El vicedirector de EL MUNDO
Casimiro García-Abadillo reconstruye las consecuencias
políticas del mayor atentado de la Historia de España:
Una decena de explosiones el 11 de marzo de 2004, a sólo
72 horas de las elecciones generales, que dio el vuelco
a un resultado del que nadie parecía dudar. El
periodista analiza en profundidad la versión oficial de
la Policía y la Judicatura en torno a la tesis de la
autoría islamista, sobre la que el Partido Socialista
recibió, horas después de la masacre, datos
trascendentales a través de Rafael Vera que la
transformaban en una formidable arma electoral. Además,
el autor de «11-M, la Venganza» detalla las
averiguaciones y, sobre todo, las contradicciones de una
investigación que ha empleado más de dos años para
ratificar las premisas que llevaron al cambio de
Gobierno. Nada de ETA, sólo islamistas. A falta de
celebrar el juicio, ésa es la tesis del juez Del Olmo,
encauzada por la propia Policía.
I
Situación política
1. El PP se perfilaba como claro ganador de las
elecciones generales.
El 5 de marzo (nueve días antes de los comicios)
el CIS (sobre una base de 24.000 entrevistas) daba al PP
una ventaja de 6,7 puntos sobre el PSOE y le auguraba
176 escaños. Es decir, mayoría absoluta.
Los grandes medios de comunicación publicaron
encuestas el domingo 7 de marzo. Todas ellas (excepto la
de La Vanguardia, que daba una diferencia a favor del PP
de sólo dos puntos) constataban una cómoda victoria para
el PP, con una horquilla de entre 168 y 172 escaños.
Un ejemplo: el sondeo publicado por El País daba al
PP cuatro puntos de ventaja sobre el PSOE (42% del
electorado contra 38%).
Tanto el PP como el PSOE se presentaban con dos
candidatos nuevos: Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez
Zapatero.
Según la citada encuesta de El País, mientras que el
65,7% de la población pensaba que el próximo presidente
sería Rajoy, sólo un 11,6% pensaba que iba a serlo
Zapatero. Ese mismo día, la encuesta publicada por EL
MUNDO ofrecía un dato revelador: entre los votantes del
PSOE, José Bono (con el apoyo del 33%) era más valorado
que el candidato socialista a la Presidencia del
Gobierno (que sólo lograba el 26%).
Mientras que el PP había hecho una campaña
continuista respecto a las políticas de Aznar, el PSOE
había hecho de la retirada de las tropas españolas de
Irak una de sus bazas fundamentales.Un año antes de las
elecciones, las calles de Madrid fueron testigo de dos
grandes manifestaciones contra dicha guerra.
2- Temor a un atentado de ETA.
Aunque la Policía, la Guardia Civil y el CNI habían
elaborado varios informes llamando la atención sobre el
riesgo de atentados islamistas en España (sobre todo
tras la guerra de Irak y después de los atentados de
Casablanca en mayo de 2003), las Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad del Estado creían que lo más probable era que
ETA llevara a cabo un gran atentado en plena campaña
electoral. De hecho, el Ministerio del Interior puso en
marcha a comienzos del mes de marzo la operación Genil,
en previsión de acciones terroristas de ETA.
Los antecedentes no dejaban lugar a dudas. El día de
Nochebuena de 2003, ETA colocó dos maletas con 25 kilos
de Titadyn cada una en el Intercity Irún-Madrid para que
hicieran explosión en la estación de Chamartín. Pocos
días después se descubrió otra bomba en las vías del
tren que hace el recorrido Zaragoza-Caspe-Barcelona, que
estaba lista para hacer explosión el 31 de diciembre. El
29 de febrero de 2004, la Guardia Civil interceptó una
furgoneta en Cañaveras (Cuenca) cargada con 536 kilos de
Titadyn cuando se dirigía hacía Madrid.
Por su parte, el CNI había grabado una conversación
en la que Josu Ternera advertía que «Aznar no se va a ir
de rositas», justo unos días antes de las elecciones.
ETA se encontraba probablemente en la situación más
débil de toda su historia. Tras finalizar la tregua de
1998 habían caído más de 100 comandos y algunos de sus
líderes más carismáticos habían sido detenidos.
Precisamente, fruto de la acción policial (en este
caso de la colaboración de la Guardia Civil y la Policía
francesa) apenas dos semanas después de las elecciones
(el 2 de abril de 2004) iban a ser detenidos en Francia
el responsable del aparato logístico de ETA, Félix
Ignacio Esparza Luri; el coordinador del aparato
militar, Félix Alberto López de la Calle (alias Mobutu);
y la ex miembro del comando Madrid Mercedes Chivite.
