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 Domingo, 28 de septiembre de 2008. Año: XVIII. Numero: 6859.
ESPAÑA
 
PROHIBIDO ESTUDIAR EN ESPAÑOL / Las víctimas de la inmersión lingüística
Los ejemplos de la discriminación lingüística que pedía Zapatero
«Aunque haya un solo caso (de padres que no puedan educar a sus hijos en castellano) hay que intervenir», aseguró el presidente del Gobierno al director de EL MUNDO en abril de 2006

MADRID.- El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se comprometió, en abril de 2006, en el curso de una entrevista con el director de EL MUNDO, a salvaguardar los derechos lingüísticos de los ciudadanos y a actuar en el caso de que fueran vulnerados.

«Tengo que garantizar como legislador estatal, y como Gobierno central que los ciudadanos tengan cauces jurídicos de reacción y de defensa ante el incumplimiento de unas leyes que atesoran, nunca mejor dicho, derechos como el lingüístico. Desde luego estoy comprometido a ello. Nuestra percepción es que hay pocos casos, pero desde luego, aunque haya sólo uno hay que intervenir», dijo el presidente.

El pasado 13 de enero, y en una nueva entrevista publicada en este diario, Zapatero preguntaba a Pedro J. Ramírez: «¿Puede usted poner encima de la mesa alguna sentencia que diga que algún ciudadano ha visto vulnerado su derecho a educar a sus hijos conforme a los criterios de la Constitución?».

Durante las últimas tres semanas, este diario ha servido de altavoz a las víctimas de la inmersión lingüística. Una veintena de historias personales, con procedencia diversa, a las que la edición de hoy suma 11 testimonios más, como muestra de una problemática real que pasa, con mucho, de la excepción.

Antes de ofrecer su denuncia en este diario, todos intentaron solucionar su situación por la vía del diálogo con los centros escolares. Muchos han mandado requerimientos a las diversas Consejerías de Educación de cada comunidad y algunos han recurrido a la Justicia.

Los hay que ni siquiera eran conscientes de la gravedad de la situación hasta que detectaron que sus hijos no eran capaces de mantener una conversación en castellano con familiares venidos de otras comunidades.

A la espera de que cambien las cosas, los que aún no encuentran solución han tomado la iniciativa de ayudar a sus niños desde casa. Repasar lo explicado en las clases con libros en castellano adquiridos en otras comunidades, o contratar un traductor para hacer los deberes, son algunas de las medidas para evitar el fracaso escolar. La opción de cambiar de comunidad también es recurrente entre los afectados. Emigrar y empezar una nueva vida.

El que sigue es el resumen de las denuncias de aquellos padres residentes en Cataluña, País Vasco, la Comunidad Valenciana, Galicia o Baleares, que han dado un paso adelante en nuestras páginas para reclamar el derecho a escolarizar a sus hijos en castellano.

MONTSERRAT ROJAS / Sant Andreu de Llavaneres (Barcelona)

«Tras la guardería, mi hija rehuía hablar en español. Le daba vergüenza»

Dos años después de su ingreso en la guardería, la hija de Montserrat Rojas eludía hablar castellano. Un día vinieron de visita sus abuelos de Córdoba, y no se entendían con la niña. Sus padres trataron de reconducir la situación y pidieron en el colegio público donde va la menor la enseñanza en castellano. Les concedieron la enseñanza personalizada. «Sé que no va a servir de mucho.No hay libros en castellano», se lamentaba Montserrat. Para ella, la solución es una escuela bilingüe. «No perjudicaría a nadie».

FRANCISCO LOPEZ / Vilanova i la Geltrú (Barcelona)

«Mi hijo mimetizaba las actitudes despóticas de sus profesores»

La familia de Francisco López comenzó a preocuparse seriamente cuando su hijo, de nueve años, se negó a hablar durante un viaje familiar por Extremadura y Andalucía. Si alguien se dirigía a él, cuenta su padre, «decía en catalán que no le entendía y me preguntaba a mí qué es lo que habían dicho». El menor repetía la respuesta que obtenía de sus profesores cuando hablaba en castellano en clase o en el recreo. «Sólo se les inculca su pertenencia a Cataluña. Y eso cala», argumentaba Francisco López.

