La problemática derivada de la
inmersión lingüística no es una anécdota, sino un
problema general, con nombres y apellidos.EL MUNDO ha
rescatado sólo una muestra de la multitud de personas
que han decidido dar un paso adelante y levantar la voz
contra la imposición. La lista de afectados es
interminable. Los testimonios que siguen son la prueba
de ello.
ANTONIO BUADES /
Palma de Mallorca / Tres hijas (5, 7 y 10 años) . «Mi
hija mayor acu de a un centro concertado, donde todas
las materias son en catalán. A las menores las cambié al
colegio Agora Portals, que se definía como bilingüe
español-inglés. Al final, están obligados a incluir un
tercio de la enseñanza en catalán. Ni pagando 1.000
euros al mes por cada niña he conseguido quitarles el
catalán de encima».
ANGEL LOUREIRO / Orense / Una hija (14 años).
«Aunque la mayoría de los padres del colegio de las
Carmelitas de mi hija desearía que la enseñanza fuera en
castellano, la Xunta no nos permite elegir. Todas las
materias troncales se imparten en gallego.Ya no quedan
libros en castellano. El español es el idioma
mayoritario en nuestra región. Por eso, reclamamos que
la lengua en la enseñanza sea adoptada como una decisión
libre y no como una imposición».
JAIME RIBOT / Barcelona / Cuatro hijos (4, 6, 8 y
13 años).«He hablado siempre en catalán con mis padres.
Mis hijos hablan más y mejor en ese idioma que Montilla.
Por lo tanto, tienen el nivel suficiente para presidir
la Generalitat. No puedo escolarizarlos en español, que
es mi deseo. Una de mis hijas ha aprendido en clase
hasta el nombre de los consejeros de la Generalitat,
pero no dónde está Sevilla. A los que demandamos el
español, los nacionalistas nos mandan a Madrid, como a
los judíos los metían en el gueto de Varsovia».
ANA CARBALLO / Vigo / Tres hijos (8, 14 y 16
años). «En el colegio concertado al que van mis hijos
las asignaturas troncales se imparten en gallego. La
Xunta está haciendo un daño enorme a nuestros hijos. La
gente del resto de España ignora lo que nos está
pasando. Incluso mis hermanos, que viven en Madrid, no
son conscientes del problema. Mi ira se dirige al
Ministerio de Educación, que ha renunciado a la
aspiración de una enseñanza de calidad».
CONSUELO SANTOS / Sabadell (Barcelona) / Una hija
(6 años).«Llevé a mi hija a una guardería privada y sólo
le hablaban en catalán. Después, estuvo en un colegio
religioso y la situación fue idéntica. La culpa es de la
Generalitat. Puse una demanda contra la Consejería de
Educación en el Tribunal Superior de Justicia de
Cataluña. Aún no tengo sentencia, ni tampoco mucha
confianza en el resultado».
SERGIO RODRIGUEZ / Palma de Mallorca / Dos hijos
(2 y 20 años).«Para mi hija pequeña estoy buscando un
parvulario donde pueda tener el mayor número de horas en
castellano. No encuentro nada, ni siquiera pagando. A lo
sumo existen colegios privados carísimos donde imparten
la Gimnasia, la Religión y las manualidades en
castellano. Me va a salir más caro el parvulario de mi
hija que la carrera universitaria de mi hijo».
PEDRO LARRAURI / Vigo / Dos hijas (3 y 5 años).
«Una de mis hijas, que acude a un centro concertado, nos
decía temerosa que lo entendía todo en clase cuando le
hablaban en gallego. Enfermó su profesora y la sustituyó
una chica que se dirigía a ellos en castellano. Un día
nos dijo bajando la voz: 'Ahora sí lo entiendo'.Va a
comenzar a leer y escribir y esto le va a ocasionar unos
problemas tremendos. El gallego no tiene tiempos
compuestos y esta carencia la va a extender al español».
JOSE MIGUEL VELASCO / El Prat de Llobregat
(Barcelona) / Dos hijos (12 y 18 años) . «Solicité el
español en la guardería y me miraron como a un bicho
raro. En Primaria asistí a la transformación del
bilingüismo en un monolingüismo en catalán. Mis hijos
van a las Escuelas Pías de Barcelona. Todas las materias
y libros son en catalán y se centran en contenidos
locales sin hacer referencia al resto de España.
Desearía una educación bilingüe donde el catalán no
fuera el ariete del nacionalismo para crear un país
diferenciado».
MANUEL CUEVAS / Tarrasa (Barcelona) / Una hija (11
años). «Cuando mi hija tenía seis años descubrí que en
el colegio público al que iba sólo impartían 45 minutos
semanales en castellano. La directora me dijo que
estábamos en un enclave castellanohablante y había que
forzar la catalanización. Convoqué a la Asociación de
Padres de Alumnos y enviamos una reclamación. En vez de
resolverlo, el Consejo Escolar nos pidió que creáramos
una comisión para inspeccionar esta anomalía. Pretendían
enfrentarme a los profesores. Desistí. Mi hija continúa
con las asignaturas en catalán, excepto tres horas a la
semana de Lengua».
BEATRIZ LLORENTE / Vigo / Tres hijos (9,11 y 13
años). «A muy pocos niños les gusta la manera forzada en
la que les imponen el gallego. Las autoridades dicen que
no causa problemas. Yo digo que sí. Incluso en los
centros concertados todas las materias importantes son
en ese idioma. Una de las profesoras de mis hijos
contesta con un non te entendo cuando escucha hablar en
castellano y otras veces se hace la sorda».
EDUARDO LOPEZ DORIGA / Barcelona / Tres hijos (5,
7 y 9 años). «La Generalitat oculta a los padres la
posibilidad de disponer en 1º y 2º de Primaria de
atención personalizada en español dentro de la clase en
catalán. Es muy poco, pero lo he obtenido para mis dos
hijos pequeños. A esto se añade la inexistencia de
libros en castellano. Me he dirigido al Defensor del
Pueblo y ha contestado vagamente. El catalán es el medio
para crear una identidad que se convierta en una barrera
con el resto de España».