El presidente del Gobierno, José
Luis Rodríguez Zapatero, se comprometió, en abril de
2006, en el curso de una entrevista con el director de
EL MUNDO, a salvaguardar los derechos lingüísticos de
los ciudadanos y a actuar en el caso de que fueran
vulnerados.
«Tengo que garantizar
como legislador estatal, y como Gobierno central que los
ciudadanos tengan cauces jurídicos de reacción y de
defensa ante el incumplimiento de unas leyes que
atesoran, nunca mejor dicho, derechos como el
lingüístico. Desde luego estoy comprometido a ello.
Nuestra percepción es que hay pocos casos, pero desde
luego, aunque haya sólo uno hay que intervenir», dijo el
presidente.
El pasado 13 de enero, y en una nueva entrevista
publicada en este diario, Zapatero preguntaba a Pedro J.
Ramírez: «¿Puede usted poner encima de la mesa alguna
sentencia que diga que algún ciudadano ha visto
vulnerado su derecho a educar a sus hijos conforme a los
criterios de la Constitución?».
Durante las últimas tres semanas, este diario ha
servido de altavoz a las víctimas de la inmersión
lingüística. Una veintena de historias personales, con
procedencia diversa, a las que la edición de hoy suma 11
testimonios más, como muestra de una problemática real
que pasa, con mucho, de la excepción.
Antes de ofrecer su denuncia en este diario, todos
intentaron solucionar su situación por la vía del
diálogo con los centros escolares. Muchos han mandado
requerimientos a las diversas Consejerías de Educación
de cada comunidad y algunos han recurrido a la Justicia.
Los hay que ni siquiera eran conscientes de la
gravedad de la situación hasta que detectaron que sus
hijos no eran capaces de mantener una conversación en
castellano con familiares venidos de otras comunidades.
A la espera de que cambien las cosas, los que aún no
encuentran solución han tomado la iniciativa de ayudar a
sus niños desde casa. Repasar lo explicado en las clases
con libros en castellano adquiridos en otras
comunidades, o contratar un traductor para hacer los
deberes, son algunas de las medidas para evitar el
fracaso escolar. La opción de cambiar de comunidad
también es recurrente entre los afectados. Emigrar y
empezar una nueva vida.
El que sigue es el resumen de las denuncias de
aquellos padres residentes en Cataluña, País Vasco, la
Comunidad Valenciana, Galicia o Baleares, que han dado
un paso adelante en nuestras páginas para reclamar el
derecho a escolarizar a sus hijos en castellano.
MONTSERRAT ROJAS / Sant Andreu de Llavaneres
(Barcelona)
«Tras la guardería, mi hija rehuía hablar en español.
Le daba vergüenza»
Dos años después de su ingreso en la guardería, la
hija de Montserrat Rojas eludía hablar castellano. Un
día vinieron de visita sus abuelos de Córdoba, y no se
entendían con la niña. Sus padres trataron de reconducir
la situación y pidieron en el colegio público donde va
la menor la enseñanza en castellano. Les concedieron la
enseñanza personalizada. «Sé que no va a servir de
mucho.No hay libros en castellano», se lamentaba
Montserrat. Para ella, la solución es una escuela
bilingüe. «No perjudicaría a nadie».
FRANCISCO LOPEZ / Vilanova i la Geltrú (Barcelona)
«Mi hijo mimetizaba las actitudes despóticas de sus
profesores»
La familia de Francisco López comenzó a preocuparse
seriamente cuando su hijo, de nueve años, se negó a
hablar durante un viaje familiar por Extremadura y
Andalucía. Si alguien se dirigía a él, cuenta su padre,
«decía en catalán que no le entendía y me preguntaba a
mí qué es lo que habían dicho». El menor repetía la
respuesta que obtenía de sus profesores cuando hablaba
en castellano en clase o en el recreo. «Sólo se les
inculca su pertenencia a Cataluña. Y eso cala»,
argumentaba Francisco López.
MARINA GALA / Tarragona
«No reconocen que se les enseña en una lengua, cuando
piensan en otra»
Marina presentó, en 2006, seis demandas judiciales
contra la Consejería de Educación de la Generalitat.