MARINA GALA / Tarragona

«No reconocen que se les enseña en una lengua, cuando piensan en otra»

Marina presentó, en 2006, seis demandas judiciales contra la Consejería de Educación de la Generalitat. Exigía la enseñanza en castellano para sus hijos en edad escolar. A la espera de las sentencias, ha logrado la atención personalizada en español para los de 1º y 2º de Primaria. «Una estafa», dice. Pero lo que más le preocupa es su hijo autista de seis años. La neuróloga le dijo que el niño debía ser educado en castellano. Si ya le cuesta hablar en su idioma materno, la dificultad en catalán «es enorme», explicó Marina.

RICARDO RAMIREZ / Guecho (Vizcaya)

«Suplico que no me dejen al margen de la educación de mis hijos»

Ricardo Ramírez y su mujer tienen miedo de quedar apartados de la formación de sus tres hijos. El curso que viene está previsto que el colegio al que acuden pase del modelo A (castellano) al B (mixto euskara-castellano). Ricardo es mexicano y sólo su mujer habla un poco de euskara. «No vamos a poderlos ayudar», se lamenta él. Está a favor de que sus hijos aprendan euskara, pero le preocupa que se resienta el nivel de castellano de sus hijos. «No deseo que se limiten al euskara», denuncia ocultando su imagen.

LUIS FRAGUEIRO / Vigo

«El castellano ha quedado relegado como un idioma extranjero»

Ha recogido firmas contra la imposición del gallego, pero, este curso, sólo dos de las asignaturas que cursa su hija, de 12 años, escapan a este idioma. Luis Fragueiro pulsa cada día desde la barra del bar donde trabaja las protestas contra la política de la Xunta. Cree que la imposición del gallego perjudica a su hija porque reduce el tiempo del inglés en la escuela y provoca problemas de entendimiento en los niños. «No quiero que vaya a la escuela para que le impongan una lengua y una ideología.Va a aprender», dice.

JOSE SALGADO / Orense

«Con la imposición lingüística han logrado que mi hijo odie el gallego»

Con 10 años, José Salgado tuvo que aguantar las mofas de sus compañeros de internado porque apenas sabía castellano. Entonces, durante la dictadura, su lengua materna, el gallego, apenas se utilizaba en los colegios. José aprendió castellano, pero la vida le depararía aún una sorpresa más. Hoy su hijo, de 10 años, tiene problemas en la escuela. No domina el gallego, la lengua en la que se imparten la mayoría de asignaturas. Han cambiado las tornas. «Conseguirán que esta generación rechace el idioma», dice José.

MARGARITA LEIS / Vigo

«Agudizamos el ingenio para evitar la imposición lingüística del gallego»

Cada día, Margarita Leis repasa en castellano la lección con sus hijos en casa. Es necesario, porque las clases son en gallego.También los libros. Para hacerlo, compra las versiones en español fuera de la comunidad. Este mes, cansada de esta incoherencia, mandó a su hijo al colegio con los libros en castellano. «Dile a tu madre que se ha equivocado», le dijo la profesora al menor, de nueve años. «Siento vulnerados mis derechos y los de mis hijos porque no tenemos poder sobre su educación», se lamenta.

NURIA BONAMUSA / Vigo

«Mi hijo se va de Galicia en verano para mejorar su castellano»

El hijo de Nuria Bonamusa, de 10 años, rechaza el gallego «porque lo siente como una imposición». Su madre le ayuda en casa, pero no puede pagar los «650 euros al mes» que cuesta un colegio donde el decreto de galleguización se aplica de una manera más flexible.El problema de fondo, denuncia Nuria, es la política de la Xunta.«Las inspecciones para indagar en qué idioma se dan las clases son muy frecuentes» y «las amenazas de retirada de ayudas y el cierre» provocan «mucho miedo en los colegios».