A Esparza Luri la Guardia Civil le encontró un
documento en el que se resumían los acuerdos del Comité
Ejecutivo de ETA (reunión a la que asistieron Josu
Ternera, Mikel Antza, Amboto, Peio Ezkizabel y el propio
Luri). Lo más importante de dicha reunión es que la
dirección de ETA autorizó contactos con el PSOE después
de las elecciones generales. El documento incautado a
Esparza Luri estaba fechado en febrero de 2004: un mes
antes de los comicios.¿Creía ETA, al contrario que todos
los expertos y de lo que revelaban las encuestas, que el
PSOE tenía opciones de ganar las elecciones?
Hay que recordar que ya estaba vigente la tregua
decretada por ETA sólo para Cataluña. Según refleja el
escrito del Comité Ejecutivo de ETA, el mediador elegido
para las negociaciones era el centro Henri Dunant de
Ginebra, que año y medio después, efectivamente,
organizaría los encuentros entre Ternera y el presidente
del PSE, Jesús Egiguren.
II
El atentado
Sobre l as 7.40 horas del 11 de marzo, cuatro
trenes de cercanías que se dirigían a Madrid sufrieron
el impacto de un total de 10 bombas (tres de los
artefactos colocados no llegaron a estallar) causando un
total de 191 muertos y más de 1.500 heridos. Fue el
mayor atentado de la Historia de España y de Europa.
1. Los autores.
En su auto de procesamiento del 10 de abril de 2006,
el juez Juan del Olmo, implica a un total de 40 personas
en la realización del atentado: siete de ellos se
suicidaron en Leganés, cuatro se encuentran huidos y 29
están procesados. De estos últimos, nueve son españoles
y están encuadrados en la llamada trama asturiana.
Antes de cometerse el atentado, según se desprende
del sumario, 34 de los 40 implicados estuvieron
controlados por la Policía, la Guardia Civil o el CNI, a
través de intervenciones telefónicas, seguimientos o por
la información facilitada por, al menos, cinco
confidentes que estaban infiltrados en todos los grupos
que participaron, según el juez, en la masacre. La
mayoría de los procesados son delincuentes comunes,
traficantes de droga, etcétera.
2. El explosivo.
Según los informes policiales, asumidos tanto por el
juez como por la fiscal del caso, el atentado se cometió
utilizando Goma 2 Eco, explosivo fabricado por ERT.
Según la misma versión, 210 kilos de dicho explosivo
fueron sustraídos de una pequeña explotación minera
asturiana conocida como Mina Conchita.
Pero, ¿lo que estalló en los trenes fue realmente
Goma 2 Eco?
Por increíble que parezca, ni el juez ni la fiscal
han podido llegar a una conclusión clara. Tan sólo se
atreven a afirmar que, de los análisis realizados en el
laboratorio de los Tedax, se desprende que en los focos
de las explosiones se encontraron «restos de componentes
de dinamita». Esa definición es tan genérica que permite
manejar como hipótesis que el explosivo utilizado fuera,
por ejemplo, Titadyn (habitualmente utilizado por ETA),
ya que se trata, como la Goma 2 Eco, de una dinamita.
La confusión sobre lo que realmente explotó en los
trenes se acentúa si se tiene en cuenta que el
responsable de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano
(recientemente destituido por Interior), declaró en el
Congreso de los Diputados que los primeros análisis
sobre los restos encontrados en los focos de las
explosiones dieron como resultado el hallazgo de
nitroglicerina. Dicha sustancia no se encuentra en la
Goma 2 Eco, pero sí en otras dinamitas como el Titadyn.
Las sospechas se acrecentan tras saber que los restos
de los focos nunca se enviaron al laboratorio de la
Policía Científica (que es el laboratorio oficial y que
cuenta con muchos más medios que el de los Tedax).
Sin embargo, los restos que sí se enviaron al
laboratorio de la Policía Científica fueron los hallados
en un trozo de papel parafinado encontrado en la
furgoneta Renault Kangoo que presuntamente los
terroristas dejaron aparcada en las cercanías de la
estación de Alcalá de Henares.
Inexplicablemente, dichos restos, así como una
muestra patrón remitida por los Tedax a la Policía
Científica, resultaron estar contaminados con metenamina,
una sustancia que no se encuentra entre los componentes
de la Goma 2 Eco. Es decir, que ni en los focos de las
explosiones, ni en la Renault Kangoo había muestras
indubitadas de Goma 2 Eco.
Así que, antes de que se localizara el piso de
Leganés (el 3 de abril de 2004), la única prueba de que
los terroristas utilizaron Goma 2 Eco está en la mochila
que apareció en la comisaría de Puente de Vallecas,
conteniendo, además de dicho explosivo, un teléfono y la
tarjeta que desencadenó las primeras detenciones.
