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30 Septiembre 2006

La Guardia Civil, enjaulada
La Benemérita recibe la orden de recluirse en los cuarteles para “no provocar” a los abertzales
Roberto R. Ballesteros. San Sebastián. Los agentes de la Guardia Civil en el País Vasco se aburren. Desde hace varias semanas, y según ha podido saber LA GACETA, los guardias que trabajan en la provincia de Guipúzcoa han recibido órdenes de no salir a la calle más de lo estrictamente necesario.

El objetivo, según informan fuentes de la Asociación Independiente de la Guardia Civil (Asigc), es “no provocar” a los jóvenes abertzales, autores por otra parte de los numerosos incidentes de kale borroka que se están cometiendo estos últimos días. “Claro, es que con estar allí, según ellos, ya estamos provocando”, comenta enfadado un agente del cuerpo, que prefiere no ser identificado.

Los agentes se encuentran recluidos en los cuarteles, a excepción de aquellos que tienen que salir para labores básicas. “Estamos aplicando servicios mínimos”, explica uno de los guardias afectados.

La relajación del cuerpo de seguridad más importante en lo relativo a la lucha antiterrorista conlleva una disminución lógica de la pelea contra la banda ETA, a cuyos miembros se ha dejado de investigar.

El número de controles ha disminuido de manera considerable en los últimos días, explican desde Asigc. Las salidas, cuentan, se limitan a la realización de los servicios especiales —como el transporte de explosivos u otros temas relacionados— y a los asuntos rutinarios, como el tradicional patrullaje.

En Guipúzcoa hay destinados actualmente alrededor de 1.500 guardias civiles, repartidos en siete cuarteles. El centro más importantes se encuentra en el barrio donostiarra de Inchaurrondo. Además, existen cuarteles en Oñate, Villafranca de Ordicia, Tolosa, Zarauz, Eibar e Irún.

Las órdenes se remontan, según los agentes consultados, a principios de septiembre y, aunque ellos no lo quieren precisar, su origen hay que buscarlo en el Ministerio del Interior.

De esta forma, el Gobierno cumple con una de las condiciones que la banda terrorista ETA viene solicitando en sus últimos comunicados: que se ponga fin a la supuesta represión de que es objeto el mundo abertzale por parte de las fuerzas de seguridad y los jueces.

Además, el hecho de que la Guardia Civil haya recibido estas órdenes da explicación a su ausencia durante el acto de Oyarzun, donde el domingo pasado tres encapuchados dispararon al aire durante un mitin celebrado con motivo del día del soldado vasco.

La nueva situación política influye en la Benemérita en todos los sentidos. Por un lado, como se ha indicado, los agentes reducen las salidas y los controles para dar una imagen de menos acoso a los violentos.

Información, sí
Por otra parte, y para contrarrestar este descenso de la actividad operativa, recientemente se ha incrementado en 30 el número de efectivos dedicados a los Servicios de Información.

Después de que los etarras aparecieron en el monte de Oyarzun (Guipúzcoa) hace una semana, disparando al aire, el Ministerio del Interior dio la orden de completar con más personal los citados servicios.

Las nuevas órdenes se encuadran dentro de la línea marcada por el Ministerio tras la tregua. Como reveló LA GACETA el martes pasado, los agentes de la Guardia Civil han estado vigilándose entre ellos, por órdenes de Madrid, para evitar que se produzcan filtraciones de información al Partido Popular o a los medios de comunicación.

Al mismo tiempo, la relajación en la lucha antiterrorista llevó a Interior a trasladar a casi una veintena de agentes de elite del Grupo Antiterrorista Rural (GAR) de la Guardia Civil a las embajadas de Israel y del Líbano.

Tal y como informó LA GACETA el día 22 de septiembre, los guardias especializados en la lucha contra los terroristas en los montes del País Vasco han reducido plantilla.

El objetivo, explicaban agentes de la Benemérita, era fortalecer la protección en aquellos lugares más conflictivos y castigados por la guerra, como eran los mencionados países.

La Guardia Civil se encuentra en el centro de la polémica debido a su carácter de fuerza antiterrorista en el País Vasco, además de a su marcado perfil tradicionalmente relacionado con todo lo español.

Este último motivo, de hecho, es lo que ha provocado el odio por parte de todos los abertzales, y lo que ha hecho que se haya optado por ordenar quedarse en el cuartel el mayor tiempo posible.



La Ertzaintza escolta la marcha de Oñate


Al final se celebró. La marcha a favor de los presos de ETA reunió a unas 200 personas el jueves por la noche, en Oñate (Guipúzcoa). La manifestación —convocada por Gestoras pro Amnistía y promocionada por el Ayuntamiento, que la incluyó en el programa de fiestas de este año— fue denunciada ante el Departamento de Interior del Gobierno vasco por el Partido Popular (PP).