EVA KRISTINA SALVADOR / Barcelona

«No seré testigo del martirio de mi hijo por no gustarle el catalán»

La única solución que ve Eva para su familia es «irnos a otro lugar». El hijo de esta barcelonesa, Jairo, de cinco años, no ha sido capaz de adaptarse al catalán desde que entró en párvulos.Eva lo educó en castellano y, ahora, los especialistas relacionan los problemas del niño con el habla con esta decisión. En las ocho horas diarias que Jairo pasa en la escuela, nadie se dirige a él en español. Eva dice que el fracaso en la catalanización es un problema habitual. «Las salas de espera de logopedas y psicólogos están repletas».

LUCIA FELIU / Calvià (Mallorca)

«Pago 700 euros al mes por un colegio con dos horas de castellano»

Lucía Feliú, madre separada, tuvo que recurrir a su familia para poder hacer frente al coste mensual de un colegio donde su hija, de cuatro años, recibiera dos asignaturas en castellano. Cualquier cosa para evitar el sufrimiento de la niña. «Le preguntaba qué tal iba el colegio y ella me contestaba, triste, que le hablaban raro, que no entendía». En el centro Son Caliu, donde acudía hasta entonces la menor, Lucía había pedido que, a veces, los profesores hablaran en castellano a la niña. «Era imposible», le dijo la directora.

BELEN ALVAREZ SOAJE / Vigo

«Fusilaron a mi abuelo galleguista y a mis hijos les imponen el gallego»

Belén Alvarez se vio obligada a cambiar de colegio a sus dos hijos mayores, de 12 y nueve años, porque en el centro concertado al que acudían sólo se impartían dos asignaturas en español: Religión e Inglés. Paradojas de la vida, su abuelo fue fusilado por los franquistas en 1936 por ser «de izquierdas, ateo y gallegohablante».Recordando su figura, relataba: «Si me viese luchando para pensar en libertad sin que nadie me ordene en qué idioma tengo que expresar esa libertad, estaría cuanto menos orgulloso».

SANTIAGO VENDRELL / Barcelona

«Mis hijos me miran como a un marciano cuando hablo en español»

Santiago Vendrell tiene tres hijos; de seis, cuatro y tres años.Los dos mayores no pueden mantener un diálogo en español. «Les resulta incómodo» expresarse en un idioma diferente al que usan en la escuela. Preocupado, pidió al centro la educación en ambas lenguas, pero sólo le ofrecieron la atención personalizada en castellano, una solución que no le convence. Por ello, Santiago ha empezado a potenciar el uso del español en su hogar. «Si no pueden aprenderlo en el colegio tendrán que hacerlo aquí», comenta.

FELICIANO SANCHEZ / Barcelona

«He recurrido a la Justicia para reclamar el español para mis hijos»

Feliciano Sánchez, primero mantuvo conversaciones con los colegios de sus hijos; después, presentó un requerimiento a los centros y ante la propia Consejería de Educación y, como última alternativa, recurrió a los tribunales. Su objetivo: reclamar que el castellano se aplicará «como idioma vehicular de forma proporcional y equitativa en relación al catalán». Dos años después, aún espera una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en uno u otro sentido.Se siente indefenso porque, como no hay resolución, «los cursos pasan, los niños crecen y no sabemos nada».

IGNACIO MARURI / Bayona (Pontevedra)

«La supresión del español empobrece el vocabulario de mis hijos»

Ignacio Maruri no estaba dispuesto a que el curso pasado sus hijos recibieran las materias troncales en gallego y sólo Gimnasia, Manualidades, Religión e Inglés, en castellano. Así que se quejó por escrito en una carta que secundó el 90% de los padres de alumnos del centro al que acudían sus hijos. Nunca tuvo respuesta.Antes de la entrada en vigor del decreto de uso y promoción lingüística del gallego, las clases se impartían indistintamente en los dos idiomas. «Hasta ahora, en Galicia no teníamos este tipo de conflictos.Cada uno hablaba con libertad», dice. Este año decidió trasladar a los niños a otro centro.