Las dudas sobre el origen de la mochila no son
especulaciones periodísticas, sino que han sido
expresadas por la propia Policía.El primero en hacerlo
fue el responsable de la custodia de los objetos
recogidos en la estación de El Pozo, el inspector jefe
Miguel Angel Alvarez, quien no reconoció ante el juez
Del Olmo la bolsa que le mostró como uno de los enseres
que se recogieron bajo su custodia en la mañana del 11
de marzo en la citada estación.
No sólo él. En el macroinforme resumen de la
investigación, realizado por la UCIE y la UCI en octubre
de 2005, para su remisión al juez Del Olmo, se dice
expresamente que la mochila de Vallecas «pudo ser
manipulada en el Pabellón de Ifema».
A esas dudas hay que sumar el hecho de que, según han
demostrado las radiografías que Sánchez Manzano le
ocultó al juez durante varios meses, los cables que
conectaban el detonador con el teléfono móvil que hacía
de temporizador estaban desconectados. Es decir, que era
imposible que pudiera haber hecho explosión.
El día 2 de abril, la Guardia Civil, alertada por un
operario de Renfe, encontró bajo las vías del AVE a la
altura de Mocejón una bolsa con 12 kilos de Goma 2 Eco.
Los terroristas habían pretendido hacer volar el tren
con un rudimentario sistema de mando a distancia con una
pila, uniendo varias secciones de cable hasta un total
de 136 metros.
Donde también se encontraron muestras de Goma 2 Eco,
como ya se ha dicho, fue en el piso de Leganés. Además
de recogerse restos que sumaban un total de 17 kilos y
del explosivo que utilizaron los terroristas para hacer
saltar por los aires la vivienda de la calle de Martín
Gaite (se estima que pudieron emplear en la deflagración
unos 20 kilos), la Policía localizó envoltorios de
cartuchos que sumaban un total de 90 kilos de explosivo.
El hallazgo de Leganés (al margen de otras
consideraciones) daba a la Policía una pista muy clara
para poder determinar el origen y la cantidad de
explosivo utilizado por los presuntos autores del 11-M.
Pero, según las investigaciones de la Guardia Civil,
a Mina Conchita (de donde se supone que se robó la
dinamita para el atentado) sólo llegaron cartuchos con
las numeraciones halladas en Leganés entre el 23 de
enero de 2004 y el 25 de febrero de 2004. Además,
durante ese mes sólo se suministraron a dicha mina 1.175
kilos de dicho explosivo. Es decir, que, si se sostiene
la tesis de que los terroristas dispusieron de más de
200 kilos de Goma 2 Eco, según se establece en el
sumario, eso supondría que habrían hecho desaparecer
casi el 20% del total de la dinamita consumida en la
mencionada mina con esas numeraciones. A eso hay que
añadir que la empresa propietaria (Caolines de Merillés)
no denunció ningún tipo de robo en ese periodo ni
tampoco en los meses anteriores.
Pero hay otros datos que no cuadran con la hipótesis
de que el explosivo utilizado en el 11-M sólo provenía
de Mina Conchita.Según sostiene la fiscal en su escrito
de acusación, la forma de sustraer la dinamita era la
siguiente: el minero Raúl González, El Rulo, «cuando
trabajaba un viernes en turno de tarde, dado que era el
último en abandonar la mina, sustraía dinamita
apartándola del consumo, en cantidades de 5 a 10 kilos
cada vez para dejarla oculta dentro de una bolsa de
plástico verde, en un lugar predeterminado donde la
recogía [Emilio Suárez] Trashorras durante las noches
del sábado al domingo».
Pero El Rulo no trabajaba en Mina Conchita desde el
mes de diciembre de 2003, en que fue trasladado a la
Mina Collada y Anexas. En dicha mina sólo se recibieron
475 kilos de dinamita con las numeraciones aparecidas en
Leganés, lo que hubiera supuesto robar casi la mitad de
lo recibido. Además, según la explicación de la fiscal,
es materialmente imposible robar más de 200 kilos en
sólo un mes, ya que, en el supuesto de sustracción
máximo (10 kilos cada viernes), El Rulo sólo podría
haber hecho desaparecer un total de 40 kilos de
dinamita.
3. Las bombas.
Según se desprende tanto del auto de procesamiento
del juez como del escrito de acusación de la fiscal (31
de octubre de 2006), los terroristas utilizaron la Goma
2 Eco y los detonadores robados en Asturias para
confeccionar 13 bombas, de las cuales 10 hicieron
explosión en los trenes.