“Me parece gravísimo que el Gobierno vasco no haga nada y que el Ayuntamiento de Oñate haya tenido una colaboración tan activa en estos acontecimientos”, señala el único concejal del PP en el Consistorio, Julio Pérez de Arrilucea.

El edil entendía que la marcha era ilegal, y por eso planteó la denuncia. Argumentaba que estaba convocada por una organización ilegalizada, y que amparar la manifestación como había hecho el Ayuntamiento suponía colaborar con la exaltación del terrorismo. Por ello, solicitó ante una comisaría de la Ertzaintza que la marcha fuera impedida.

Sin embargo, consiguió el objetivo contrario. La Policía Autónoma Vasca fue, efectivamente, al municipio minutos antes del inicio de la marcha. Pero no para disuadir a los convocantes, sino para escoltarlos. No sólo permitió que el acto se celebrara, sino que estuvo junto a los abertzales para que nadie tratara de provocar altercados.

Ahora en la Audiencia
Tras los hechos, los servicios jurídicos del PP, como contó LA GACETA días antes de la manifestación, anunciaron medidas.

Según Pérez de Arrilucea, el partido interpondrá una nueva denuncia. Esta vez será ante la Audiencia Nacional y tendrá un doble objetivo.

Por un lado, denunciar la permisividad del Ayuntamiento de Oñate y tratar de aclarar sobre quién recaen las responsabilidades de lo ocurrido.

“Ahí estarán, por supuesto, los convocantes, pero también salpicarán responsabilidades sobre el equipo de gobierno, que ha anunciado los actos a través del programa de fiestas”, vaticina el edil popular.

Por otra parte, el Partido Popular del País Vasco pretende, por medio de la citada denuncia, evitar que se celebre el segundo de los actos organizados por los abertzales y previstos en el programa de fiestas patronales.

Se trata de un homenaje a los presos y refugiados etarras que nacieron en la localidad, que se celebrará, si no lo impiden las fuerzas de seguridad del Estado o de la Comunidad Autónoma vasca, el próximo sábado.



Temor a nuevos atentados


Coincidiendo con los problemas en la negociación del Gobierno con ETA, el Ejecutivo de Vitoria ha avisado a todos los escoltas de personas particulares del País Vasco de que extremen las medidas de seguridad en su trabajo. La alerta no puede obedecer a otra cosa que al temor de que la banda reanude la violencia en cualquier momento, después de tres años sin matar.
Todos los escoltas privados disponen de un teléfono móvil, por medio del cual la Consejería de Interior del Gobierno vasco se comunica con ellos. Tanto el jueves pasado como ayer, los escoltas privados han recibido mensajes de texto alertándoles sobre la necesidad de cuidar más la seguridad, la suya y la de las personas a su cargo.
En concreto, se les recuerda la conveniencia de hacer contravigilancias y cambios de itinerarios de sus protegidos.
Según informó ayer la agencia 'Ep', hace varios meses que los escoltas no recibían mensajes de la Consejería de Interior en este sentido, ya que las últimas advertencias llegaron después de que la banda terrorista declarase un alto el fuego permanente, el 22 de marzo pasado.
 
Editorial
Esconder a la Guardia Civil
NO todo vale en política, ni se justifica con buenos deseos de paz que rayan en el entreguismo. Por eso, resulta lamentable que el Gobierno se pliegue a exigencias de ETA-Batasuna, que acate una parte nada desdeñable de sus reivindicaciones y que se empeñe en dar señales de cierto optimismo frente a la tozudez de los hechos, que ya apuntan un desenlace poco feliz.

Entre las decisiones recientes que ponen de manifiesto el repliegue del Gobierno frente a ETA-Batasuna, es muy probable que el enjaulamiento de la Guardia Civil en Guipúzcoa (de lo que informa hoy ampliamente LA GACETA) sea la que produzca mayor sonrojo ajeno entre la ciudadanía. No basta con hacer la vista gorda ante los repetidos casos de terrorismo callejero. No basta con restar importancia a la aparición de supuestos etarras armados en medio de una fiesta popular. Ni con negar la evidencia cuando se está cumpliendo milimétricamente el calendario exigido por la banda terrorista. Además, el Gobierno se pliega hasta el extremo y ordena a la Guardia Civil que renuncie a su actividad ordinaria y se quede en los cuarteles.

Un dato que se hace público horas después de la cesión a otra de las exigencias históricas de los etarras: la internacionalización del mal llamado proceso de paz, con el fin de que el denominado conflicto vasco sea cuestión también de terceros países. Y resulta tragicómico, además, que el grupo socialista acuse al PP de “fanatismo y sectarismo”. Parece que vale más la abstracta solidaridad que la memoria de las víctimas del terror.

El síndrome de Estocolmo es más fuerte de lo que se podía sospechar. Basta pensar en las dificultades que el Gobierno pone a la manifestación de la AVT en Sevilla.
 

 

 

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