El descenso de la violencia,
gracias al despliegue de fuerzas de seguridad en las
calles de Mosul, me convenció para volver a casa». Son
palabras de Firass Meja, madre de una familia de
refugiados iraquíes que decidió regresar a Mosul. Su
afirmación es mucho más que una simple historia en un
país en guerra. Es un testimonio de los progresos,
lentos pero continuos, que están realizando el pueblo
iraquí y sus nuevos líderes. Debido al aumento de la
seguridad, ahora pueden imaginar un futuro de
prosperidad y libertad, posible gracias al compromiso y
la dedicación del pueblo de Irak y también a Estados
Unidos y sus socios de coalición.
Se ha escrito y dicho mucho recientemente sobre el
lugar que el presidente George W. Bush ocupará en la
Historia. Algunos predicen su condena, mientras que
otros apoyan un veredicto más positivo. Comparto el
punto de vista más favorable y creo que el modo en que
salgan las cosas en Irak tendrá mucho que ver con una
evaluación positiva por parte de la Historia.
Pero hablar de la Historia con mayúscula excede mis
posibilidades, así que me gustaría aportar al debate una
tesis centrada en un juicio más inmediato basado en
hechos y resultados: aunque la crisis económica y el
proceso electoral estadounidense han acaparado la
atención mundial, en Irak se están logrando progresos
notables y nos estamos aproximando a lo que, creo, se
puede calificar razonablemente de éxito, si no todavía
de victoria.
Nuestros progresos en Irak han sido reconocidos
incluso por los detractores del presidente. Ofrecen lo
que el diario londinense The Times denominó
recientemente «la culminación de una de las victorias
más espectaculares de la guerra contra el terror».
Es cierto, estoy convencido de que el presidente
Bush alcanzará sus objetivos para Irak: la creación de
un entorno que conduzca a un Irak libre y democrático,
que sea estable y no represente una amenaza ni para sus
vecinos ni para sus propios ciudadanos. Para
contribuir al logro de estos objetivos, el presidente
Bush estableció la política del aumento de las tropas en
Irak, aprobado en enero de 2007, que supuso el
despliegue de tropas adicionales con el compromiso
renovado de combatir el terrorismo, crear seguridad para
permitir que los ciudadanos iraquíes reanuden la vida
normal y preparar a las fuerzas iraquíes para que asuman
las operaciones de seguridad en el país. Como dijo el
presidente Bush: «Si aumentamos nuestro apoyo en este
momento crucial y ayudamos a los iraquíes a romper el
actual ciclo de violencia, podremos adelantar la fecha
en que nuestras tropas comiencen a regresar a casa».
Una señal de este éxito es el reciente acuerdo entre
Estados Unidos y el Gobierno de Irak sobre las
condiciones según las cuales las tropas de Estados
Unidos y de la coalición permanecerán y trabajarán en el
país, así como un esquema general de cómo empezarán a
retirarse tan pronto como las fuerzas iraquíes estén
preparadas para asumir la responsabilidad de la
seguridad y el orden público. Estos acuerdos sobre las
relaciones en materia de seguridad, economía, política y
diplomacia no habrían sido posibles si las condiciones
de seguridad no fueran infinitamente mejores. Los
progresos han sido posibles gracias al gran trabajo de
las fuerzas estadounidenses y de la coalición, al valor
del pueblo iraquí y a la capacidad, el compromiso y la
fortaleza cada vez mayores de las fuerzas de seguridad
iraquíes.
Las políticas de la Administración Bush para crear
seguridad y orden público han tenido como resultado los
niveles de violencia más bajos en muchos años. La
eficacia y la profesionalidad de las fuerzas de
seguridad iraquíes siguen aumentando y los incidentes de
seguridad en Irak han disminuido al nivel más bajo desde
principios de 2004. Por ejemplo, los ataques de alto
valor se han reducido un 70%, la violencia
étnico-sectaria ha descendido un 96% y las bajas civiles
han caído un 76% desde el año pasado por estas fechas.
Las operaciones lideradas con éxito por las fuerzas
de seguridad iraquíes en Basora, Mosul y Ciudad Sadr
para enfrentarse a Al Qaeda en Irak han ayudado a
mejorar la seguridad en ciudades antes plagadas de
insurgentes. A medida que las fuerzas iraquíes asumen
funciones, se retiran las fuerzas estadounidenses. Cinco
brigadas de combate, dos batallones y una unidad
expedicionaria de Infantería de Marina que Estados
Unidos había enviado como refuerzo y muchos de nuestros
socios de la coalición han dejado Irak para regresar a
casa, una retirada posible gracias al continuado aumento
de la seguridad en el país. El número de soldados
desplegados vuelve a ser el anterior al aumento y
seguirá disminuyendo.