Como temporizadores utilizaron otros tantos teléfonos
móviles, que fueron activados el día 10 en la guarida
que tenían los terroristas en las proximidades de Morata
de Tajuña.
Según relata la fiscal en su escrito, el 25 de
febrero de 2004 «fueron adquiridas por personas no
suficientemente identificadas 30 tarjetas prepago» en el
locutorio de Jamal Zougam (Jawal Mundo Telecom) en
Lavapiés. Entre ellas estaría la que apareció en la
mochila de Vallecas.
Una pequeña reflexión. Según el juez y la fiscal,
Zougam es uno de los autores materiales del atentado del
11-M. ¿Era entonces tan tacaño como para cobrarle las
tarjetas de teléfono a su propio comando? Por no hablar
de la terminología utilizada respecto a los compradores.
O están identificados o no lo están. No se puede estar
«no suficientemente identificado», como apunta la
fiscal.
En resumen, que no se sabe quién compró las tarjetas.
Los teléfonos (en un total de nueve, es decir, cuatro
menos que el número total de bombas) se compraron en la
tienda Bazar Top (calle Real de Pinto) por dos
individuos no identificados, que, según el dependiente
que les atendió, parecían hablar en «búlgaro».
Es decir, que no se sabe ni quiénes compraron las
tarjetas ni tampoco los teléfonos, que fueron la pieza
clave de las bombas que explotaron el 11-M.
Ahora bien, ¿se montaron las bombas en la casucha de
Morata? El juez sostiene rotundamente que sí, pero la
fiscal añade en su escrito una duda cuanto menos
interesante.
Del grupo de 30 tarjetas compradas en la tienda de
Zougam, un total de siete se activaron en una BTS
(antena o repetidor) cercana a Morata de Tajuña el 10 de
marzo de 2004. Las tarjetas que no realizan llamadas
pero sí se encienden (por ejemplo, para activar la
alarma del despertador) dejan un rastro en la BTS que no
se borra hasta pasadas 72 horas.
¿Por qué entonces sólo quedó el rastro de siete
tarjetas en la BTS de Morata? Una posibilidad es que las
bombas se montaran en dos tandas. Una primera,
imaginemos, el día 9 o en las primeras horas del día 10;
y otra, durante la tarde del día 10. Hay que tener en
cuenta que la información solicitada por la Policía a
las compañías telefónicas se cursó el día 13 por la
tarde.Por tanto, todos los teléfonos encendidos y que no
hubieran hecho llamadas después de las 72 horas
anteriores a la búsqueda por parte de la Policía no
habrían dejado rastro.
Como de pasada, la fiscal apunta en su escrito de
acusación otra posibilidad: que una parte de las bombas
se hubiesen montado en Morata, y otro grupo, en Leganés.
Sin embargo, la fiscal no tiene en cuenta un aspecto
técnico fundamental: cuando la Policía pidió a la
compañía Amena los datos sobre las tarjetas, no
especificó ninguna BTS en concreto.Es decir, que si los
teléfonos se hubiesen encendido en Leganés, la BTS más
próxima al piso de Martín Gaite hubiera registrado los
números de las tarjetas insertadas en los mismos.
Apuntando esa hipótesis, la fiscal está intentando
resolver un enigma que ni ella ni el juez se han
atrevido a resolver. ¿Por qué había en el piso de
Leganés fundas de cartuchos que sumaban en total 90
kilos de Goma 2 Eco? Si los terroristas usaron 12 kilos
para el atentado frustrado del AVE; otros 20 kilos para
hacer saltar por los aires la vivienda de Martín Gaite,
y la Policía localizó restos por un total de 17 kilos.
¿Dónde están los 41 kilos que faltan hasta completar los
90? ¿No será que una parte de la dinamita de los
cartuchos de Leganés se utilizó para los atentados? Es
decir, ¿no será que los terroristas sólo lograron
efectivamente 90 kilos de Goma 2 Eco?
Y, por último, aunque no menos importante. ¿Quién
montó las bombas? Ninguno de los presuntos autores
materiales del atentado tenía conocimientos suficientes
como para fabricar bombas con móviles.
La Policía ha manejado diversas hipótesis. Desde que
fue Trashorras quien les enseñó a hacerlo a El Chino y
su banda, hasta que el aprendizaje pudo llevarse a cabo
en un campamento de entrenamiento de terroristas próximo
a Jalalabad (Pakistán). Sin embargo, la Policía no ha
aportado pruebas que demuestren la veracidad de ninguna
de dichas teorías.