Exigía la enseñanza en castellano para sus hijos en edad
escolar. A la espera de las sentencias, ha logrado la
atención personalizada en español para los de 1º y 2º de
Primaria. «Una estafa», dice. Pero lo que más le
preocupa es su hijo autista de seis años. La neuróloga
le dijo que el niño debía ser educado en castellano. Si
ya le cuesta hablar en su idioma materno, la dificultad
en catalán «es enorme», explicó Marina.
RICARDO RAMIREZ / Guecho (Vizcaya)
«Suplico que no me dejen al margen de la educación de
mis hijos»
Ricardo Ramírez y su mujer tienen miedo de quedar
apartados de la formación de sus tres hijos. El curso
que viene está previsto que el colegio al que acuden
pase del modelo A (castellano) al B (mixto euskara-castellano).
Ricardo es mexicano y sólo su mujer habla un poco de
euskara. «No vamos a poderlos ayudar», se lamenta él.
Está a favor de que sus hijos aprendan euskara, pero le
preocupa que se resienta el nivel de castellano de sus
hijos. «No deseo que se limiten al euskara», denuncia
ocultando su imagen.
LUIS FRAGUEIRO / Vigo
«El castellano ha quedado relegado como un idioma
extranjero»
Ha recogido firmas contra la imposición del gallego,
pero, este curso, sólo dos de las asignaturas que cursa
su hija, de 12 años, escapan a este idioma. Luis
Fragueiro pulsa cada día desde la barra del bar donde
trabaja las protestas contra la política de la Xunta.
Cree que la imposición del gallego perjudica a su hija
porque reduce el tiempo del inglés en la escuela y
provoca problemas de entendimiento en los niños. «No
quiero que vaya a la escuela para que le impongan una
lengua y una ideología.Va a aprender», dice.
JOSE SALGADO / Orense
«Con la imposición lingüística han logrado que mi
hijo odie el gallego»
Con 10 años, José Salgado tuvo que aguantar las mofas
de sus compañeros de internado porque apenas sabía
castellano. Entonces, durante la dictadura, su lengua
materna, el gallego, apenas se utilizaba en los
colegios. José aprendió castellano, pero la vida le
depararía aún una sorpresa más. Hoy su hijo, de 10 años,
tiene problemas en la escuela. No domina el gallego, la
lengua en la que se imparten la mayoría de asignaturas.
Han cambiado las tornas. «Conseguirán que esta
generación rechace el idioma», dice José.
MARGARITA LEIS / Vigo
«Agudizamos el ingenio para evitar la imposición
lingüística del gallego»
Cada día, Margarita Leis repasa en castellano la
lección con sus hijos en casa. Es necesario, porque las
clases son en gallego.También los libros. Para hacerlo,
compra las versiones en español fuera de la comunidad.
Este mes, cansada de esta incoherencia, mandó a su hijo
al colegio con los libros en castellano. «Dile a tu
madre que se ha equivocado», le dijo la profesora al
menor, de nueve años. «Siento vulnerados mis derechos y
los de mis hijos porque no tenemos poder sobre su
educación», se lamenta.
NURIA BONAMUSA / Vigo
«Mi hijo se va de Galicia en verano para mejorar su
castellano»
El hijo de Nuria Bonamusa, de 10 años, rechaza el
gallego «porque lo siente como una imposición». Su madre
le ayuda en casa, pero no puede pagar los «650 euros al
mes» que cuesta un colegio donde el decreto de
galleguización se aplica de una manera más flexible.El
problema de fondo, denuncia Nuria, es la política de la
Xunta.«Las inspecciones para indagar en qué idioma se
dan las clases son muy frecuentes» y «las amenazas de
retirada de ayudas y el cierre» provocan «mucho miedo en
los colegios».
EVA KRISTINA SALVADOR / Barcelona
«No seré testigo del martirio de mi hijo por no
gustarle el catalán»
La única solución que ve Eva para su familia es
«irnos a otro lugar». El hijo de esta barcelonesa,
Jairo, de cinco años, no ha sido capaz de adaptarse al
catalán desde que entró en párvulos.Eva lo educó en
castellano y, ahora, los especialistas relacionan los
problemas del niño con el habla con esta decisión. En
las ocho horas diarias que Jairo pasa en la escuela,
nadie se dirige a él en español. Eva dice que el fracaso
en la catalanización es un problema habitual. «Las salas
de espera de logopedas y psicólogos están repletas».