JAIME SAMBEAT / Benicarló (Castellón)

«Me fui de Barcelona por el catalán y aquí sólo les enseñan en valenciano»

Jaime Sambeat vendió su piso en Barcelona, pidió el traslado en el trabajo y se mudó a Castellón con su familia. Quería escolarizar a sus hijos en castellano y allí no había posibilidad. Pero en Benicarló le esperaba una sorpresa: tampoco había centros con línea de enseñanza en español. El director del colegio donde matriculó a sus hijos llegó a aconsejarle que se «fuera a Cuenca» si quería asegurarse la educación en castellano. Pero Jaime no puede. Ha tenido que dejar a su familia y volver a Barcelona para trabajar. Pese a todo, asegura que seguirá reclamando su derecho a «usar nuestra lengua».

CARMEN QUIÑONES / Lugo

«Pago una traductora para que explique a mi hija la Física y las Matemáticas»

Aun dominando el gallego, a Carmen Quiñones le era imposible traducir algunos de los términos que los libros y los profesores utilizaban en las clases de sus dos hijos. «Es imposible seguir los cambios que están haciendo en el idioma», justifica. Pero no ha querido dejar de lado la educación de sus hijos, así que ha optado por contratar a dos personas que, por 200 euros al mes, se ocupan de este trabajo. «Yo optaría por una educación en español con las asignaturas de gallego e inglés», expone.Y concluye: «Las lenguas han de servir para enriquecernos y la imposición del gallego nos empobrece».

ISABEL ARACIL / Biar (Alicante)

«Hay que censarse en otro pueblo para que estudien en español»

Cuando Isabel heredó una propiedad en Biar (Alicante) y se mudó con su familia, no podía «ni sospechar que no se pudiera escolarizar a un niño en español». En Primaria, tuvieron que elegir si su hijo cursaba todas las materias en valenciano o el programa de inmersión gradual. La posibilidad del castellano no existía, porque su pueblo está en una zona que la Administración ha incluido en el mapa lingüístico del valenciano. Sólo les quedaba una opción, empadronarse en Villena, a siete kilómetros, y llevar allí al niño al centro. No han dado el paso, pero en Secundaria, dicen, se verán obligados a hacerlo.

SARA BURGOS / Barcelona

«Si un niño pide pan, agua o pis en castellano, hay que ignorarlo»

Según los superiores de Sara Burgos en el Colegio Gayarre del barrio de Sans, en Barcelona, los niños que utilizaran el castellano para dirigirse a ella en el comedor en el que trabajaba como monitora debían ser ignorados. Habían estado estudiando su trabajo y detectaron que se dirigía a algunos niños en castellano, así que le reprendieron. Sara, sin embargo, se negó a cambiar su forma de actuar. Después de la publicación de su testimonio en EL MUNDO, y pese a tener apalabrado un nuevo contrato con la empresa externa en la que trabajaba, Sara fue avisada de que , finalmente, no le renovarían el contrato.

ENRIQUE LOPEZ / Mollet del Vallés (Barcelona)

«Para el director del colegio, Educación Física era la clase de español»

El 27 de enero de 2006 el TSJ de Cataluña ordenó al colegio público Feliu i Vegues, de Badalona, a impartir todas las asignaturas en castellano al hijo de Enrique López. Hasta entonces, no recibía ninguna hora de clase de español, pese a que le correspondían cuatro. El director del centro se justificaba aludiendo a que la Gimnasia «la daban en castellano», recuerda Enrique. Aunque el niño contó, desde entonces, con atención individualizada en castellano, las clases siguieron siendo en catalán. Había ganado una batalla, pero perdido la guerra. Hoy sufre el mismo problema en otro colegio.

JORGE SEIJO / Arteixo (La Coruña)

«A mi hija le imparten en gallego hasta las clases de inglés»

La hija de Jorge Seijo recibe todas las clases en gallego, menos la de Lengua Española, de la que disfruta tres horas a la semana.Incluso la asignatura de inglés, que estudia con el material escolar en este idioma. El gallego cada vez obtiene más protagonismo en detrimento del castellano. Jorge aún recuerda cuando el colegio rechazó el trabajo de Navidad de su hija por incluir frases en español. Pese a todo, acepta que su hija aprenda gallego como asignatura, pero advierte de que «de ahí, a que sea la única lengua de su cultura y que los conceptos en español se los tengamos que enseñar en casa, va un abismo».

 © Mundinteractivos, S.A.
 

 

 
 
 
 

 

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