4. La Renault Kangoo.
La primera prueba localizada por la Policía
relacionada con los autores del atentado fue una
furgoneta Renault Kangoo. Según relató Luis Garrudo, el
portero de una finca cercana a la estación de tren de
Alcalá de Henares, poco antes de las siete de la mañana
del día 11 vio salir de ella a tres individuos tapados
con bufandas que le llamaron la atención.
Sobre las 10.30 horas, cuando ya se tenía cierta
conciencia de la magnitud del atentado, Garrudo llamó a
la Comisaría de Policía de Alcalá. Al lugar se
trasladaron agentes de la Brigada de Información y,
posteriormente, agentes de la Policía Científica. La
inspección ocular no detectó nada extraño. Incluso, uno
de los policías y el propio Sánchez Manzano, en sus
comparecencias ante la Comisión del 11-M, dijeron que
«estaba vacía». Dos perros adiestrados para la detección
de explosivos husmearon dentro y fuera del coche sin
detectar nada. Incluso hubo un agente de la Brigada de
Información que estuvo en el interior del vehículo sin
observar tampoco nada extraño.
Como se sabe, la cerradura de la furgoneta no había
sido forzada (su dueño había denunciado su desaparición
el 28 de febrero de 2004) y la matrícula no había sido
falsificada.
Según la versión oficial, la Renault Kangoo fue
llevada a las dependencias de la Unidad Central de
Policía Científica a las 15.30 horas. Allí, en una
primera inspección, los agentes se toparon con una bolsa
de plástico debajo del asiento del acompañante del
conductor que contenía detonadores y un trozo de papel
parafinado con restos de explosivo. También encontraron
una cinta con versos coránicos, lo que de forma
automática apuntaba a la autoría islamista del atentado.
¿Cómo es posible que ninguno de los dos perros
detectara la presencia de dicha bolsa en el coche? ¿Cómo
se explica que un policía experto en terrorismo ni
siquiera mirase debajo del asiento del copiloto, lugar
donde grupos terroristas como ETA suelen colocar sus
trampas? ¿Cómo se explica que durante las inspecciones
en el lugar donde se localizó el vehículo ningún policía
se fijara en la cinta con versos coránicos?
Según se ha sabido con posterioridad, la furgoneta
llegó casi una hora antes de lo que se había dicho a las
dependencias policiales.Además, en lugar de ir
directamente a las instalaciones de la Policía
Científica estuvo en un hangar de los Tedax. ¿Qué
ocurrió durante cerca de 60 minutos antes de que los
miembros de la Policía Científica localizaran las tres
primeras pruebas (detonadores, resto de explosivo y
cinta coránica) que apuntaban claramente en una
dirección la autoría del atentado?
5. El Skoda Fabia.
El día 13 de junio de 2004, tras la denuncia de una
mujer que vive en la calle donde se localizó la Renault
Kangoo, la Policía halló un automóvil Skoda Fabia,
propiedad de la empresa de alquiler de coches Hertz, en
cuyo maletero había una funda de pistola y algunos
objetos con restos de ADN que correspondían a algunos de
los presuntos autores de la matanza. Ese coche estaba
aparcado a tan sólo 15 metros de donde se encontraba la
Renault Kangoo.Aunque durante mucho tiempo no ha habido
una versión oficial sobre el extraño suceso, la fiscal
del caso da por hecho en su escrito de acusación que el
Skoda Fabia estuvo aparcado en esa misma calle desde el
día 11 de marzo. Según esa versión, los distintos
cuerpos de policía que acudieron al citado lugar ni
siquiera habrían inspeccionado los automóviles aparcados
junto a la Renault Kangoo. Es decir, que, para evitar
otras posibles hipótesis, se asume implícitamente que la
Policía actuó con una negligencia merecedora, al menos,
de una ejemplar sanción. ¿Y si en ese automóvil hubiese
habido explosivos? Justo al lado de donde estaba
estacionado hay un colegio, y por esa misma acera pasan
todo los días cientos de personas que van y vienen de la
estación de tren de Alcalá. Hay que tener en cuenta que,
según esa versión, el Skoda Fabia habría estado
abandonado en la calle del Infantado durante ¡más de
tres meses! sin que la Policía se hubiese percatado de
ello. Y eso que estamos hablando del peor atentado de la
Historia de España.
6. El piso de Leganés.
Uno de los episodios más oscuros en relación al
atentado de Madrid es la localización y muerte de los
presuntos terroristas que se encontraban en una vivienda
de la calle Martín Gaite de Leganés.La propia versión
oficial sobre el descubrimiento del inmueble es
contradictoria. El relato de los hechos que recoge el
juez Del Olmo en su auto de procesamiento es
incompatible con el que aparece en el escrito de
acusación de la fiscal.
