El presidente del Gobierno
distribuyó el pasado lunes (5 de
Marzo de 2007) en la Comisión Ejecutiva del
PSOE un documento -no se sabe si elaborado en la
factoría de toda la vida, la de Rubalcaba, o en la que
más recientemente ha montado en Ferraz 'Pepiño' Blanco-
con el que se pretende demostrar que los gobiernos del
PP cedieron a ETA porque acercaron a presos de la banda
durante el secuestro del funcionario de prisiones José
Antonio Ortega Lara.
He de confesar que la
maquinaria de propaganda del PSOE me tiene un poco
confundido. Sea lo que fuere, es evidente que el
presidente del Gobierno y el PSOE están muy nerviosos
ante la indignación ciudadana que va creciendo, a medida
que pasan las horas, por la excarcelación -ése y no otro
es el término empleado por el mundo de Batasuna- del
sanguinario terrorista José Ignacio de Juana Chaos. Pero
el que estén nerviosos o piensen que el castigo
electoral puede estar esperándoles a la vuelta de la
esquina no les da patente de corso para intentar decir
que aquí todos fueron iguales. Vamos a los hechos:
- El 17 de enero de 1996, un comando de ETA secuestró
en el garaje de su domicilio de Burgos al funcionario de
prisiones José Antonio Ortega Lara, al que trasladaron a
un zulo construido en una nave industrial a las afueras
de Mondragón.
- En esa fecha, el presidente del Gobierno es Felipe
González y el ministro de Justicia e Interior, Juan
Alberto Belloch. Tras este hecho, el Ejecutivo impulsa
dos vías de diálogo y negociación con ETA para intentar
salvar la vida de Ortega Lara.
La primera, pilotada por la entonces secretaria de
Estado de Interior, Margarita Robles, y en la que la
persona clave era el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez
Esquivel. La segunda vía, dirigida por el entonces
director general de Instituciones Penitenciarias, David
Beltrán, exploró con algunos presos de ETA -entre otros,
Henri Parot y Jesús María Zabarte, miembros del aparato
de interlocución de la banda en las cárceles-,
seguramente con buena intención, qué posibilidades había
de que ETA liberara a Ortega Lara a cambio de
flexibilizar la política de dispersión. La banda se
mostró implacable.
- El 6 de febrero de 1996, ETA asesinó en San
Sebastián al socialista Fernando Múgica Herzog. El
Gobierno del PSOE, a pesar de este asesinato y de seguir
Ortega Lara secuestrado, mantuvo abiertas las dos vías
de negociación con la banda.
- El 14 de febrero de 1996, ETA asesinó en Madrid al
ex presidente del Tribunal Constitucional y amigo
personal de Felipe González Francisco Tomás y Valiente.
El Gobierno del PSOE, a pesar de este asesinato y de
seguir Ortega Lara secuestrado, mantuvo abiertas las dos
vías de negociación con la banda.
- El 3 de marzo de 1996, el PP gana las elecciones
generales. José María Aznar será el próximo presidente
del Gobierno. El Ejecutivo del PSOE sigue manteniendo
abiertas las dos vías de negociación con ETA.
- El 4 de marzo de 1996, ETA asesinó en Irún al
inspector de la Ertzaintza Ramón Doral Trabadelo. El
Gobierno del PSOE, ya en funciones, a pesar de este
asesinato y de seguir Ortega Lara secuestrado, mantuvo
abiertas las dos vías de negociación con ETA.
- El 25 de abril de 1996, el ministro in pectore de
Interior del Gobierno de Aznar, Jaime Mayor Oreja,
recibió una invitación de quien entonces ocupaba, en
funciones, esa cartera, Juan Alberto Belloch. La cita
consistió en un desayuno celebrado en el comedor privado
de la segunda planta del Palacete de Castellana, 5, sede
del Ministerio de Interior. Después de los saludos de
rigor, Belloch le espetó a Mayor Oreja: «Jaime, te tengo
que plantear una cuestión, por encargo directo de Felipe
González. Tenemos abiertas dos vías de diálogo con ETA y
el presidente os pide el okey para poder continuar con
las gestiones iniciadas». Mayor Oreja le contestó que él
no era nada partidario de esas vías, pero que, en
cualquier caso, hablaría con Aznar y le daría una
contestación definitiva en unos días.