El Gobierno de Irak se ha hecho cargo de la
reconstrucción y está trabajando para hacer frente a las
necesidades del pueblo iraquí. Desde 2003, el Gobierno
de Irak ha dedicado 85.000 millones de dólares a gastos
de reconstrucción y seguridad, y Estados Unidos 50.000
millones de dólares. Estados Unidos no ha presupuestado
fondos para grandes proyectos de reconstrucción desde
2005. El Ejecutivo iraquí sigue aumentando sus
presupuestos de manera global: un presupuesto base
seguido de una asignación complementaria aprobada por el
parlamento iraquí en agosto de este año elevó el total a
72.000 millones de dólares, un aumento significativo
desde los 41.000 millones de dólares de 2007.
Otra muestra de la creciente responsabilidad del
Gobierno de Irak ante su pueblo es que recientemente
asumió el pago del salario de aproximadamente 51.000
miembros de la milicia suní Hijos de Irak, que prestan
servicio en la zona de Bagdad. Los Ministerios de
Seguridad iraquíes están pagando más del 80% del coste
anual de las Fuerzas Armadas y la Policía según el
presupuesto de 2008.
Los líderes iraquíes están colaborando y progresando
respecto a la reconciliación política. Aunque el trabajo
aún no ha concluido, el Gobierno iraquí está
consiguiendo progresos políticos. El Consejo de
Representantes está superando las diferencias políticas
e ideológicas para trabajar por el bienestar del pueblo
iraquí y ha aprobado varias leyes, como una Ley de
pensiones, una reforma de la desbaazificación, una Ley
de Amnistía y una Ley de Poderes Provinciales. El
Parlamento iraquí aprobó una Ley de Elecciones
Provinciales, lo que permite la celebración de
elecciones provinciales en Irak antes del 31 de enero de
2009. Ahora se pueden celebrar elecciones en Irak según
un nuevo sistema que dará más voz a los iraquíes a la
hora de elegir a sus representantes.
Los países vecinos han empezado a restablecer
relaciones diplomáticas con Irak, una verdadera señal de
la progresiva reintegración del país en la región.
Kuwait, Emiratos Arabes Unidos, Bahréin, Siria, Jordania
y la Liga de Estados Arabes han nombrado embajadores en
Irak. Emiratos Arabes Unidos fue el primer país árabe
que destinó a un embajador en Bagdad y condonó a Irak el
100% de la deuda, que ascendía a 7.000 millones de
dólares aproximadamente.
Mandatarios de la región están viajando a Irak para
establecer un diálogo productivo: el primer ministro
turco, Recep Tayyip Erdogan, el rey Abdalá de Jordania,
el primer ministro de Líbano, Fuad Siniora, el ministro
de Asuntos Exteriores de Egipto, Ahmed Abul Gheit, y el
príncipe heredero de Emiratos Arabes Unidos, Mohamed bin
Zayed, han visitado Bagdad.
Las fuerzas estadounidenses, de la coalición e
iraquíes han logrado éxitos en la lucha contra los
terroristas. Los combatientes de la fuerza terrorista,
que en otro tiempo fueron más de 12.000, con bastiones
en las regiones occidental y central de Irak, se han
visto reducidos a 1.200 a lo largo de los dos últimos
años.
Estos y otros ejemplos muestran claramente que la
situación en Irak ha mejorado radicalmente y que hemos
pasado una página respecto a la violencia y los
disturbios en aquel país.
Aunque los años desde el 11-S han presentado retos,
ha sido un gran placer para mí servir a mi país y al
presidente Bush durante los últimos siete años. Nuestro
éxito en Irak es un motivo de orgullo para todos los que
formamos parte de la Administración Bush. En Irak,
derrocamos a un terrible tirano que maltrataba a sus
propios ciudadanos de maneras demasiado horribles para
ser contadas y que atacó e invadió a sus vecinos con
armas químicas y biológicas. Hoy, en su lugar, hay un
Gobierno democrático que funciona y que busca la
estabilidad interna y la armonía con sus vecinos.
Hemos ayudado al pueblo de Irak a emprender el camino
hacia la promesa de los muchos beneficios que el
Gobierno democrático aportará a sus derechos humanos y
civiles. Para mí, es un logro sumamente significativo y
positivo.
Se dice que los periódicos escriben la primera
versión de la Historia. Creo que ese primer borrador
debe reconocer el notable éxito del presidente Bush para
dar estabilidad y reducir la violencia en Irak. Incluso
el presidente electo, Barack Obama, que no ha sido un
partidario de las políticas del presidente Bush, lo ha
reconocido: «Creo que el aumento de las tropas ha tenido
un éxito que ha superado las expectativas.... Ha tenido
éxito más allá de lo que jamás habríamos soñado».
Más allá de borradores y de sueños, el nuevo Irak
ofrece a su pueblo un futuro mejor. Narmeen Haso, otra
refugiada iraquí que ha vuelto a casa, explicó la
situación en términos muy sencillos: «Mi marido es
taxista. Si seguimos siendo refugiados, terminaremos
consumiendo todos nuestros recursos. Volvemos a Mosul
para trabajar». Las políticas de George W. Bush han
creado un entorno que permite que los iraquíes vuelvan a
su casa, vuelvan a su trabajo y construyan juntos un
Irak nuevo, democrático y seguro.
Eduardo Aguirre es embajador de EEUU en España.