El tripartito catalán quiere
limitar la capacidad de las autonomías más pobres para
ganar recursos en la negociación que mantiene con el
Gobierno sobre el nuevo modelo de financiación. La
Generalitat considera que, o el Estado pone muchos miles
de millones adicionales sobre la mesa, o la estrategia
debe pasar por limitar el reparto de recursos.
Las pretensiones de la
Generalitat de actuar sobre el dinero que va a parar a
las regiones con menos recursos financieros es mayor, si
cabe, desde que el ministro de Economía, Pedro Solbes,
obligado por las promesas de José Luis Rodríguez
Zapatero en La Moncloa, se comprometiera a que ninguna
comunidad autónoma perderá ni un céntimo de euro con el
nuevo sistema.
Por esa razón, el Govern del PSC, ERC e ICV considera
que todo el margen para ganar recursos está vinculado a
la nueva inyección de dinero aportada por el Estado.
Reducir los mecanismos de solidaridad interterritorial
figura, como siempre lo han estado, en el primer punto
del decálogo de intenciones de la Generalitat en la
negociación. Ese precepto ya aparecía cuando se
negociaba el Estatut.
Es por ello que la Generalitat quiere limitar al
máximo, al 65%, los recursos asignados al reparto entre
comunidades autónomas, basándose únicamente en la
sanidad, la educación y otros servicios básicos, y
evitando el 80% que pretende destinar a ese objetivo el
gabinete de Solbes. Para ello es necesario concretar los
recursos y el modo de reparto de los tres fondos en los
que piensa el Ministerio de Economía como nuevo
mecanismo de solidaridad.
Equilibrio territorial
El fondo de garantía, utilizado para atender los
servicios públicos fundamentales, es el mayor
instrumento pensado para asegurar el equilibrio
financiero de las comunidades. Este fondo se nutrirá de
los recursos dependientes de la cesta de impuestos
cedidos a las autonomías (con mayor peso del impuesto de
la renta, el IVA y los impuestos especiales) y se crea
con el objetivo de que todas las comunidades del régimen
común puedan contar con la misma asignación
presupuestaria para prestar sus servicios.
Una de las grandes dudas del conseller de Economía,
Antoni Castells, es qué sucederá con los recursos que
sobren de ese fondo. El consejero persigue que se quede
en manos de las autonomías que mayor esfuerzo fiscal
efectúan, las que más recursos aportan al sistema. Pero
Solbes quiere que esos recursos vayan a parar a un
segundo fondo pensado para financiar otras competencias
transferidas y para evitar que ninguna comunidad ingrese
menos a causa de las características de la nueva
financiación. En todo caso, el Ministerio ya ha
anunciado que para cubrir ese fondo será necesaria una
inyección adicional de recursos del Estado.
En un tercer fondo, el de convergencia, puede estar
la solución final al conflicto con Cataluña, pero, dada
la ambigüedad de Solbes y de su número dos, Carlos
Ocaña, Castells no da nada por garantizado. Las arcas
del Estado aportarán todos los recursos de este fondo,
que serviría para contentar a unos y otros. A las más
pobres, porque contribuye a paliar diferencias entre
comunidades. Y a las más ricas, porque impedirá que las
menos dinámicas les superen en recursos por habitante.
¿Es posible todo?
La Generalitat ha sido cauta, muy cauta, a la hora de
negociar el nuevo modelo de financiación y poner sobre
la mesa sus pretensiones. Como el Gobierno, se ha
limitado a exponer líneas generales, sin un porcentaje,
sin una cifra pretenciosa. Pero entre los que entienden
algo del problema de la financiación autonómica en
Cataluña sí que se oye una cifra que podría darse por
buena al concluir la negociación: alrededor de 3.500
millones de euros, si bien no todos en el primero o
segundo año de vigencia del nuevo sistema.
Sólo gracias al rendimiento de la cesta de impuestos
incluida por el Estatuto -y trasladada por el Gobierno
al resto de comunidades-, Cataluña ingresaría 4.870
millones de euros según la liquidación de 2006. Eso, si
no fuera porque la crisis inmobiliaria se ha llevado
alrededor de 2.000 millones a cuenta de la caída de la
recaudación del impuesto sobre Transmisiones
Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados. Pero el
mal que aqueja al objetivo de Cataluña es otro, y nunca
escondido: los mecanismos de solidaridad, o lo que ya se
ha convertido en el efecto Extremadura.
Esta comunidad, también gobernada por el PSOE,
recauda por tributos propios y cedidos un 38% menos que
la media española, el equivalente a 1.032 euros por
habitante. Cataluña -como Madrid o Baleares- ingresa por
ese capítulo un 31% más que el promedio. En cambio, el
mecanismo de solidaridad actual revierte esas posiciones
y, al ejecutar la redistribución, las regiones más ricas
se quedan por debajo de las más pobres en recursos
disponibles per cápita. Y eso es lo que no quiere que
vuelva a suceder el tripartito, que culpa de esa
situación al déficit -más gastos que ingresos- con que
cierra año tras año su Presupuesto y el incremento de su
endeudamiento, uno de los mayores de España.
LAS EXIGENCIAS CATALANAS
Concreción. El tripartito reclama al Gobierno que
concrete las bases de la propuesta presentada, sobre
todo en lo que se refiere a cifras y porcentajes, pero
también en conceptos clave para el reparto.
Los nuevos recursos. Dado que el nuevo modelo
respetará el 'statu quo' de ingresos, el 'Govern' cree
que sólo podrá ganar recursos con la inyección de más
dinero del Estado. El 'Estatut'. Por activa y por
pasiva, los miembros del Gobierno autónomo catalán
aseguran que no firmarán ningún acuerdo que no respete
la literalidad del nuevo marco estatutario.
Lealtad institucional. La Generalitat de Cataluña
quiere el compromiso del Estado para que cada
transferencia de competencias cuente con una asignación
presupuestaria.