LUCIA FELIU / Calvià (Mallorca)
«Pago 700 euros al mes por un colegio con dos horas
de castellano»
Lucía Feliú, madre separada, tuvo que recurrir a su
familia para poder hacer frente al coste mensual de un
colegio donde su hija, de cuatro años, recibiera dos
asignaturas en castellano. Cualquier cosa para evitar el
sufrimiento de la niña. «Le preguntaba qué tal iba el
colegio y ella me contestaba, triste, que le hablaban
raro, que no entendía». En el centro Son Caliu, donde
acudía hasta entonces la menor, Lucía había pedido que,
a veces, los profesores hablaran en castellano a la
niña. «Era imposible», le dijo la directora.
BELEN ALVAREZ SOAJE / Vigo
«Fusilaron a mi abuelo galleguista y a mis hijos les
imponen el gallego»
Belén Alvarez se vio obligada a cambiar de colegio a
sus dos hijos mayores, de 12 y nueve años, porque en el
centro concertado al que acudían sólo se impartían dos
asignaturas en español: Religión e Inglés. Paradojas de
la vida, su abuelo fue fusilado por los franquistas en
1936 por ser «de izquierdas, ateo y gallegohablante».Recordando
su figura, relataba: «Si me viese luchando para pensar
en libertad sin que nadie me ordene en qué idioma tengo
que expresar esa libertad, estaría cuanto menos
orgulloso».
SANTIAGO VENDRELL / Barcelona
«Mis hijos me miran como a un marciano cuando hablo
en español»
Santiago Vendrell tiene tres hijos; de seis, cuatro y
tres años.Los dos mayores no pueden mantener un diálogo
en español. «Les resulta incómodo» expresarse en un
idioma diferente al que usan en la escuela. Preocupado,
pidió al centro la educación en ambas lenguas, pero sólo
le ofrecieron la atención personalizada en castellano,
una solución que no le convence. Por ello, Santiago ha
empezado a potenciar el uso del español en su hogar. «Si
no pueden aprenderlo en el colegio tendrán que hacerlo
aquí», comenta.
FELICIANO SANCHEZ / Barcelona
«He recurrido a la Justicia para reclamar el español
para mis hijos»
Feliciano Sánchez, primero mantuvo conversaciones con
los colegios de sus hijos; después, presentó un
requerimiento a los centros y ante la propia Consejería
de Educación y, como última alternativa, recurrió a los
tribunales. Su objetivo: reclamar que el castellano se
aplicará «como idioma vehicular de forma proporcional y
equitativa en relación al catalán». Dos años después,
aún espera una sentencia del Tribunal Superior de
Justicia de Cataluña en uno u otro sentido.Se siente
indefenso porque, como no hay resolución, «los cursos
pasan, los niños crecen y no sabemos nada».
IGNACIO MARURI / Bayona (Pontevedra)
«La supresión del español empobrece el vocabulario de
mis hijos»
Ignacio Maruri no estaba dispuesto a que el curso
pasado sus hijos recibieran las materias troncales en
gallego y sólo Gimnasia, Manualidades, Religión e
Inglés, en castellano. Así que se quejó por escrito en
una carta que secundó el 90% de los padres de alumnos
del centro al que acudían sus hijos. Nunca tuvo
respuesta.Antes de la entrada en vigor del decreto de
uso y promoción lingüística del gallego, las clases se
impartían indistintamente en los dos idiomas. «Hasta
ahora, en Galicia no teníamos este tipo de
conflictos.Cada uno hablaba con libertad», dice. Este
año decidió trasladar a los niños a otro centro.