Según la narración del magistrado, la Policía
localizó el piso sobre las 15.30 horas del 3 de abril de
2004. Después de haberse desplazado al lugar dotaciones
de la UCIE y de la UCI, uno de los inquilinos de la
vivienda, que había bajado a tirar la basura, sospechó
de la presencia de los agentes y se dio a la fuga.
Momentos después, desde una de las ventanas del primer
piso, comenzaron a efectuarse disparos hacia el
exterior. Sobre las 19.00 horas llegaron las dotaciones
de los GEO y sobre las 21.00 horas se produjo la
detonación que terminó con la vida de los siete
presuntos terroristas y del agente Javier Torronteras.
Según la fiscal, sobre las 18.45 horas de ese mismo
día se produjo un tiroteo en las inmediaciones de la
estación de tren de Zarzaquemada (situada a varias
manzanas del piso explosionado) entre la Policía y unos
individuos con rasgos árabes que, posteriormente, se
dieron a la fuga en un coche y se refugiaron en el piso
de la calle de Martín Gaite.
¿Cuál de las dos versiones es la buena?
El caso es que siete de los presuntos autores
materiales de la masacre murieron el 3 de marzo en lo
que se supone que fue un suicido colectivo. Pero, ¿por
qué se suicidaron en lugar de utilizar la dinamita para
matar «infieles»? ¿Por qué se suicidaron entonces y sin
embargo no murieron como auténticos muyahidin en las
explosiones de los trenes, lo que les habría
garantizado, según su interpretación del Corán, la
entrada directa en el paraíso?
III
La investigación policial
1. La intervención de Vera
Contra todo pronóstico, el PSOE ganó las
elecciones del 14 de marzo de 2004 logrando 10.909.687
votos (el 42,64% del electorado) frente a 9.630.512
votos del PP (el 37,64% del electorado). Es decir, justo
lo contrario de lo que vaticinaban las encuestas.
Cuando pasen algunos años, tal vez cuando todas las
sombras del 11-M se hayan esclarecido, los partidos
políticos convendrán en que no se puede convocar a las
urnas a los ciudadanos 72 horas después de haber sufrido
el mayor drama de su historia.
A pesar de todo, las elecciones se celebraron y el
principal partido de la oposición utilizó la masacre
como su mejor arma para vencer al PP.
¿Quién se percató desde el primer momento de las
posibilidades que ofrecía el atentado si se utilizaba
convenientemente la información?: Rafael Vera, el ex
secretario de Estado para la Seguridad, condenado por
secuestro en el caso Marey, por apropiación de dinero
público en el caso de los fondos reservados del
Ministerio del Interior y que ahora tendrá que volver a
sentarse en el banquillo acusado de haber pagado 200
millones de pesetas (1,2 millones de euros) a las
mujeres de Amedo y Domínguez en Suiza.
Vera trasmitió a algunas personas de la dirección del
PSOE, ya en la mañana del 11 de marzo, las enormes
posibilidades que ofrecía el atentado desde el punto de
vista electoral. La tesis de Vera era tan simple como
eficaz: si los responsables del atentado habían sido los
islamistas y no ETA, el fantasma de la guerra de Irak se
volvería contra Aznar. En definitiva, el atentado habría
sido culpa de la política del PP que habría convertido a
España en objetivo prioritario de Al Qaeda. Ese mensaje
podría movilizar a centenares de miles de personas que,
hasta ese momento, daban por segura la victoria del PP y
no pensaban ir a votar.
La estrategia consistía en utilizar la información
disponible antes que el Gobierno. En una situación así,
en la que el reloj corría contra los intereses del PP,
cada hora, cada minuto, era esencial para la tarea de
erosionar la credibilidad del Ejecutivo.
La mejor prueba de ello fue la movilización ante las
sedes del PP del sábado 13 de marzo.
En la tarde del día 12, agentes de la UCIE
interrogaron a los dos ciudadanos indios propietarios de
la tienda que había vendido la tarjeta que se encontró
en el teléfono de la mochila de Vallecas.
Por la noche, en la Comisaría General de Información
se decidió que, al día siguiente, había que detener a
esos dos individuos para obtener su confesión. A esas
horas también estaba ya decidido actuar sobre Jamal
Zougam.
Ésa fue la información que Vera transmitió a la
dirección del PSOE en la noche del 12 de marzo. Una
información que sirvió para jugar sobre seguro al día
siguiente y para reforzar el mensaje de que el Gobierno,
que todavía no había descartado a ETA, estaba mintiendo
a los ciudadanos.
