue solicitado por el magistrado a
modo de resumen de los hechos relacionados con el
atentado del 11-M. En él, las dos unidades de élite
dependientes de la Comisaría General de Información
aportan los resultados de sus últimas investigaciones,
algunas de ellas inéditas hasta ahora, y que figuran en
la parte final del sumario.
En la citada mochila (en realidad una bolsa de
deporte de loneta de color azul marino), la Policía
encontró vestigios de ADN de un varón, al que le asignó
la denominación de Perfil 11, que aún no ha podido ser
identificado.
Es decir, que en la parte exterior de la mochila
(concretamente, en uno de los protectores) se han
hallado rastros de un hombre que no es ninguno de los
imputados por el juez como autores o colaboradores de la
masacre.
Curiosamente, ese ADN no coincide con otros ADN sin
identificar que se localizaron en la casa de Morata, el
piso de Leganés o en los coches utilizados por los
terroristas.
En la página 48 del citado informe se afirma: «En el
protector de la mochila hallada en la estación de El
Pozo, posteriormente desactivada, se encuentran
vestigios de ADN, de un individuo, considerado hasta la
fecha como ANONIMO varón. Tiene asignada la denominación
PERFIL 11. Teniendo en cuenta las peripecias que siguió
la referida mochila, así como el lugar donde fue
extraído dicho vestigio, no puede afirmarse que el mismo
pueda corresponder a uno de los terroristas, ya sea el
que la portó y abandonó en el tren como el que la
manipulara previamente, pero tampoco puede descartarse».
Esa ambigüedad, en cuanto a la identidad a la que
corresponde el rastro localizado en la prueba clave del
sumario, se ve corroborada en las conclusiones del
informe, en su apartado número 27 (página 102), pero,
además, añadiendo un dato inquietante. Según el
documento conjunto de la UCIE y la UCI: «Existe un
vestigio físico sobre la parte externa de la
mochila-bomba desactivada por el Tedax, registrado como
PERFIL 11, que por las peripecias sufridas por dicha
mochila y porque pudo ser manipulada por personas no
identificadas en Ifema, consideramos que no
necesariamente pertenece a un terrorista. Dado que este
perfil no aparece en ningún escenario, lo probable es
que no pertenezca a ninguna persona relacionada con la
autoría de los atentados».
Es decir, según esa tesis, como aún no ha podido
identificarse el ADN aparecido en la mochila-bomba de
Vallecas se da por hecho que pudo ser manipulada por
algún desconocido en el recinto ferial de Madrid (Ifema).
Pero, en lugar de dejar abierta la posibilidad de que
un terrorista no identificado pudiera haber estado en
contacto con dicha mochila, el informe se decanta hacia
la hipótesis de que lo «probable es que no pertenezca a
ninguna persona relacionada con la autoría de los
atentados».
CONTRADICCION
Sin embargo, la versión del informe conjunto
contradice de forma rotunda el relato de los hechos que
ha mantenido públicamente la Dirección General de la
Policía.
Recapitulemos. El pasado 6 de marzo, EL MUNDO dio a
conocer que el inspector jefe de Policía Miguel Angel
Alvarez había denunciado -en un escrito remitido el día
25 de octubre de 2004- al director general de la
Policía, Víctor García Hidalgo, que los objetos
recogidos en la estación de El Pozo no habían sido
inventariados en el lugar de los hechos y, además, que
podía haberse roto la cadena de custodia al ser llevados
a Ifema en contra de la decisión de la titular del
Juzgado número 49 de Madrid, Josefa Bustos, quien ordenó
que se trasladasen directamente a la Comisaría de Villa
de Vallecas.
La publicación por EL MUNDO de la nota remitida por
Alvarez fue lo que provocó que el juez de la Audiencia
Nacional tomase declaración a dicho inspector jefe el
pasado 9 de marzo. Para consternación del propio
magistrado, Alvarez no sólo ratificó lo dicho en su
nota, sino que no reconoció la mochila que le fue
mostrada como la que él pensaba que podía haber sido la
que contenía la bomba.
Recordemos que, en un incidente sonrojante para el
propio magistrado, aquella mochila no era la auténtica,
sino una similar que había sido comprada por los Tedax
para realizar pruebas. La real, es decir, la que
apareció en la Comisaría de Puente de Vallecas, la tenía
el comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez
Manzano.