- El 26 de abril de 1996, Belloch telefoneó a Mayor
Oreja para decirle: «Jaime, Felipe está indignado y me
dice que o le dais ya el visto bueno para continuar las
gestiones, o que inmediatamente ordena paralizarlas».
Lamentando que el todavía presidente se hubiera
indignado tanto, Mayor Oreja le confirmó a su
interlocutor que el PP no iba a seguir con las vías de
diálogo, contactos directos o indirectos a los que
fueron tan dados los equipos de Interior de los
gobiernos de Felipe González.
- El 5 de mayo de 1996. Aznar tomó posesión como
presidente del Gobierno y nombró a Jaime Mayor Oreja
ministro de Interior. Las dos vías de negociación fueron
cerradas. Ortega Lara seguía secuestrado.
A partir de ahí, Zapatero, Rubalcaba o Pepiño Blanco
pueden pensar que los españoles son o muy tontos, o muy
desmemoriados, o ambas cosas a la vez, porque pretender
ahora hacer creer a la opinión pública -para intentar
aliviar la situación en la que se encuentran- que los
gobiernos de Aznar, en el secuestro de Ortega Lara,
cuando la tregua trampa de 1998 o en cualquier otro
momento de aquellos ocho años cedieron ante ETA parece
un ejercicio inútil y condenado al fracaso. En la retina
de los españoles está que en aquellos años la lucha
contra ETA fue impecable e implacable. Impecable porque
se hizo dentro del Estado de Derecho, sin atajos tipo
GAL, e implacable porque estuvo a punto de conseguir la
derrota total de la banda. Cuando, en marzo de 2004,
Zapatero ganó las elecciones, la banda se encontraba
contra las cuerdas y su brazo político, Batasuna, con el
agua al cuello.
El PSOE sabe perfectamente, y si no que se lo
pregunten al actual defensor del Pueblo y ex ministro de
Justicia, Enrique Múgica, que la política penitenciaria
es una política flexible, que permite a los gobiernos
tomar decisiones de acercamiento o de alejamiento de
presos en función de muchas variables. Los acercamientos
de presos a los que hace referencia el documento
distribuido por Zapatero en la Ejecutiva de su partido
fueron hechos dentro de esa flexibilidad que permitía la
política penitenciaria, nunca buscando el reagrupamiento
en cárceles vascas y atendiendo siempre a tratamientos
individualizados de los reclusos.
Aquella política penitenciaria puesta en marcha en
junio de 1996 le valió enseguida al ministro del
Interior una crítica feroz del PNV, que utilizó como
ariete de sus ataques a la Comisión de Derechos Humanos
del Parlamento vasco presidida por el nacionalista José
Antonio Rubalkaba. Tampoco se quedaron atrás en la
exigencia de una política penitenciaria «mas ambiciosa»
ilustres dirigentes del PSOE como Joaquín Almunia o
Ramón Jáuregui.