Fue una operación perfecta que dio el resultado
esperado. Vera había utilizado con habilidad
extraordinaria los datos que le facilitaron sus fuentes
policiales y judiciales.
2. Borrar cualquier rastro que lleve a ETA.
Ya con el PSOE en el poder, la investigación policial
se orientó en una sola dirección: el atentado del 11 de
Marzo fue provocado exclusivamente por un grupo
islamista. Cualquier otra hipótesis tenía que ser
desechada.
En efecto, las pistas que iban apareciendo en el
curso de la investigación que apuntaban a ETA fueron
sistemáticamente minusvaloradas u ocultadas al juez. A
Del Olmo no podía llegarle ningún informe que indicara
una mínima relación de ETA con el atentado. Ese sesgo a
la investigación lo ha puesto de relieve de forma
meridiana el caso de los peritos de la Policía
Científica.
Tres de sus mejores peritos realizaron en marzo de
2005 un informe sobre una sustancia hallada en el
domicilio de Hasan Haski (según la fiscal, principal
instigador del 11-M) e hicieron constar en él que la
misma coincidía con la encontrada en un piso franco de
ETA en Salamanca. Se trataba de ácido bórico.
Los peritos reflejaron esa coincidencia en su
informe. Su jefe, Francisco Ramírez, les pidió que
retirasen ese nexo entre ETA y el 11-M de sus
conclusiones porque así lo quería «la superioridad», a
lo cual se negaron. Solución: Ramírez falsificó el
informe que se remitió al juez Del Olmo. Según el auto
de la juez Gemma Gallego, el jefe de la Policía
Científica, Miguel Angel Santano; su segundo, Pedro
Mélida; el jefe de la Unidad de Análisis, José Andradas,
y el jefe de Sección, Francisco Ramírez, son
responsables de un delito de falsedad, ocultación de
datos a la Justicia y encubrimiento.
Si los jefes de la Policía Científica fueron capaces
de cometer esos graves delitos para ocultar un vínculo
como el del ácido bórico, ¿qué no habrán sido capaces de
hacer en otros supuestos en los que la vinculación con
ETA fuera aún más concluyente?
Para no especular, vayamos a los hechos. Una de las
vías de investigación lógicas, teniendo en cuenta que
estamos en España y que ETA es el principal grupo
terrorista y uno de los que ha desarrollado sistemas de
activación de explosivos más sofisticados de Europa para
sus atentados, habría sido analizar una posible conexión
con el 11-M a través de su elemento más novedoso: el uso
de teléfonos móviles como temporizadores.
ETA utilizó para sus atentados en tres ocasiones
teléfonos móviles, que empleó como radiomandos. Hacían
una llamada al teléfono conectado al detonador y cuando
sonaba la señal, la bomba hacía explosión.
A pesar de que EL MUNDO publicó que ETA ya sabía
utilizar los móviles como temporizadores (el último
comando de ETA desarticulado en Madrid estaba en
disposición de hacerlo, después de que el ingeniero jefe
de la banda, Elgorriaga Kunze, hubiera desarrollado
diversos prototipos), la Comisaría General de
Información elaboró un informe el 10 de abril de 2006 en
el que rechaza de plano esa posibilidad porque, según
recoge el escrito de acusación de la fiscal, «en las
tres ocasiones que ETA ha utilizado móviles lo ha hecho
como sistema de activación a distancia». Pues bien, el
autor de dicho informe, firmado en solitario, no es otro
que Juan Jesús Sánchez Manzano.
Otros indicios, como por ejemplo el hallazgo en la
celda de Abdelkrim Bensmail (hombre de confianza de uno
de los presuntos autores materiales del atentado:
Allekema Lamari) de teléfonos y direcciones de
destacados etarras como Parot e Iragi, así como la
fórmula para la fabricación de cloratita, se han
despachado con una justificación tan simple como que
Bensmail y Parot «han nacido en Argelia».
La coincidencia en la llegada de las dos caravanas de
la muerte a Madrid prácticamente el mismo día (la de
Cañaveras y la que trajo la Goma 2 desde Asturias) se ha
achacado a la casualidad.Cuando la Policía interrogó a
Trashorras por primera vez en Avilés, éste dijo que El
Chino le había dicho que conocía a los dos etarras
detenidos por la Guardia Civil en Cañaveras. Sin
embargo, la Policía ni siquiera lo reflejó en la
declaración que le remitió al juez. Por cierto, uno de
los inspectores presentes en dicha declaración ha sido
detenido por Del Olmo acusado de «revelar secretos» a EL
MUNDO.
El confidente Cartagena, clave en las informaciones
sobre la célula terrorista previas al atentado, presentó
hace unos días un escrito en la Audiencia en el que
explica que la Policía le ordenó que no dijera nada al
juez sobre la relación entre ETA y los islamistas.