JAIME SAMBEAT / Benicarló (Castellón)
«Me fui de Barcelona por el catalán y aquí sólo les
enseñan en valenciano»
Jaime Sambeat vendió su piso en Barcelona, pidió el
traslado en el trabajo y se mudó a Castellón con su
familia. Quería escolarizar a sus hijos en castellano y
allí no había posibilidad. Pero en Benicarló le esperaba
una sorpresa: tampoco había centros con línea de
enseñanza en español. El director del colegio donde
matriculó a sus hijos llegó a aconsejarle que se «fuera
a Cuenca» si quería asegurarse la educación en
castellano. Pero Jaime no puede. Ha tenido que dejar a
su familia y volver a Barcelona para trabajar. Pese a
todo, asegura que seguirá reclamando su derecho a «usar
nuestra lengua».
CARMEN QUIÑONES / Lugo
«Pago una traductora para que explique a mi hija la
Física y las Matemáticas»
Aun dominando el gallego, a Carmen Quiñones le era
imposible traducir algunos de los términos que los
libros y los profesores utilizaban en las clases de sus
dos hijos. «Es imposible seguir los cambios que están
haciendo en el idioma», justifica. Pero no ha querido
dejar de lado la educación de sus hijos, así que ha
optado por contratar a dos personas que, por 200 euros
al mes, se ocupan de este trabajo. «Yo optaría por una
educación en español con las asignaturas de gallego e
inglés», expone.Y concluye: «Las lenguas han de servir
para enriquecernos y la imposición del gallego nos
empobrece».
ISABEL ARACIL / Biar (Alicante)
«Hay que censarse en otro pueblo para que estudien en
español»
Cuando Isabel heredó una propiedad en Biar (Alicante)
y se mudó con su familia, no podía «ni sospechar que no
se pudiera escolarizar a un niño en español». En
Primaria, tuvieron que elegir si su hijo cursaba todas
las materias en valenciano o el programa de inmersión
gradual. La posibilidad del castellano no existía,
porque su pueblo está en una zona que la Administración
ha incluido en el mapa lingüístico del valenciano. Sólo
les quedaba una opción, empadronarse en Villena, a siete
kilómetros, y llevar allí al niño al centro. No han dado
el paso, pero en Secundaria, dicen, se verán obligados a
hacerlo.
SARA BURGOS / Barcelona
«Si un niño pide pan, agua o pis en castellano, hay
que ignorarlo»
Según los superiores de Sara Burgos en el Colegio
Gayarre del barrio de Sans, en Barcelona, los niños que
utilizaran el castellano para dirigirse a ella en el
comedor en el que trabajaba como monitora debían ser
ignorados. Habían estado estudiando su trabajo y
detectaron que se dirigía a algunos niños en castellano,
así que le reprendieron. Sara, sin embargo, se negó a
cambiar su forma de actuar. Después de la publicación de
su testimonio en EL MUNDO, y pese a tener apalabrado un
nuevo contrato con la empresa externa en la que
trabajaba, Sara fue avisada de que , finalmente, no le
renovarían el contrato.
ENRIQUE LOPEZ / Mollet del Vallés (Barcelona)
«Para el director del colegio, Educación Física era
la clase de español»
El 27 de enero de 2006 el TSJ de Cataluña ordenó al
colegio público Feliu i Vegues, de Badalona, a impartir
todas las asignaturas en castellano al hijo de Enrique
López. Hasta entonces, no recibía ninguna hora de clase
de español, pese a que le correspondían cuatro. El
director del centro se justificaba aludiendo a que la
Gimnasia «la daban en castellano», recuerda Enrique.
Aunque el niño contó, desde entonces, con atención
individualizada en castellano, las clases siguieron
siendo en catalán. Había ganado una batalla, pero
perdido la guerra. Hoy sufre el mismo problema en otro
colegio.
JORGE SEIJO / Arteixo (La Coruña)
«A mi hija le imparten en gallego hasta las clases de
inglés»
La hija de Jorge Seijo recibe todas las clases en
gallego, menos la de Lengua Española, de la que disfruta
tres horas a la semana.Incluso la asignatura de inglés,
que estudia con el material escolar en este idioma. El
gallego cada vez obtiene más protagonismo en detrimento
del castellano. Jorge aún recuerda cuando el colegio
rechazó el trabajo de Navidad de su hija por incluir
frases en español. Pese a todo, acepta que su hija
aprenda gallego como asignatura, pero advierte de que
«de ahí, a que sea la única lengua de su cultura y que
los conceptos en español se los tengamos que enseñar en
casa, va un abismo».