Ortega Lara fue liberado a las 6.00 horas del 1 de
julio de 1997, no porque el Gobierno de Aznar hubiera
cedido ante ETA, sino gracias a una brillantísima
operación de la Guardia Civil. Tras convencerle de que
no eran miembros del comando que le había tenido
secuestrado 572 días, sino miembros del Instituto Armado
que venían a liberarle, Ortega Lara accedió a ser
trasladado para someterse a un chequeo médico al mismo
hospital donde ahora está De Juana Chaos. La diferencia
es evidente: Ortega Lara llegó al borde de la muerte
porque le privaron de su libertad; De Juana se puso
voluntariamente en huelga de hambre, echó un pulso al
Gobierno y lo ha ganado. A las 11.00 horas de aquel 1 de
julio de 1997, con un hilillo de voz, con la cara
demacrada, con un chándal de color fucsia y unas
deportivas nuevas que acababan de comprarle, Ortega
Lara, sentado junto a su mujer, Domitila, en el tresillo
del despacho del jefe de la Comandancia de la Guardia
Civil de Intxaurrondo, le dijo a Mayor Oreja, con una
gran serenidad, con una gran paz: «Ya sabía que ustedes
no podían ni debían ceder al chantaje de mis
secuestradores». ¡Qué lección de dignidad y de
fortaleza!
Nueve días más tarde de la liberación de Ortega Lara,
ETA secuestraba al joven concejal del PP de la localidad
vizcaína de Ermua Miguel Angel Blanco y le daba 48 horas
al Gobierno para que acercara a todos los presos de ETA
al País Vasco, o en caso contrario le mataría. El
Ejecutivo, con el apoyo y la comprensión de todos los
españoles, no cedió al chantaje y el cuerpo de Miguel
Angel apareció con dos tiros en la cabeza a las 16.00
horas del sábado 12 de julio. Inmediatamente fue llevado
al mismo hospital donde hace una semana De Juana Chaos
entró por su propio pie y donde recibe todos los
cuidados para recuperarse e irse a su casa porque así lo
ha decidido Zapatero. Miguel Angel Blanco llegó en
camilla, en coma y con dos tiros en la nuca y salió del
hospital para recibir sepultara en el cementerio de
Ermua. Entonces, el Gobierno de Aznar no cedió al
chantaje terrorista.
Zapatero debería tener la honradez intelectual y
moral de añadir un anexo, con letras de oro, a la lista
que distribuyó en la Ejecutiva de su partido. Ese anexo
debería contener los nombres de los concejales del PP
que fueron asesinados por la furia que a ETA le produjo
la política de firmeza y de no cesión de los gobiernos
de Aznar. Por si Rubalcaba o Blanco no son capaces de
darle bien los datos al presidente, con mucho gusto le
transcribo la lista para ese anexo:
- Miguel Angel Blanco Garrido (Ermua, 10/7/97); José
Luis Caso Cortines (Irún, 11/12/97); José Ignacio
Iruretagoyena Larrañaga (Zarautz, 9/1/98); Alberto
Jiménez Becerril Barrio (Sevilla, 30/1/98); Ascensión
García Ortiz (Sevilla, 30/1/98); Tomás Caballero Pastor
(Pamplona 6/5/98); Manuel Francisco Zamarreño Villoria (Rentería,
25/6/98); Jesús María Pedrosa Urquiza (Durango,
4/6/2000); José María Martín Carpena (Málaga,
15/7/2000); Manuel Indiano Azaustre (Zumárraga,
29/8/2000); José Luís Ruiz Casado (Sant Adría de Besos,
21/9/2000); Francisco Cano Consuegra (Terrassa,
14/2/2000); Manuel Jiménez Abad (Zaragoza, 6/05/2001), y
José Javier Múgica Astibia (Leitza, 14/7/2001).
Creo que sería de justicia ampliar ese anexo e
incluir en él a todas las personas asesinadas por ETA,
también a las 25 víctimas de De Juana. Todas ellas
fueron alejadas de sus familias por la fuerza, contra su
voluntad, mediante el uso de la violencia. Todas, señor
Zapatero, dieron su vida por defender nuestra libertad,
nuestra democracia, nuestra convivencia. Se merecen que
respetemos su memoria y su dignidad y que se haga
justicia con sus asesinos. ¿Acaso es mucho pedir, señor
presidente?
Cayetano González, columnista habitual de EL
MUNDO, fue responsable de Comunicación del Ministerio
del Interior entre 1996 y 2001.