«Sociedades del PSOE cobran cientos
de millones a grandes empresas y luego pagan gastos
electorales». La sentencia del Tribunal Supremo que se
conoció ayer pone el punto final al camino judicial que
se inició con ese histórico titular de EL MUNDO del 29
de mayo de 1991. Un periódico con sólo un año y medio de
andadura destapaba el caso Filesa, la gran operación de
financiación ilegal del PSOE.
Del tronco de ese
escándalo surgieron otras tramas de corrupción aún
mayores, como la del cobro de comisiones por la
adjudicación de las obras del AVE o el convoluto de Seat,
entre otras muchas, todas vinculadas al partido que
desde 1982 gobernaba en España con mayoría absoluta. Los
largos procesos judiciales acabaron confirmando las
informaciones reveladas a lo largo de varios años por EL
MUNDO, y casi siempre culminaron en condenas para sus
protagonistas.
El perejil de todas esas salsas fue Aida Alvarez, que
ocupó entre 1987 y 1989 nada menos que el cargo de
coordinadora de Finanzas del PSOE y fue estrecha
colaboradora de Alfonso Guerra, entonces vicesecretario
general y verdadero hombre fuerte del partido, y número
dos del Gobierno de Felipe González. Apenas hubo algún
sumario sobre la corrupción socialista en el que no se
mencionase a Alvarez y a su compañero sentimental,
Miguel Molledo.
El destacado papel de ambos en el aparato del partido
ya les permitió adquirir en 1989 un fastuoso chalé de
cuatro plantas y cerca de 300 metros cuadrados en una
lujosa zona residencial de Madrid. La vivienda, según
reveló EL MUNDO el 4 de enero de 1993, contaba con
equipamientos insólitos en aquella época: gimnasio,
sauna, jacuzzi e, incluso, un carísimo frigorífico para
conservar abrigos de pieles.
La primera vez que se le mencionó en los medios de
comunicación fue en 1988, cuando su nombre apareció en
la agenda de un directivo de la compañía aeronáutica
norteamericana McDonnell Douglas como su contacto con el
PSOE para garantizar que la empresa pública Iberia
adquiriría sus aviones, como así ocurrió, a cambio del
supuesto cobro de 15 millones de dólares.
En mayo de 1991, EL MUNDO destapó el escándalo: las
sociedades Filesa, Malesa y Time Export habían emitido
facturas a grandes empresas, como BBV o Cepsa, por
servicios que nunca recibieron. La trama sirvió para
financiar de forma irregular al PSOE a finales de los 80
y principios de los 90.
Este periódico vinculó en junio de 1992 a Alvarez y
su compañero con este caso a través de sus empresas
Distribuidora Express 2020 y Tecnología Informática
2020, que pagaron más de 100 millones de pesetas por,
entre otros conceptos, el alquiler y posterior traspaso
de una parte de los locales de la madrileña calle de
Gobelas que el PSOE utilizó como cuartel general durante
las campañas de 1989. Por estos hechos, el Supremo los
condenó a dos años y cuatro meses de cárcel.
Fue durante la instrucción de ese escándalo cuando
surgió el caso AVE. El contable de
Filesa, Carlos van Schouwen, declaró al juez Marino
Barbero que por la adjudicación del tren de alta
velocidad la multinacional alemana Siemens y la francesa
Alsthom pagaron comisiones de 3.000 millones de pesetas.
Primero, este periódico destapó que los socialistas
Juan Carlos Mangana y Sotero Jiménez crearon GMP, la
empresa que asesoró a Siemens para adjudicarse el
«contrato del siglo»: la adjudicación de las locomotoras
y la red de electrificado del AVE Madrid-Sevilla. Meses
después, EL MUNDO llevó a Aida Alvarez al primer plano
de la actualidad nacional al establecer, por primera
vez, el nexo entre ella y Siemens: su empresa Tecnología
Informática 2020 también prestó servicios -luego se
demostró que ficticios- a la multinacional alemana. Esas
sociedades firmaron contratos y facturas falsos para
ocultar el pago de cantidades a los comisionistas del
PSOE, que los tribunales no consideran cohechos, pero
que sí sancionaron a través del delito de falsedad
documental. Entonces no existía el delito de
financiación ilegal, que se introdujo en el Código Penal
a partir de los escándalos destapados tras el caso
Filesa.
La prensa empezó entonces una carrera por conocer a
un personaje desconocido hasta ese momento, del que sólo
se tenía una vieja imagen de la revista Tribuna. EL
MUNDO la fotografió, primero, con careta, luego con la
cara tapada y, por fin, descubierta y en chandal.
Alvarez también apareció implicada en una comisión
del caso Ollero y en el caso Juan Guerra (el hermanísimo
utilizaba el despacho de la comisionista cuando se
desplazaba a Madrid). Pero, sobre todo, en el escándalo
del convoluto de Seat, que denunció este periódico: un
cheque de 150 millones de pesetas que fue entregado por
el presidente de la compañía al embajador alemán, Guido
Brunner, y que terminó en manos de Alvarez y Juan Carlos
Mangana. Estos hechos también fueron confirmados por la
Audiencia de Madrid.