Eso, por no hablar de otras posibles vías de
investigación, como la intervención de elementos de los
servicios secretos de Marruecos.El confidente Mohamed
Hadad sigue viviendo tranquilamente en Marruecos, a
pesar de que la Policía española cree que intervino en
el atentado y un testigo dice haberle visto manipulando
una mochila en las cercanías de la estación de Alcalá.
En fin, que para la dirección de la Policía, que ha
seguido a pies juntillas las instrucciones del Gobierno,
sólo hay una teoría sobre el 11-M: se trata de un grupo
de fanáticos islamistas que actuaron por su cuenta y sin
ninguna conexión con otros grupos terroristas.
IV
La búsqueda de la verdad
1. El juicio oral.
Según las previsiones, el juicio más importante
de la Historia reciente de España comenzará a finales
del mes de febrero de 2007. Es decir, casi tres años
después de que se cometiera el atentado que contribuyó a
cambiar el curso de los acontecimientos.
A pesar del tiempo transcurrido, el juicio se va a
iniciar sin que se hayan aclarado aspectos fundamentales
sobre el atentado.No se sabe cuántos terroristas
participaron en su ejecución; no se sabe cómo llevaron a
cabo su acción; no se sabe qué tipo de explosivo estalló
en los trenes; no se sabe quién compró los teléfonos
móviles ni las tarjetas; no se sabe quién ni dónde se
montaron las bombas, etcétera.
El problema que hay con este juicio es que puede
generar una gran frustración. Es decir, que puede
suceder algo parecido a lo que ocurrió con el juicio
contra la célula islamista acusada de colaborar en el
atentado del 11 de Septiembre. Al final, sus miembros
sólo han podido ser condenados por pertenencia a banda
armada, pero no se ha podido demostrar que participaran
en el atentado.
La cuestión es que la instrucción no ha sido
independiente de las orientaciones que ha recibido la
Policía del Gobierno. El sesgo de la investigación
policial ha marcado la actividad del juez Del Olmo. En
esa labor ha influido enormemente la fiscal Olga
Sánchez, que ha seguido a su vez las instrucciones del
Fiscal General del Estado.
Sin embargo, pese a todo, el juicio puede deparar
grandes sorpresas.Y durante su desarrollo se puede
arrojar mucha luz sobre las sombras no despejadas
durante la instrucción.
Para ello, es necesario que la Sala de la Audiencia
Nacional actúe con la máxima independencia. Y, por lo
tanto, es clave que su presidente, Javier Gómez
Bermúdez, continúe en su puesto y no den fruto las
maniobras inspiradas por el Gobierno y que se han puesto
en marcha para apartarle del mismo. El presidente de la
Sala de lo Penal de la Audiencia no sólo es una pieza
fundamental para el esclarecimiento del 11-M, sino
también para la aplicación de la política carcelaria que
se acuerde respecto a los etarras en el llamado proceso
de paz.
2. El Gobierno y la prensa.
El Gobierno, ayudado por los medios de comunicación
afines, ha hecho todo lo que ha estado en su mano para
desprestigiar la investigación periodística sobre el
11-M.
Ha tratado de difundir la idea de que existe una
«teoría de la conspiración» urdida por un grupo de
periodistas y apoyada por el PP para cuestionar su
legitimidad.
No hay ninguna teoría de la conspiración. Lo que hay
son hechos incontestables que, cada día que pasa,
contradicen de forma más contundente la única teoría que
existe hasta ahora y que es la teoría oficial, según la
cual, un grupo de delincuentes comunes y traficantes de
droga, sin experiencia en el uso de explosivo e imbuidos
de ideología radical islamista, cometieron el mayor
atentado de Europa.
Esa es la teoría que, con los datos en la mano, no se
sostiene.
No sabemos lo que hará el PP. La Comisión de
Investigación se cerró sin aclarar nada y hay algunos
dirigentes de dicho partido que opinan que el 11-M
perjudica sus expectativas electorales.Están en su
derecho de hacer lo que crean conveniente.
Sin embargo, nosotros vamos a continuar nuestro
esfuerzo por saber la verdad. Pese a quien pese. Las
víctimas de la masacre merecen saber la verdad. Los
ciudadanos merecen saber la verdad.Sólo a los que le
tienen miedo les repele que se siga hablando del 11-M,
que siga suscitando el interés público.
A nosotros no nos importa el tiempo, ni las
dificultades. Ese es nuestro compromiso con la sociedad.
Tengan por seguro que lo cumpliremos.
Más información en el suplemento Agenda 2007.