Tanto la bolsa mostrada por el juez al inspector jefe
Alvarez como la auténtica eran prácticamente iguales,
por lo que Del Olmo no se molestó en volvérsela a
enseñar.
Después de la declaración de Alvarez, Del Olmo citó a
los seis agentes que se habían encargado del traslado de
los enseres que fueron recogidos tras la explosión de
dos bombas en el tren de Cercanías de El Pozo y que
causaron la muerte a 67 personas.
Sus manifestaciones fueron, más o menos,
coincidentes. Una vez introducidos los objetos en 17
bolsones de plástico y convenientemente cerrados, se
llevaron al Pabellón 6 de Ifema en dos furgones
policiales. Una vez allí, dichos bolsones se descargaron
y se situaron tras una cinta policial y, teóricamente,
vigilados por agentes de la UIP y de la Policía
Científica.
Posteriormente, los bolsones de plástico, que, según
lo declarado, en ningún momento se abrieron, fueron
llevados a la Comisaría de Puente de Vallecas, donde se
introdujeron en una habitación que se cerró con llave
hasta que se produjo su inventario. Fue durante el curso
del mismo cuando se localizó la bolsa que contenía la
bomba que fue desactivada en la madrugada del día 12 por
los Tedax en el Parque Azorín del barrio de Vallecas.
Para contrarrestar el impacto que tuvo el hecho de
que el responsable de la custodia de los objetos
hallados en la estación de El Pozo no sólo no
reconociera la bolsa que apareció en la Comisaría de
Puente de Vallecas conteniendo el explosivo, sino que
pusiera en duda que la misma formara parte de las
pertenencias localizadas tras la explosión en dicha
estación, el Ministerio del Interior llevó a cabo toda
una ofensiva político-mediática para tratar de despejar
cualquier interrogante al respecto.
Cuatro días después de la declaración de Alvarez ante
Del Olmo (es decir, el día 13 de marzo de 2006), la
Dirección General de la Policía hizo pública una nota en
la que afirmaba: «Todos los efectos recogidos en los
distintos trenes que fueron objeto de atentados
terroristas del 11-M y, por supuesto, aquellos a los que
hace específica referencia el medio de comunicación
[alude, sin citarlo, a EL MUNDO], han estado siempre
bajo custodia policial. Bajo ningún concepto, han podido
ser objeto de ningún tipo de manipulación».
Para reforzar la idea de que, en efecto, nunca se
rompió la cadena de custodia de la mochila de Vallecas,
y que dicha mochila salió efectivamente de la estación
de El Pozo, el diario El País publicó en su edición del
21 de marzo de 2006 un extenso artículo titulado: Los
jefes policiales encargados del 11-M afirman que la
bolsa siempre estuvo bajo control. El antetítulo de
dicha información pretendía añadir contundencia y
veracidad a la misma: Relato de los cinco responsables
de la investigación de los atentados de Madrid. Según la
versión de uno de esos «jefes policiales» (a los que no
se cita por su nombre): «En el Ifema [la mochila de
Vallecas] estaba bajo control policial y, para pasar a
la zona a donde se encontraba, había que acreditarse».
LA MISMA PALABRA
La Dirección General de la Policía (por no hablar
de nuestro colega) debía haber sido más prudente, ya que
el informe resumen de los hechos realizado por la UCIE y
la UCI, entregado al juez Del Olmo y que forma parte
esencial del sumario, afirma, como ya se ha dicho, que
la mochila de Vallecas «pudo ser manipulada por personas
no identificadas en el Ifema».
Curiosamente, tanto el informe conjunto (UCIE-UCI)
como la nota de la Dirección General de la Policía
utilizan el mismo verbo: «manipular». Pero mientras que
para los expertos de la UCIE y de la UCI, la mochila
pudo ser «manipulada» por alguien «no identificado» (es
decir, ajeno no sólo a los imputados, sino también a los
miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del
Estado), para la Dirección General de la Policía, «bajo
ningún concepto, han podido ser objeto de ningún tipo de
manipulación».
Resulta evidente que la Dirección General de la
Policía, con tal de poner en cuestión los hechos
relatados por el inspector jefe Alvarez, no tuvo
inconveniente en decir justo lo contrario de lo que
afirman en un documento oficial remitido al juez sus
propios expertos.
