| Otros harán en mármol y piedra lo que
yo hoy construyo con barro». La frase la pronunció el
Cardenal Cisneros (1436 - 1517) hace algo más de 500
años y aquéllo que construía era, nada más y nada menos,
que la Universidad de Alcalá. El comentario lo hizo como
respuesta a quienes –entre ellos el rey Fernando el
Católico– le consideraban un iluso al pensar que ese
proyecto por el que luchaba sería un modelo educativo
absolutamente novedoso: una universitas magistrorum et
scholarium, comunidad de maestros y escolares, de la que
hoy deriva la institución que aquí, allá y acullá se
denomina Universidad. Adelantado incluso a quienes hoy
se les llena la boca diciendo que saldremos de la crisis
apostando por el conocimiento, hace cinco siglos que
Cisneros, un humilde franciscano elevado a arzobispo de
Toledo, supo ver que en la Educación estaba la clave
para la Modernidad. En el año 1499 comenzó a hacer del
antiguo Studium General de Alcalá de Henares (donde él
mismo se había formado) la Universitas Complutensis, un
centro para educar al clérigo –regular y secular– del
que dependerían los reinos de España. En pocos años,
Alcalá se había convertido en sede de una aristocracia
universitaria que daría vida al Siglo de Oro español.
El cardenal no escatimó esfuerzos en su hazaña
intelectual, logró una financiación generosa y dotó a su
Colegio-Universidad de completas infraestructuras y de
los mejores maestros de la época.
Dio además forma legal a su modelo de educación
superior y redactó los estatutos en los que se
detallaban y regulaban tanto los aspectos de la vida
académica, como los de la vida cotidiana de estudiantes
y miembros de los colegios. Dichas normas establecían
que la autoridad académica, jurídica y económica recaía
sobre la figura del rector, elegido anualmente por los
colegiales que junto a su matriculación juraban el
obediendi rectori. En 1510 la Universidad ya contaba con
una Constitución que la consolidaba como entidad.
El primer rector fue Pedro del Campo, cuya toma de
posesión se celebró el 17 de octubre de 1508. Al día
siguiente, en la parroquia de Santiago se celebró la
solemne inauguración del curso y comenzaron a impartirse
las primeras clases de la Universidad de Alcalá con
bachilleres llegados de Salamanca.
Existían entonces 13 cátedras. La Teología fue la
primera especialización de esta Universidad. Pronto
adquirirían gran prestigio las enseñanzas de Medicina,
las Artes Liberales y el Derecho Canónico. Entorno al
Colegio Mayor de San Ildefonso, primer aulario de la
Universidad, el cardenal Cisneros fundó siete colegios
menores. En 1513 la villa universitaria ya había
duplicado su extensión y la población estudiantil
superaba los 4.000.
Maestros y estudiantes fueron cosechando el prestigio
de la, entonces, Universidad Complutense, hasta situarla
entre los principales centros de la excelencia académica
–en España destacaban Salamanca y Valladolid, mientras
los mejores modelos europeos estaban en París y
Bolonia–.
Durante los siglos XVI y XVII sus aulas acogieron a
distinguidos profesores y brillantes alumnos que, de una
u otra forma, contribuyeron a la primera gran
manifestación cultural de la Edad Moderna: el
Renacentismo.
Su época dorada llegó hasta finales del siglo XVII.
Con la Ilustración se produjo el declive y en 1836 se
trasladó a la capital del Reino de España, donde se la
denominó Universidad Central (actual Complutense de
Madrid) y se erigió como modelo de los nuevos sistemas
liberales de enseñanza.
Con el fin de evitar su expolio, el edificio fue
comprado por vecinos alcalaínos. Los nuevos propietarios
constituyeron la Sociedad de Condueños de los antiguos
colegios mayores y menores y, gracias a su tesón, en
1977 renace la Universidad de Alcalá de Henares.
|