El asunto no pasaría de ser una de las muchas
meteduras de pata de la actual cúpula policial en
relación al 11-M si no fuera por la trascendencia de la
prueba, cuya validez ponen en juego las propias
contradicciones de la Policía.
Recordemos que, en la citada mochila, no sólo había
10,125 kilos de Goma 2 ECO (por cierto, la única prueba
relacionada directamente con el atentado en la que
aparece este tipo de explosivo), sino el teléfono móvil
que incorporaba la tarjeta de Amena que llevó a la
Policía a la tienda de Alcorcón de los ciudadanos indios
Vonay Kholy y Suresh Kumar el día 12 de marzo por la
tarde. Y, más importante aún, a la detención de Jamal
Zougam (propietario del locutorio de Lavapiés) a primera
hora de la tarde del día 13, en vísperas de las
elecciones generales.
Esa valiosa tarjeta también llevó a descubrir la
llamada trama asturiana de la dinamita. Es decir, que
gracias a la desactivación de la bomba contenida en la
mochila de Vallecas se pudo detener en pocos días a la
mayoría de los hoy imputados como autores o
colaboradores de la matanza del 11-M.
Pero volvamos al macroinforme de la UCIE y la UCI que
representa, por así decirlo, el relato policial más
completo de los hechos incorporado al sumario por los
atentados del 11-M.
Según la investigación policial, la posible
manipulación se produjo en Ifema. Es decir, no en los
trenes o durante la recogida de objetos en la estación
de El Pozo, sino en el Pabellón desde donde partieron
hacia la Comisaría de Puente de Vallecas.
¿Por qué en Ifema? Si los objetos estaban metidos en
17 bolsones de plástico que estuvieron en todo momento
completamente cerrados; si dichos bolsones estuvieron
siempre bajo custodia policial; si, como afirmaron los
seis policías ante el juez, nunca llegaron a abrirse
antes de llegar a la Comisaría de Puente de Vallecas,
¿cómo se pudo manipular en Ifema la mochila bomba de
Vallecas? A esa pregunta no responde el informe.
A día de hoy, la famosa mochila, la prueba capital
del 11-M, sigue siendo un misterio.
Primero, porque no fue localizada ni por los Tedax,
ni por los bomberos, ni por los policías, ni por los
empleados del Selur que estuvieron en contacto con los
objetos en el lugar donde se produjeron las explosiones
y antes de ser enviados al Ifema. Hay que tener en
cuenta que en la propia estación de El Pozo el policía
municipal Jacobo Barrero encontró una mochila bomba que
fue explosionada por los Tedax a las 8.30 de la mañana.
Es decir, que las fuerzas de seguridad extremaron las
precauciones para localizar entre los bolsos y mochilas
desperdigados por los trenes otras posibles bombas.
En segundo lugar, la mochila de Vallecas no ha podido
ser reconocida no sólo por el inspector jefe Alvarez,
sino por ninguno de los policías que estaban a sus
órdenes y que participaron en el control de los objetos
en la estación de El Pozo.
El sitio donde había más confusión y el control
policial era menor fue precisamente en Ifema, desde
donde, teóricamente, la mochila bomba fue trasladada
hasta la Comisaría de Puente de Vallecas. Tal vez por
esa razón, los investigadores de la UCIE y de la UCI
hayan llegado a la conclusión de que la posible
manipulación sólo pudo producirse allí, en Ifema, y no
en ningún otro sitio.
Sea como fuere, lo que ahora nadie puede poner en
duda es que la versión oficial sobre la mochila-bomba de
Vallecas ya no se sostiene.
Pies de documentos reproducidos
Apartado de las conclusiones del macroinforme de
la UCIE y de la UCI en el que se apunta que la mochila
de Vallecas pudo ser manipulada.
Documento policial que acredita la aparición del
vestigio de ADN localizado en la mochila de Vallecas.
Como puede verse, se trata de un varón que aún no ha
podido ser identificado. / EL MUNDO
Apartado 27 de conclusiones del macroinforme de la
UCIE y la UCI en el que se apunta que la mochila de
Vallecas pudo ser manipulada por personas no
identificadas en el Ifema. / EL MUNDO
Nota de la Dirección General de la Policía en la que
se afirma rotundamente que la mochila de Vallecas
siempre estuvo bajo control policial y, por tanto, no
pudo ser objeto de manipulación. / EL MUNDO